River está furioso: se impone en el juego, pero los resultados le dan la espalda

Máximo Randrup
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River está furioso. No da una vuelta olímpica desde hace 14 meses y eso lo inquieta. Pese a que en el medio hubo un extenso paréntesis sin competencias oficiales, los integrantes del plantel millonario sienten que se podrían haber quedado con las tres competencias que disputaron después de la final de la Copa Argentina 2019. Se le escurrió la Superliga 2019/20, quedó a un paso del choque decisivo en la Copa Diego Maradona y no pasó la barrera de las semifinales de la Libertadores 2020. Los futbolistas, internamente, atesoran una premisa: están convencidos que son superiores a los campeones de aquellas competencias (Boca y Palmeiras). Los jugadores quieren revancha y la quieren cuanto antes. No lo dicen, pero quieren un título ya. Lo necesitan.

El planchazo de Tobio a Borré

Los River de Marcelo Gallardo (porque en seis años y medio hubo varios) se caracterizaron por ser grandes equipos y, también, por su tremenda voracidad. Distintas estructuras, un factor común: todos fueron coleccionistas de títulos. El actual, de capacidad indiscutible -hace un mes le dio una lección de fútbol al conjunto que luego se coronó campeón de América-, no quiere quedar al margen de la era gloriosa que construyó el entrenador. Antes, de 2019 para atrás, el Millonario convencía desde el juego y sumaba trofeos para las vitrinas. En el último tiempo, en cambio, River no logra ratificar con títulos lo que demuestra en la cancha. El combo ideal se derrumbó.

¿Es preocupante lo que le pasa al elenco del Muñeco? No, en absoluto. El proyecto de Gallardo está intacto. Los que se sienten incómodos sin festejar son quienes integran el plantel. Por eso no llamó la atención cómo salió a disputar el primer partido oficial del año, por la Copa Argentina (4-0 a Defensores de Pronunciamiento) y tampoco sorprendió que saliera decidido a llevarse por delante a Estudiantes, en La Plata.

En la primera parte de la etapa inicial, River ofreció buena parte del repertorio que enorgullece a su director técnico: precisión en velocidad, intensidad, asociaciones y firme decisión de someter a su adversario. Sin embargo, le faltó un estratega; una pieza que transformara en situaciones de gol la enorme diferencia técnica que se observaba en el campo de juego. En ese tramo del partido, Estudiantes sólo atinó a defenderse. El Millonario lo acorraló contra el arquero Mariano Andújar, aunque contó con algunas carencias para finalizar las acciones ofensivas. Si bien tuvo algunas situaciones nítidas (dos de Matías Suárez y una de Bruno Zuculini), en la primera parte la visita fue incapaz de abrir el marcador.

Otro déficit de River en los primeros 45 minutos resultó cierta vulnerabilidad de su última línea. El Pincha ganó un par de veces en el juego área (una necesitó de un despeje en la línea) y también dispuso de una ocasión que no pudo aprovechar Federico González (atajó bien Franco Armani). Antes del descanso, Fernando Tobio aplicó una patada alta, se retiró expulsado y el Millonario encontró el sendero para encontrar lo que buscaba: abrir el marcador.

Lo mejor del triunfo de Estudiantes ante River

El segundo tiempo se pareció al inicio del encuentro: River, con la iniciativa; Estudiantes, con la intención de cerrar caminos. A pesar de que Ricardo Zielinski reforzó la defensa, el conjunto visitante comenzó a hallar grietas en la última línea del Pincha. Y en uno de esas escaladas, llegó el 1-0. Una triangulación perfecta, entre Julián Álvarez (el que convirtió el avance en ataque), Fabrizio Angileri (el asistidor) y Matías Suárez (el oportunista que siempre está).

River no se conformó. River fue por más. Pero cometió errores del primer tiempo y lo pagó carísimo: cuando generó peligro chocó con Andújar y cuando lo atacaron no se mostró del todo sólido. ¿Quién lo aprovechó? El ingresado Mauro Díaz, justo un exMillonario: linda maniobra, mejor definición y 1-1.

Tras el empate, el equipo de Gallardo fue por la victoria. No pudo. No supo. Para colmo, en la última, llegó el 2-1: tiro libre desde la izquierda, cabezazo agónico de Fabián Noguera y triunfo sobre la hora para el Pincha. Ahora, River está furioso, pero por un motivo doble: necesita un título para calmar su voracidad y se le escapó un éxito que parecía asegurado.