El desprecio con la Superliga

La Libreta de Van Gaal
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Soccer Football - Champions League - Quarter Final Second Leg - Liverpool v Real Madrid - Anfield, Liverpool, Britain - April 14, 2021 Liverpool's Georginio Wijnaldum in action with Real Madrid's Luka Modric REUTERS/David Klein
Un aficionado (derecha) frena el avance de la Superliga. (Foto: Reuters/David Klein)

Hace una semana, por suerte, me dio por reclamar un programa para Antoni Daimiel —yo creo que ya casi lo tenemos atado— en lugar de dedicar esta columna a la Superliga, que era claramente el gran tema del día y de la semana. Y digo «por suerte» porque poco más tarde el proyecto se desmoronó con la fuga en masa de los clubes ingleses apenas 48 horas después del comunicado fundacional. La Superliga duró un suspiro, pero lo suficiente para que unos cuantos periodistas quedaran, sí, retratados.

Estar a favor de la Superliga me parece una postura válida y respetable, por más que no sea la mía. No caeremos aquí en la torpe identificación “periodista a favor = periodista vendido”, por más que algunos de los grandes adalides —no tan nobles como bélicos— del formato hayan sido personajes afines a Florentino Pérez. El problema llega cuando para defender esa propuesta elitista no basta con ensalzar lo propio sino que hay que denostar lo ajeno, sin escatimar desprecio.

«¿Quién hay en España que no sea del Madrid, del Barcelona o del Atlético?», se preguntaba hace unos días Roberto Gómez en el programa ‘T4’ de Radio Marca. Para justificar esa nueva competición casi hermética el tertuliano ninguneó de un plumazo a la masa social de clubes que no son precisamente de barrio: Valencia, Athletic, Betis, Sevilla, Real Sociedad, Deportivo de La Coruña, Real Zaragoza… Millones de personas, nada más.

Gómez es también conocido por su rechazo al actual formato de la Copa del Rey; echa de menos las eliminatorias a doble partido de su no menos añorado Villar, que propiciaban menos sorpresas y trataban de allanar el camino a una final entre Real Madrid y Barcelona. «¿Qué preferís ver un miércoles? ¿Un Real Madrid-Alcoyano o un Real Madrid-Bayern de Múnich?», decía hace unos días para defender la Superliga. «Ahora nos tenemos que tragar esos ‘partidazos’, y no digo equipos, que son un rollazo increíble».

Tampoco se atrevió a ser más explícito Eduardo Inda en ‘El programa de Ana Rosa’ (Telecinco), aunque su asco por los clubes más modestos quedó bien patente: «Con todos los respetos, que [los equipos grandes] tengan que ir a jugar a campos de mala muerte de 7.000 localidades en Primera División, y no voy a poner nombres, no tiene ningún sentido». Tomad nota en Eibar y Huesca: si queréis un estadio en condiciones, Inda os puede poner en contacto con ACS.

Para desgracia de estos individuos, la Superliga fue frenada; por lo visto, debido al rechazo popular. No por las presiones de la FIFA, de la UEFA o de Boris Johnson, qué va, sino por los aficionados que bloquearon el paso del autocar del Chelsea o que colocaron una pancarta para reclamar su derecho a pelarse de frio en el campo del Stoke City. Claro que sí. El caso es que, tras 48 horas en tinieblas, el fútbol volvió a iluminarse. El fútbol de Infantino, Ceferin, Rubiales y Tebas, que antes fue el de Blatter, Platini, Villar… Una vuelta a las esencias.

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