River no se presentó a jugar: el saludo con el codo y la mano y un partido suspendido en la puerta del Monumental

Juan Patricio Balbi Vignolo
lanacion.com

Una camioneta blanca se acerca por Avenida Figueroa Alcorta. En los alrededores del Estadio Monumental aguardan decenas de policías, un puñado de periodistas y algunos transeúntes curiosos que se detienen a contemplar lo que ocurre. Cuando las cámaras se encienden y todavía caen algunas gotas mientras cesa la lluvia de una tarde gris ya empieza a ceder, el vehículo frena en el sector del ingreso visitante, los empleados de la utilería de Atlético Tucumán se bajan y son recibidos por Rodrigo Pecollo, gerente de infraestructura de River, quien automáticamente los saluda -quizás de forma inconsciente como un acto habitual- extendiendo la mano. Minutos más tarde, después de charlas, consultas y espera, arriba la delegación arbitral. Y el propio Pecollo recibe a Germán Delfino con un saludo con el codo, siguiendo las recomendaciones para prevenir el coronavirus y enmendando su error inicial.

La curiosa anécdota, que envuelve un cambio necesario en los hábitos en tiempos de pandemia, forma parte de una extensa puesta en escena digna del completo desorden que rodea y envuelve al fútbol argentino durante los últimos tiempos. Un espectáculo que vuelve a desentrañar viejas miserias que hoy afloran mientras el país está alerta y se centra en contener y prevenir el contagio del virus que afecta directa o indirectamente a toda la población mundial.

Utilería y dirigentes de Atlético Tucumán, los árbitros, la policía y la escribana Marisa Galarza, enviada por la Superliga, se presentaron en el Monumental para labrar el acta que determinó que el partido por la primera fecha de la Copa de la Superliga no se pudo jugar por la decisión de River de cerrar el club por tiempo indeterminado. No hubo ni dirigentes ni integrantes del plantel profesional millonario presentes, en una clara sentencia: el comunicado de ayer ya dijo todo lo que había para decir y el club está dispuesto a afrontar las consecuencias de su decisión. ¿La pena deportiva? Como marca el artículo 109 del reglamento de transgresiones y penas, el club perderá el partido, le descontarán tres puntos y tendrá una multa económica de 2250 entradas generales (hoy $1.575.000).

Alrededor de las 14.50 comenzó una situación que se extendió durante alrededor de una hora. El arribo de la utilería del plantel tucumano, que finalmente nunca viajó hacia el estadio, fue el puntapié inicial. Acompañados por el vicepresidente Enrique Salvatierra como portavoz oficial de la institución, los empleados de Atlético debieron aguardar junto con la policía en el portón de acceso cerrado, justo entre el Registro de Socios y el ingreso de la tribuna Centenario.

"Nosotros hemos venido a jugar un partido programado y a cumplir con lo nuestro. Lo de River es respetable, pero no hacemos apreciaciones personales de la decisión. La situación nos excede a todos y nos preocupa, pero estamos cumpliendo con el reglamento", declaró Salvatierra, la primera palabra de la extraña tarde. "No sé si Lucchetti o Erbes no han querido jugar. Y en todo caso se trata de expresiones de deseo de ellos. Nosotros no somos un grupo de jugadores. Somos una institución y el club es el que toma las decisiones".

Tras sus declaraciones, a las 15.10 estacionaron un Toyota blanco con la delegación arbitral y un Peugeot gris con la escribana Marisa Galarza. Automáticamente, los encargados del operativo policial se acercaron para intercambiar unas palabras con el árbitro Germán Delfino, situado en el asiento acompañante del Toyota, y le comunicaron que no era necesario que descendiera del vehículo para firmar el acta. Así, el árbitro se quedó sentado mientras se enfocaba en su teléfono celular.

Llegando a las 15.30, pese a no tener la obligación y tras acordar lo contrario con la policía, Delfino tomó su bolso, eligió bajar y se dirigió junto con los líneas designados Hernán Maidana y Diego Martín, más el cuarto árbitro Diego Abal al portón de ingreso para constatar fehacientemente que el club impedía el acceso. Los periodistas lo abordaron, pero pidió hablar después de resolver el acta. Así, intercambió unas palabras con Pecollo, el gerente de infraestructura y única figura responsable de River durante la tarde, y luego se acercó la escribana Galarza para constatar el acta.

Delfino, Pecollo y Salvatierra le brindaron sus DNI a Galarza, quien labró el acta como pudo con una carpeta fucsia en el aire. "Que quede claro que Atlético se presentó a jugar el partido", le dijo el vicepresidente tucumano a la escribana, mientras se formaba un tumulto general entre cámaras y celulares para captar un momento que ya tenía tintes surrealistas. Tras la firma y resolución del conflicto, Delfino tomó la palabra.

"Es la primera vez que me pasa algo así. Nos presentamos en el horario habitual. Y, ante esta situación, con el club con las puertas cerradas, decidimos firmar el acta con la escribana. Eso se adjunta al informe correspondiente que tenemos que presentar", declaró el árbitro, y agregó: "No es necesario que venga el plantel de Atlético Tucumán hasta el estadio. Alcanza con la constancia firmada por la escribana. Yo no tengo una opinión formada sobre la decisión de River".

Instantes más tarde, la escribana Galarza aportó una escueta aclaración: "El acta consta que los árbitros y la utilería de Atlético Tucumán intentaron ingresar y el club está cerrado por orden oficial. Vine a pedido de Tinelli, presidente de Superliga. Ahora ellos tendrán que definir".

No hubo nada más para hacer. Los integrantes de la delegación de Atlético acomodaron sus pertenencias y partieron con la camioneta de regreso al Hotel Continental. Los árbitros se subieron al auto y partieron tras una presencia obligada, que ahora requerirá un informe. La escribana se marchó con el acta que derivará a Superliga. Y los policías se retiraron en los colectivos con los que llegaron. El estadio de River, sitio de la escena, volvió a tener solo un par de cámaras a su alrededor. Y el fútbol argentino sumó una historia más a la larga lista de hechos que lo desprestigian.

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