River va en busca de la regularidad mientras su fisonomía sigue en transición

Juan Patricio Balbi Vignolo
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Cabezazo de Robert Rojas entre muchos adversarios; River ganó con merecimientos pero sin holgura.
NATACHA PISARENKO

Una noche, después de 413 días, River volvió a jugar la Copa Libertadores en el Monumental. Con la luna llena de fondo, los gritos de los jugadores retumbando en un estadio vacío y unos pocos curiosos en las calles aledañas, el equipo de Marcelo Gallardo logró su primer triunfo en el grupo D y se retiró con una tímida sonrisa: aunque el 2-1 sobre Junior le permitió hacer valer el empate que logró en Brasil con Fluminense en el debut, no pudo potenciar su imagen y sigue atravesando un marcado proceso de búsqueda para encontrar su nueva imagen.

Después de nueve partidos, Gallardo volvió a la línea de tres marcadores centrales con el esquema 3-3-2-2. Y respondió con buenas y malas. Por un lado, tuvo tramos con muy poca lucidez y por momentos Junior supo cómo ponerlo contra las cuerdas. Por el otro, a pesar de completar un partido irregular, River contó con un mayor equilibrio general, no dejó tantos espacios en el retroceso y sumó mejor juego aéreo en las pelotas detenidas. Una vez más, volvió a faltarle esa famosa “chispa” que el DT pidió para su ataque, pero a la vez tuvo la efectividad que le venía faltando en el área rival. Puntos a favor y puntos en contra. Lo habitual del semestre.

River - Junior: el penal no sancionado para los colombianos y que pudo cambiar el partido por la Copa Libertadores

Los números recientes amparaban la decisión del DT: entre 2020 y 2021 había utilizado 18 veces el 3-3-2-2 con 14 triunfos, dos empates y dos caídas, con 38 goles y siete en contra y 12 vallas invictas. En cambio, en los 29 encuentros con la línea de cuatro defensores (4-3-3, 4-3-1-2 o 4-1-3-2) sumaba 17 triunfos, siete empates y cinco caídas con 58 goles a favor y 38 en contra más 10 vallas invictas. Anoche, ganó con los goles de David Martínez y Julián Álvarez, pero no pudo mantener su arco en cero para potenciar la estadística: Miguel Ángel Borja marcó el descuento en la última jugada del partido.

River está en transición. Se nota. Los rivales también lo entienden. Junior se plantó con su 4-2-3-1, le terminó ganando la posesión de la pelota (52,9%) y pudo haber dado varios golpes. Desde un primer momento buscó disputar la pelota sin replegarse. Con el correr del cronómetro, ganó confianza y creció en ritmo y juego, al punto tal que lastimó y llegó con profundidad en sucesivas ocasiones al área de Franco Armani. Y lo hizo con buenas tareas individuales de Fredy Hinestroza y Jhon Pajoy, sus volantes ofensivos por las bandas, y el trabajo del experimentado delantero Borja.

Héctor Martínez celebra el 1-0, de su autoría; el defensor es uno de los nuevos de River.
NATACHA PISARENKO


Héctor Martínez celebra el 1-0, de su autoría; el defensor es uno de los nuevos de River. (NATACHA PISARENKO/)

Justamente Borja fue protagonista de dos polémicas. En el inicio del partido, le dio un codazo a Gonzalo Montiel que, con VAR, podría haber resultado en una expulsión. Y luego, a los 24 minutos, Martínez le cometió un claro penal al sujetarlo e impedirle llegar a conectar la pelota en un centro. Pero el árbitro paraguayo Juan Benítez no sancionó la falta y justamente Martínez terminó abriendo el marcador tan solo cinco minutos más tarde al aprovechar un rebote tras un córner.

Lo curioso es que el partido se rompió de forma inesperada. En los primeros 10 minutos del segundo tiempo, cuando Junior dominaba y estaba cerca del empate, la jerarquía individual, la paciencia y el trabajo colectivo de River apareció al rescate: construyó una jugada con 15 pases en la que participaron todos los futbolistas del equipo menos De la Cruz y Rafael Borré, dos que se vieron claramente afectados por el ajetreo físico de la doble competencia. Así, el 2-0 llegó con una gran conexión entre Agustín Palavecino y Fabrizio Angileri, quien centró para la llegada de Julián Álvarez en el área.

Agustín Palavecino, otro de los refuerzos, y Fabián Víáfara en puja; la historia pudo ser otra si a River lo hubieran sancionado con penal por una sujeción en su área antes del primer gol.
Natacha Pisarenko


Agustín Palavecino, otro de los refuerzos, y Fabián Víáfara en puja; la historia pudo ser otra si a River lo hubieran sancionado con penal por una sujeción en su área antes del primer gol. (Natacha Pisarenko/)

La victoria también le deja otras dos certezas. Una es que el ingreso de Robert Rojas le dio seguridad, juego aéreo y velocidad en la línea defensiva, un punto fundamental que necesitaba potenciar. Podría ser una carta clave en el equipo a partir de ahora. Y la otra es que, si Enzo Pérez está más protegido, tiene la posibilidad de hacerse cargo de la pelota del equipo con mayor comodidad y todo se le hace más fácil a River. Eso quizás buscó también con el cambio del sistema: soltar más a los laterales, defender con un jugador más en el retroceso y buscar que el volante central no esté tan solo en el centro del campo.

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A falta de 20 minutos, Gallardo decidió hacer cuatro cambios al mismo tiempo: entraron Milton Casco, Santiago Simón, Jorge Carrascal y Federico Girotti por Palavecino, De la Cruz, Álvarez y Borré. Una clara muestra del cansancio que carga el equipo, que no tendrá descanso: jugará el domingo contra Banfield en el Sur en la definición de la zona A de la Copa de la Liga Profesional y el miércoles viajará a Colombia para enfrentarse con Independiente Santa Fe. Un calendario que le exige respuestas rápidas y lo obliga a cambiar mientras sigue buscando su rumbo.