River: a Marcelo Gallardo no le iba mal, pero le fue mejor al volver a un viejo libreto

Juan Patricio Balbi Vignolo
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Después de 1-1 en La Bombonera, Marcelo Gallardo eligió desempolvar el 4-1-3-2 que tan buenos resultados le había dado en 2019; contra Godoy Cruz le salió de maravillas.
LA NACION/Marcelo Aguilar

Se dice que el que busca, encuentra. River cambió para buscar. Y encontró todo lo que quería y un poco más. En una tierra que conoce y que le sienta bien, el equipo de Marcelo Gallardo volvió a las bases para sentirse cómodo. Revivió planificaciones conocidas y se amparó en su vieja e indeleble idea de juego. No sólo logró lo que pretendía, sino que también se lució como pocas veces: le hizo cinco goles a Godoy Cruz en un primer tiempo como para el recuerdo, selló un 6-1 que pudo ser más abultado, ganó terreno en la zona A de la Copa de la Liga Profesional y recuperó parte de la confianza que había perdido en su reciente andar irregular.

River puede quedarse tranquilo. Tiene memoria y debe aprovecharla. Lejos está de haber olvidado cómo jugar y de perder de vista cuáles elecciones le dieron más rédito a lo largo de los casi siete años de trabajo que acumula bajo el mando de este entrenador. Más allá de la goleada, ésa es la gran satisfacción que se lleva de su visita a Mendoza. Las deslucidas actuaciones de los últimos partidos no lo satisfacían; debía cambiar, lo hizo y ganó en todos los frentes.

Compacto de Godoy Cruz 1 vs. River 6

Después de un problemático inicio de 2021 en el que Gallardo buscó estabilidad con los esquemas 3-3-2-2 y 4-3-3 pero no encontró un equilibrio general, en la noche mendocina el DT pateó el tablero. Para visitar a Godoy Cruz regresó al viejo 4-1-3-2 que tanto había exprimido en 2019, quizás el año de mayor vuelo futbolístico de su ciclo. Y los resultados estuvieron a la vista: el mediocampo funcionó como nunca en el año, apareció la contundencia ofensiva que faltaba y el dominio del juego fue total sin que River sufriera en su arco.

El Muñeco dispuso a Nicolás De La Cruz, Julián Álvarez y Agustín Palavecino y resignó la presencia de Jorge Carrascal, el talentoso colombiano que todavía no dio el salto de calidad como para explotar. Así, con otro esquema, ganó presencia en el medio, controló la pelota con un rumbo determinado y tuvo el vértigo y la profundidad que le faltó en la Bombonera. Los tres volantes se movieron sin posiciones fijas, de un sector al otro y recibiendo cerca de los centrales para lanzarse al ataque. Pero, más allá de la dinámica de De La Cruz y el talento de Palavecino para los pases entre líneas y los cambios de frente, Álvarez fue el gran ganador del sábado. Ubicado en el centro de la línea de tres volantes, el joven de 21 años flotó detrás de los delanteros, como si fuese un enganche, y mostró su potencial: aportó tres asistencias (dos a Rafael Borré y otra a Matías Suárez; ambos, en una noche intratable) e hizo un golazo con una genial jugada individual.

Ubicado como una suerte de enganche, Julián Álvarez brilló con un golazo, tres asistencias y una clase de encontrar espacios.
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Ubicado como una suerte de enganche, Julián Álvarez brilló con un golazo, tres asistencias y una clase de encontrar espacios. (LA NACION/Marcelo Aguilar/)

Más allá de los marcados déficit que tuvo un desordenado y desequilibrado Godoy Cruz, que nunca se acomodó ni se repuso de las rápidas cachetadas de River, Álvarez entendió a la perfección lo que el equipo necesitaba de su figura. Con inteligencia, despliegue y visión de juego, dio una clase de encontrar espacios. Y sumó muchos puntos en la consideración de un DT que sigue buscando la formación ideal.

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A su lado estuvo infalible Rafael Borré para convertir cada pelota que tuvo. El colombiano, máximo goleador del ciclo Gallardo, señaló cuatro goles en un partido por primera vez en River y acumula 53 en 137 actuaciones. Mientras su futuro sigue siendo una incógnita, exhibió lo que implica para el equipo: presencia, jerarquía y gol.

Rafael Santos Borré reforzó con cuatro tantos su condición de máximo goleador del ciclo de Gallardo; hizo 53 en 137 encuentros, a razón de 0,38 por partido.
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Rafael Santos Borré reforzó con cuatro tantos su condición de máximo goleador del ciclo de Gallardo; hizo 53 en 137 encuentros, a razón de 0,38 por partido. (LA NACION/Marcelo Aguilar/)

El resultado estuvo definido desde que el conjunto millonario logró cuatro tantos en 21 minutos, y Gallardo pudo sonreír también por los rendimientos de Alex Vigo y David Martínez, que rindieron con creces como laterales ante las ausencias de Gonzalo Montiel, Fabrizio Angileri y Milton Casco. En el centro, la dupla Paulo Díaz-Jonatan Maidana tuvo una correcta actuación en un partido totalmente dominado.

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River gustó y goleó. Amplió su racha en Mendoza (dirigido por Gallardo jugó 13 partidos oficiales y ganó todos) y volvió a conseguir cinco goles en un primer tiempo como visitante después de 19 años: la última vez había sido el 25 de agosto de 2002, en un 6-0 a Estudiantes. Pero, por fuera de las estadísticas y los tres puntos que le sirven para acomodarse en la tabla, el triunfo es otro: la tranquilidad para trabajar.