River - Palmeiras: el matrimonio que verá la serie de Copa Libertadores separado por sus colores

Pablo Lisotto
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Se adoran. Se miran con ternura. Posan juntos para la cámara. Lucen orgullosos a su hijo Pietro. Pero algo los distancia. Le abre un paréntesis al indisimulable amor que se tienen: una de las semifinales de la Copa Libertadores.

Patricia y Guilherme se casaron en 2005. Ella es argentina y fanática de River. Él, brasileño y torcedor de Palmeiras. Nada será igual en esta familia durante los próximos 10 días.

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"Sería imposible ver la serie juntos. Aunque haya respeto y comprensión yo creo que en la calentura de un partido vas a putear y podés decir una barbaridad", reconoce él, productor ejecutivo de contenidos y series para Disney. Ella, abogada y directora del Departamento de Legales de un banco con sede en ambos países, cuenta: "Yo tengo un grupo con mis compañeros de cancha que se llama San Martín Alta virtual. Y cuando juega River nos conectamos por Zoom y vemos los partidos juntos. Así los veremos con mi hijo. Yo no los quiero ver con él, porque le deseo todo el mal al rival. A Felipe Melo no lo puedo ni ver."

Guilherme recuerda, ahora con humor: "En las semifinales de 2018 contra Boca conseguí entrada y fui a la Bombonera. Y apenas terminó el partido, con toda la bronca que tenía por la derrota, encima tuve que bancarme los mensajitos de ella, que me decía que cómo íbamos a perder así, en los últimos minutos, que éramos unos cagones. Imaginate cómo llegué a mi casa".

Pietro, que solo se suma a la charla para las fotos y en febrero cumplirá 14 años, ya eligió sus colores. "Es de River, pero le da vergüenza decirlo porque cree que a mí me enojaría", dice su padre. "Cree que si Palmeiras le gana a River nosotros nos vamos a separar", agrega la madre entre risas.

Amor paulista

Guilherme y Patricia se conocieron en los primeros peldaños de este milenio, a través de una persona que estudió periodismo con él en la Universidad Católica de San Pablo, y que más tarde cursó un MBA (Master en Administración de Negocios) en esa misma ciudad. Él estaba en pareja. Se hicieron amigos y empezaron a salir en grupo. Hasta que él se separó y la relación cambió de una manera muy natural, en 2003.

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"Yo vivía en Brasil desde 1992. En una época auxiliaba en el Consulado general de Argentina en San Pablo. Y cuando River iba a jugar, el Consulado armaba los grupos e íbamos todos a ver al Millonario. Hasta cenamos con Aimar, con Garcé. ¡Conocí a todos!. A fines de 2004 me llegó una propuesta para volver a la Argentina. Se lo dije y a él le gustó más que a mí la idea, y nos vinimos. Uno de los únicos motivos que me entusiasmaron de volver era que iba a estar más cerca de River. Volver a la Argentina era volver a ver a River.", resume Patricia de un tirón sus casi 14 años en suelo verdeamarelo.

A nivel futbolístico, el regreso no fue el soñado para ella. "Me tocó atravesar el descenso, que fue un momento muy duro, pero no importa. Porque eso también hizo que después viniera el resurgimiento. Del club y de los hinchas. Antes el hincha de River era diferente", opina.

"Ella cambió mucho después del descenso. Le gustaba el fútbol y River, pero nada más. Desde entonces es fanática. No se pierde ni un partido. Y cada vez que puede va a la cancha. Incluso se va por trabajo a San Pablo y resulta que justo jugaba River en Belo Horizonte y ella consigue entrada. Y me llama y me dice: 'Era cerquita. Un vuelito'. En 2019 se fue a Lima para la final con Flamengo. Es su locura."

Semifinal compartida (sin saberlo)

En 1999 Guilherme y Patricia no se conocían. Pero coincidieron en un estadio, algo de lo que se enteraron muchos años más tarde, de casualidad. "Palmeiras y River definieron uno de los pases a la final de la Libertadores. Yo fui con la gente del Consulado a ver el partido. Estaba en la zona de los visitantes. Ellos ganaron 3 a 0 y pasaron a la final, pero por un tema de seguridad los hinchas locales tenían que irse primero de la cancha. Entonces, nos tuvimos que bancar toda la fiesta de ellos, ¡que no se iban más!", recuerda ella.

Él justifica: "¡Era algo histórico!. Nosotros perseguíamos ese título desde hacía mucho tiempo. Era la época de Parmalat y teníamos un equipazo. Con Scolari. Alex, que esa noche la rompió. Yo estaba recontra confiado en que íbamos a ganar esa serie contra River y luego la final, con Deportivo Cali. Aunque sufrimos con los penales. Me acuerdo que era el Parque Antartica todavía y no el Allianz Parque. Fue una fiesta gigantesca. No nos íbamos más. Estábamos alucinados."

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"Él estaba feliz y nosotros salimos del estadio como a las 4 de la mañana. Jamás insulté tanto en una cancha de fútbol como esa noche a los de Palmeiras", acota Patricia.

El de Guilherme es un caso curioso. Es hincha de Palmeiras y socio de River. Incluso, gritó más que su esposa el famoso penal agónico contra Gremio, en 2018. "Odio a Gremio. Son el antifútbol. Esa noche hicieron tiempo todo el partido, hasta que estuvieron en desventaja y se acordaron de jugar", recuerda. Y agrega: "Mi mamá vive muy cerca de la cancha. Entonces cuando hay un partido y yo estoy en San Pablo, vamos caminando. Una vez llevé a Pietro, que allá alienta por Palmeiras. Yo sigo todo. Veo todos los partidos. Soy fanático, colaboro con el club."

Las predicciones

Sea por cábala o por un análisis exhaustivo, los dos exponen los motivos por los cuales ven difícil que sus respectivos equipos avancen a la final.

"Yo veo que para esta serie semifinal Palmeiras llega con más del doble de partidos jugados que River desde que se reanudó todo post cuarentena (46 a 19). Es mucha diferencia.Los jugadores están arruinados. Físicamente destruidos. Veinte casos de COVID. No dan más. Es un plantel corto. Hay un montón de lesionados. Hay un muy buen jugador llamado Gabriel Verón (que hasta hicieron una nota porque le pusieron ese nombre por la Brujita) que tuvo una lesión muscular el domingo pasado y no se sabe si podrá jugar contra River. Felipe Melo tampoco. De todas maneras, estamos ilusionados", analiza con detalle y sentido común Guilherme.

"Yo lo que noto es que los equipos brasileños arrugan con los argentinos. Como que les agarra miedo", pincha Patricia. "Eso nos pasa con Boca. Y no es miedo: es mucho respeto", reconoce su marido.

Ella entonces, pronostica: "Me encantaría que River llegue a la final. Pero habiendo llegado hasta acá yo ya estoy feliz. Con todos los problemas que hubo este año yo pensé que no pasábamos ni la fase de grupos, porque se iban a lesionar o a contagiar. Pero anotá esto: si River llega a la final yo te garantizo que de alguna manera voy a entrar al Maracaná."

Serán apenas 10 días, donde en esa familia se podrá hablar de cualquier cosa, Menos de fútbol. El jueves 14 de enero ya todo habrá pasado. Y los tres alentarán al finalista, sea quien fuere. Porque aunque la semifinal los distancie y le abra un paréntesis al indisimulable amor que se tienen, se adoran. Y se miran con ternura.