Sébastien Ogier volcó en el hielo de Mónaco y días después logró el récord de victorias en el Rally de Montecarlo

Alberto Cantore
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Los 49 días que transcurrieron entre el cierre de la temporada 2020 y el comienzo de la actual no modificaron el escenario. Sébastien Ogier se sostiene como el emperador del Campeonato Mundial de Rally (WRC). La séptima corona, que logró el 6 de diciembre pasado al de ganar el Rally de Monza, no le aflojó la voracidad al francés, que inició la aventura 2021 con una victoria en Montecarlo.

El recorrido por el principado no tiene secretos para el piloto de 37 años: festejó ocho veces y reescribió la historia sobre el territorio monegasco al quebrar la paridad que existía con su compatriota Sébastien Loeb, que lo aventaja en títulos, con nueve copas en su vitrina. Un excelente punto de partida para Ogier, luego del susto en los tests de pretemporada; un brillante autorregalo para celebrar su triunfo número 50 en la que se presume su última temporada en el WRC. Ogier recogió el legado de Loeb, porque desde que éste no participa en todas las carreras de cada calendario sólo el estonio Ott Tänak, en 2019, asomó la cabeza para gritar campeón: los franceses se repartieron los restantes trofeos desde 2004.

Cámara a bordo del Toyota de Ogier e Ingrassia en Monte Carlo 2021

Montecarlo resulta una trampa para los desprevenidos. Es un rally en el que para ganar hay que gestionar el auto sobre el hielo, la nieve y los laberínticos caminos cercanos a Gap, la ciudad natal de Ogier. Ésa es la misión que deben cumplir los que se ilusionan con la victoria, ése es el objetivo que aprobó Thierry Neuville (Hyundai) el año pasado, cuando rompió con los seis éxitos en cadena que acumulaba el francés, que ganó también en 2009, por el Intercontinental Rally Challenge. Ésa es la tarea que Ogier realizó con cinco fabricantes: Peugeot (2009), Volkswagen (2014 a 2016), Ford (2017 y 2018), Citroën (2019) y, ahora, Toyota, marca que no se imponía en Montecarlo desde 1998, con el español Carlos Sainz.

"Verdaderamente fue un placer. Casi tengo lágrimas; creo que fue una buena decisión correr un año más", relató Ogier,que en agosto de 2019 anunció que a fin de esa temporada dejaría la actividad. No era una decisión descabellada: el retiro de Citroën lo empujaba a la despedida. "Quiero estar en casa, ser buen padre y estar con mi hijo. Puede haber otros proyectos, como retomar los estudios de economía, involucrarme con la ecología y brindar mi apoyo al cuidado del planeta", señalaba quien terminó por incorporarse a Toyota Gazoo Racing. La escudería renovó sus pilotos para 2020: Ogier, el galés Elfyn Evans y el joven finlandés Kalle Rovanperä. La movida tuvo réditos divididos: el francés, que firmó por un año, recuperó la corona entre los pilotos, pero la marca quedó por debajo de Hyundai entre los constructores.

La pandemia de Covid-19 alteró los planes del planeta y también el retiro de Ogier. "Será sólo un año más, aunque la gente podría pensar que puedo tentarme de nuevo. Cambié de opinión porque vivimos un año difícil. El coronavirus hizo una temporada muy corta", aludió a 2020, que constó de siete carreras. Tres de ellas (Montecarlo, Suecia y México) tuvieron lugar antes de la pausa de las actividades, que comenzó en marzo. "De lo contrario, habría terminado mi contrato después del título en Monza", argumentó la decisión de estirar su carrera quien nunca logró festejar en las sierras de Córdoba. "Es el único rally del Campeonato del Mundo que no gané, con Julien [Ingrassia], mi navegante. Muchas veces estuve muy cerca, pero siempre hubo un contratiempo que nos dejó fuera", recordó en la visita de 2018, en la que celebraron Toyota y Tänak.

La presencia de Tommi Mäkinen como director del equipo fue un impulso para sellar el acuerdo con Toyota: el finlandés fue el ídolo en la niñez de Ogier.Pero el tetracampeón (1996 a 1999), que promovió el retorno de la marca japonesa al WRC, dejó este año la dirección en manos de su compatriota Jari-Matti Latvala, ex compañero del francés en Volkswagen y el hombre que el 13 de enero pasado escuchó la frase que los directores no desean oír: "Lo siento, jefe; choqué el coche", dijo Ogier, que protagonizó un aparatoso accidente en los ensayos para Montecarlo. El mismo piloto que 11 días después del susto le dibujó a Toyota una sonrisa con una nueva victoria.

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