La ruta al Maracaná: qué tienen River, Boca y Racing para volver a jugar otra final de Copa Libertadores

Christian Leblebidjian
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Rafael Santos Borré y Carlos Izquierdoz, protagonistas de varios cruces entre River y Boca.
Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi

El sorteo de octavos de final y los cuadros lo dejaron claro: de la única manera que podrían volver a cruzarse River y Boca en la Copa Libertadores 2020 sería si ambos llegaran a la final. Incluso los xeneizes podrían toparse con Racing en los cuartos de final, si vencen al Inter de Eduardo Coudet y la Academia supera a Flamengo (el último campeón). Entre fines de noviembre y principios de diciembre se resolverían algunos interrogantes. Ahora bien: ¿qué tienen River y Boca para volver a jugar una final de Libertadores, como lo hicieron en 2018? ¿Y la Academia? El equipo de Sebastián Beccacece sueña con meterse en la pelea grande y también llegar a la final de fines de enero en el Maracaná. Para ninguno, está claro, será un camino sencillo.

El recambio inagotable de su líder. River es nuevamente candidato. La "personalidad copera" adquirida desde la llegada de Gallardo y un alto nivel futbolístico le dan sustento, tanto como un recambio que no se agota y que encuentra soluciones ante distintas circunstancias.

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Pasó por esta situación ante las ventas de Alario, Pity Martínez, Barovero, Mercado, Maidana, Quintero (y la lista podría ser más extensa). Acaba de sufrir las bajas de Martínez Quarta -vendido a Fiorentina- y lo reemplazó con Paulo Díaz (manteniendo a Rojas como otro posible recambio). Pero en el medio del partido con Liga de Quito salió Ignacio Fernández por lesión y, cuando parecía que en esa zona podría sentir la falta de alternativas confiables, ingresó Sebastián Sosa, que terminó como la figura de la cancha.

Un Talón de Aquiles para River podría ser perder por lesión o suspensión (al mismo tiempo) a De la Cruz y Nacho Fernández, pero no habría que descartar que el River de Gallardo también encuentre respuestas para eso.

Antes de eso, el DT sorprendió dándole la titularidad a Julián Alvarez y cambiando el esquema al 4-3-3, con tres delanteros (Alvarez-Borré-Suárez). El juvenil no sólo aporta goles y asistencias, sino que se esfuerza defensivamente tanto Pinola. River es un equipo de arco a arco que, cuando parece que se queda sin alternativas, el líder Gallardo saca una carta que quizás nadie tenía en el mazo.

El mejor Tevez y el "gerente" Russo

Por diferentes motivos, Miguel Angel Russo, el DT de Boca sentía que contaba con menos potencial de jugadores que antes del receso. Estaba algo preocupado. Todavía no podía utilizar a Sebastián Villa, se habían ido Junior Alonso y Marcone, y Almendra había entrado con conflicto con el club. La llegada de Cardona y el regreso de Maroni le habían ofrecido recambio ofensivo, pero la zona inestable la tenía en el círculo central.

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Por eso apuró la incorporación del Pulpo González, un jugador con características del gen Boca al que la inactividad le abre un interrogante. Pero Russo, hasta aquí, tomó muy buenas decisiones desde lo futbolístico, desde las contrataciones hasta el armado de un equipo que por ser protagonista no deja de ser equilibrado. Todo en un envase táctico 4-1-3-2, que tiene el corazón en Campuzano y Pol Fernández.

Carlos Tevez deslumbró al mundo Boca cuando en 2015 regresó luego de jugar para Juventus nada menos que la final de la Champions League, un indicador que habla por sí solo. Si bien cometió algunos errores de vestuario, supo ser decisivo para asumir el liderazgo de ataque en los ciclos de Rodolfo Arruabarrena y Guillermo Barros Schelotto; fue determinante para los campeonatos locales.

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Pero ahora tiene otro rol. Si bien no para nunca de correr y se esfuerza aunque el partido esté definido (como a los 20 minutos del segundo tiempo ante Caracas, que se tiró al piso sobre el lateral para presionar la salida del arquero), su rol hoy lo encuentra más influyente en la elaboración. De sus movimientos -para asistir o definir- salen las chances de gol más claras. Y encontró en Cardona un socio con quien tirar paredes y entenderse, con quien mezclar retrocesos y pisadas en el área adversaria.

Licha López y su "lugar" en un Racing audaz

Sebastián Beccacece utiliza mucho las estadísticas para justificar las tablas donde manda la Academia desde la posesión, los remates al arco, las chances generadas a favor y las pocas sufridas en contra. Está claro que Racing tiene una idea clara de juego y que los números también le dan a favor en los resultados conseguidos. Pero da la impresión de que lo que no está tan definido son los nombres con los que pretenderá transformarse en candidato en la Libertadores. Es como si a la idea le faltaran apellidos que le den continuidad y confianza al recorrido. Apoyado en su sistema favorito, el 4-3-3, el equipo es protagonista desde la proyección de sus laterales y utilizando todo el ancho del campo, aunque por momentos peca de repetitivo en las búsquedas.

Si bien Beccacece eligió como atacantes a Melgarejo, Reniero y Fértoli (con preferencia -a veces en exceso- a que los extremos jueguen a perfil invertido), lo más claro de Racing se observa cuando participa Lisandro López. ¿Por qué? Porque el experimentado capitán se ubica para ser nexo en una zona de la cancha que nadie suele ocupar: los tres cuartos. Y eso le da más claridad y pausa, muy necesarias para complementar cualquier empuje fervoroso de un delantero veloz.

En defensa, los centrales Sigali y Nery Domínguez respaldan y tratan de presionar alto, pero a veces se exceden con las faltas en esas zonas. Y, en las instancias que se avecinan, un error allí puede costarle caro.

Lo cierto es que los tres pueden llegar a la final de la Libertadores. River por su costado de la llave y, Boca y Racing, por el otro. Tienen argumentos, aunque estarán obligados a potenciarse cada vez más en la ruta al Maracaná.