Rosario Central y Newell’s, dos gigantes del interior que viven de la nostalgia

Ariel Ruya
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No sólo Kily González, entrenador de Central, vive al límite: en Rosario el fútbol atraviesa una profunda crisis, desde hace tiempo.
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El último título conseguido por Newell’s fue el del Torneo Final 2013, un bloque compacto de arte y sentimiento, desde Tata Martino en la cabeza a Maxi Rodríguez, Nacho Scocco y Gabriel Heinze, entre los intérpretes principales nacidos en la casa. Alcanzó dos finales de Copa Libertadores, un mérito enorme, a pesar de que no pudo consagrarse. En 1988, con el Piojo Yudica en la conducción y un recital de leprosos que se recitan de memoria, desde Scoponi a Sensini, desde Tata al Chocho Llop, Almirón, el Bati… En 1992, con Marcelo Bielsa como cerebro, hoy convertido en el nombre de su bonito estadio, con Gamboa y Pochettino en el fondo, también con el Tata y con el Toto Berizzo…, chocó frente a muralla futbolera: el San Pablo de Telé Santana.

El último trofeo logrado por Rosario Central fue la Copa Argentina 2018, con un grupo de valientes aferrados en el músculo, desde Patón Bauza en la cabeza, la revancha de Marco Ruben, los ocho gritos de Fernando Zampedri, las atajadas de Jeremías Ledesma y el pase al vacío del Gordo Ortigoza. Fue hace tres años, pero atención: volvió a dar una vuelta olímpica luego de 23 años y acabó con el maleficio de las finales perdidas en 2014, 2015 y 2016. Tiene una estrella internacional: la Conmebol 1995, una épica milagrosa que se refleja en su historia, al remontar un 0-4 con Atlético Mineiro, con Chacho Coudet, el Negro Palma, Vitamina Sánchez y Polillita Da Silva. Pasaron más de 25 años.

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Newell’s y Central, leprosos y canallas, buscan su destino en la Copa Sudamericana, mientras hacen cuentas en la Copa de la Liga, que los encuentra en la mitad de la tabla. Semanas atrás, Central perdió con Vélez por 3 a 1 la final de la zona Complementación, el grupo de los perdedores de la Copa Diego Maradona, el torneo anterior. A Newell’s no le alcanzó. En la última Superliga -la que consagró a Boca en una electrizante definición frente a River-, Central finalizó noveno y Newell’s, décimo, uno detrás del otro, a 12 puntos del campeón. Comprometido el club de Parque Independencia un par de años atrás con la tabla del descenso, ahora figura en una cómoda posición, en el puesto número 12, dos escalones debajo del rival de toda la vida.

El último partido de Newell’s

Canallas y leprosos se citan el próximo domingo en Arroyito, en un nuevo capítulo del clásico más apasionado de nuestro país, en silencio, en pandemia, sin lo mejor que tiene la ciudad: los hinchas. Sobre todo, con sus ocurrencias, aunque en los últimos años suelen salir los más pesados, en las páginas policiales, de uno y otro lado. Dos gigantes del interior que viven de la nostalgia, que se aferran al pasado.

El último partido de Central

Central perdió con 12 de Octubre, una entidad humilde, el Kily González es cuestionado a diario, mientras el equipo representa las intermitencias de Emiliano Vecchio, un 10 de los de antes. Marco Ruben está estacionado y los pibes, por ahora, siguen siendo pibes. “A mí, que me critiquen no me va a cambiar nada, este es el camino porque el club desde lo económico y financiero ha hecho un salto de calidad y sé que tenemos que estar a la altura. Para mí es un desafío continuo el de estar entrenando al club que amo, lo disfruto cada día, más allá de las presiones deportivas, estoy más fuerte que nunca y sé que tengo que luchar contra gente que no me quiere y como siempre digo: al final siempre ganan los buenos”, aseguraba González, días atrás.

Los festejos de gol de Rosario Central son cada vez más esporádicos.
MARCELO MANERA


Los festejos de gol de Rosario Central son cada vez más esporádicos. (MARCELO MANERA/)

Hace décadas que no se infla el pecho por un Mario Alberto Kempes, hace años que extraña -se fue demasiado rápido, luego de 25 partidos-, a Ángel Di María y cuando dispuso de un par de fuera de serie, volaron de prisa. La melancolía lo abarca todo: de Juan Antonio Pizzi y hasta Don Angel (Zof). Ayer nomás, tiraron un par de gambetas y volaron Cervi y Lo Celso. En un escalón debajo, Walter Montoya.

Con el Mono Burgos, Newell’s frenó el declive y no pierde hace seis partidos, todo un mérito si se revisa su pasado reciente. El sentido de pertenencia se mantiene, pero Maxi Rodríguez (40 años), Pablo Pérez (35) y Nacho Scocco (35), ya no son lo que eran. Juegan con el corazón, le faltan las piernas. De Valdano, Simón, Balbo, Dezotti y Batistuta -entre tantos otros-, no hay ni rastros. La escuela de la conducción leprosa se consolida en el mundo, lejos del Parque: Marcelo Bielsa, el nombre de su estadio, sigue en Leeds, en la Premier League, luego de desgastantes temporadas en el ascenso, Tata Martino dirige el seleccionado de México, Mauricio Pochettino sigue escalando y ahora maneja a PSG y Gabriel Heinze emprendió la aventura en Atlanta United.

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Cuna de estrellas, no hay quién llene los ojos. De las promesas, tal vez, se destacan dos en la actualidad. Juan Sebastián Sforza, un volante de 19 años de Newell’s, que fue capitán de la reserva y líder de los combinados juveniles. Tiene clase y una personalidad de hombre maduro. Estilo Kroos o Arturo Vidal y con despegue, posiblemente veloz. “Las cosas que se hablaron sobre mi salida en su momento fueron un poco duras porque era muy chico. Luego, fui creciendo y charlando con especialistas y lo manejo bien. Hoy pienso en Newell’s y tengo muchas expectativas en el club”.

Maximiliano Rodríguez lucha por la pelota con Marlon Freitas durante el partido de la Copa Sudamericana ante Atlético Goianiense.
EVARISTO SA


Maximiliano Rodríguez lucha por la pelota con Marlon Freitas durante el partido de la Copa Sudamericana ante Atlético Goianiense. (EVARISTO SA/)

Alan Marinelli es un delantero con hambre de gol en Central. Suma 5 en 13 encuentros. También con pasado en el Juvenil y hasta sparring de selección. Pudo jugar en Newell’s, se inclinó por Central y ya lo buscan, también, desde Europa. Si brillan en un puñado de partidos, seguramente extenderán el éxodo. Las divisiones menores no suelen estar abarrotadas de talento y, de vez en cuando, aparecen sospechas por el origen de los dueños de algunos de los pases. Los dirigentes de Central y Newell’s se acostumbraron a administrar pobreza, no sobran recursos y faltan ideas. Con la pasión, con los recuerdos, no se sobrevive. En estas horas, el club rojinegro estaba gestionado con las autoridades gubernamentales no suspender por la pandemia las elecciones para la renovación de las autoridades, previstas para este domingo.

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Central es un cuento de Fontanarrosa: hace reír, llorar, emociona por lo que supo ser, el legado. Es un gigante dormido. Newell’s tiene un doble orgullo extraordinario: Diego Maradona usó la 10 y Leo Messi cuenta en el mundo que salió de esa casa y que conserva la misma pasión. Aunque el sueño de jugar en primera en el Parque parece una historia escrita en la otra vereda.