El bulo sobre Rosalía y la Super Bowl demuestra que tenemos realmente un problema con las 'fake news'

Luis Tejo
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Retrato de Rosalía
La cantante española Rosalía. Foto: Jerritt Clark/Getty Images for Savage X Fenty Show Vol. 2 Presented by Amazon Prime Video.

El concepto de fake news parece moderno, pero en realidad es tan antiguo como la propia prensa. La traducción literal del inglés es “noticia falsa” (o noticias, en plural: la peculiar gramática británica nos dice que la versión singular fake new es tan extendida como incorrecta), es decir, que los medios han publicado sin comprobar su veracidad o directamente se han inventado pensando que podrá llamar la atención de los lectores. Ejemplos históricos hay a patadas, a veces incluso han dado lugar a alguna que otra guerra; la denominación actual en lengua anglosajona se ha hecho célebre en el mundo entero gracias a la recién terminada presidencia estadounidense de Donald Trump, quien era particularmente propenso a su difusión mientras precisamente acusaba a los rivales de hacer lo mismo.

¿Cómo se lucha contra estos bulos y falsedades? Es difícil, no nos engañemos. Los periodistas tenemos la obligación profesional de, en primer lugar, centrarnos en el mundo real y olvidarnos de la ficción, por muy conveniente que fuera para nuestro relato, y por otro, de comprobar la veracidad de lo que contamos consultando las fuentes oportunas. Pero, aunque no sirva como excusa, muchas veces no aplicamos los filtros necesarios por pura falta de tiempo o por exceso de confianza, asumiendo que ya lo habrá hecho antes alguno de nuestros compañeros.

Así, ocurre que a veces damos por válidas auténticas patrañas. Una de las más sonadas en los últimos días afecta, aunque sea tangencialmente, al mundo del deporte. La protagoniza un personaje público de extraordinaria relevancia como es la cantante española Rosalía, de quien se venía diciendo que iba a actuar en el descanso de la Super Bowl que se disputa este fin de semana.

Los lectores menos familiarizados con la cultura norteamericana quizás no conozcan este concepto. La Super Bowl es la final de la NFL, el campeonato nacional más importante de fútbol americano, ese deporte que ni se juega con los pies ni usa lo que nosotros entendemos por pelota pero que allí es, de largo, el más popular. El gran partido que esperan los aficionados durante toda la temporada se celebra generalmente el primer domingo de febrero, lo que significa que pasado mañana, día 7, Kansas City Chiefs y Tampa Bay Buccaneers se verán las caras para decidir quiénes son los mejores.

Tanta atención atrae la culminación del campeonato que cada año se convierte, con diferencia, en el acontecimiento con más audiencia televisiva en Estados Unidos. Y la actuación musical que tradicionalmente se celebra durante los 15 minutos de descanso tiene tanto seguimiento como el propio partido, si no mayor. Los artistas que salen en ella alcanzan un nivel de repercusión que raramente conseguirían en cualquier otro escenario.

Por eso, saber que Rosalía iba a participar en este concierto despertó gran interés y medios de cualquier lugar hispanohablante se lanzaron a replicar el asunto. La información, reconozcámoslo, era bastante creíble. La lanzó una publicación de prestigio reconocido: la revista Semana, un medio colombiano con más de 70 años de historia, reputación de “prensa seria” y millones de seguidores en sus redes sociales. En principio no había por qué dudar.

¿De dónde se sacaron los sudamericanos este dato? Ellos sabrán. Quizás influyó el hecho cierto de que el artista canadiense The Weeknd sí que está confirmado como participante en el espectáculo. Y Rosalía ha colaborado recientemente con él, haciendo una versión de Blinding Lights, uno de sus temas más conocidos.

Fuera como fuera, el caso es que la noticia corrió como la pólvora. No solo entre los clubes de fans de Rosalía, lógicamente emocionados ante la posibilidad, sino por publicaciones de todo el mundo. Webs, radios y hasta canales de televisión no dudaron en contar como hecho cierto que la barcelonesa iba a subirse al escenario del estadio Raymond James de Tampa la noche del domingo. Algunos, para cubrirse las espaldas, fueron (fuimos) más prudentes al hablar solamente de especulación o de rumor.

El detalle que a todo el mundo se le olvidó fue preguntar a la interesada, o a su discográfica, o al menos a los organizadores del acto, si todo esto era verdad. Es la forma más básica de confirmar una noticia; si los afectados la ratifican se puede dar por segura, y si la desmienten ya se decidirá después, a partir de otros indicios, si lo hacen porque no es verdad o porque, por algún motivo, no tienen interés en que se sepa. Pero hacer la averiguación es básico.

Y a nadie se le ocurrió... hasta que llegó Tiramillas, el portal del diario Marca dedicado al mundo de la farándula, que se molestó en contactar con el entorno de la catalana. De esa manera pudo conocer de “fuentes cercanas” que, al menos este año, no vamos a poder verla en tan privilegiado escaparate. Pero durante un par de días todos estuvimos absolutamente convencidos de que la mentira era una realidad.

Las lecciones que podemos sacar de este episodio están tan repetidas y manoseadas, y se les hace tan poco caso, que reiterarlas una vez más sería tan inútil como irrelevante. Al menos, que nos sirva para darnos cuenta de que existe un problema grave. Tanto por parte de los medios, que nos vemos afectados en nuestra credibilidad, como para los lectores y consumidores de información, que pueden ser víctima de desinformaciones y manipulaciones de todo tipo. Porque si esto ocurre con algo como una actuación musical, que por mucho interés que nos genere no deja de ser un acontecimiento irrelevante para la vida cotidiana, qué no podrá ocurrir con asuntos realmente importantes.

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