River, después de Boca: cinco factores de cara a la primera semifinal con Palmeiras por la Copa Libertadores

Juan Patricio Balbi Vignolo
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A River se le escurrió el clásico de las manos. El equipo millonario ganaba 2-1, pero el gol de Sebastián Villa, a cinco minutos del final, le dejó un sabor amargo justo en la semana previa a la primera semifinal con Palmeiras, por la Copa Libertadores. River se medirá con el equipo brasileño este martes, desde las 21.30, en el estadio de Independiente. ¿Cómo llega? ¿Qué sensaciones le dejó el superclásico en los distintos aspectos que involucran al juego? Veamos:

El factor anímico

Rafael Borré habló de "bronca" al finalizar el superclásico por no haber podido sellar el triunfo. Nacho Fernández dijo: "Nos terminan empatando un partido que merecíamos ganar". Marcelo Gallardo se retiró de la Bombonera sin realizar declaraciones. La sensación general en el mundo River no fue satisfactoria por el resultado final y el empujón anímico que le podría haber provocado llevarse los tres puntos frente a Boca no se dio.

La diferencia futbolística que evidenció el partido es el gran punto a favor en el que River se aferra se aferra para mirar hacia adelante, pero desde lo emocional no pudo generar ese shock desequilibrante. Al contrario, la imagen final del DT retirándose abrazando a Robert Rojas -quien falló en el gol del 2-2- fue un reflejo de lo que terminó siendo la noche del sábado. River entiende que mereció ganar y que le faltó muy poco para conseguirlo, y ahora deberá salir de ese vacío lo antes posible para enfocar sus ojos en Palmeiras.

El riesgo físico

La apuesta de Gallardo fue total: jugaron nueve habituales titulares desde el arranque y los otros dos que descansaron ingresaron desde el banco de suplentes. No hubo margen para el titubeo. Aunque el DT había dicho que el partido de la Copa Libertadores era más importante y dejó entrever que iba a utilizar una formación alternativa, nada de eso ocurrió. Salió decidido a ganar el superclásico con lo mejor que tenía a disposición. Se fue sin lesiones, una cuestión vital después de perder a Milton Casco y Fabrizio Angileri frente a Argentinos Juniors. Pero hizo un esfuerzo mayor sin el resultado que quería.

Ahí radica una diferencia fundamental: Boca cuenta con un día más de descanso, guardó más titulares y se llevó el mismo resultado. Ahora, las próximas horas serán cruciales para saber cómo evolucionan los futbolistas con tan solo 72 horas de descanso antes del compromiso copero. Únicamente Paulo Díaz sufrió un calambre, pero no tendría problemas para llegar al martes. Allí se verá cuánto influyó la noche en la Bombonera.

Virtudes y falencias

El desarrollo del superclásico le dejó dos cuestiones muy marcadas a River. Por un lado, la tranquilidad de que su sello futbolístico está vigente. Por el otro, la inquietud de las desatenciones defensivas que le siguen dando dolores de cabeza. Desde el primer minuto, el Millonario impuso condiciones como visitante. Tuvo el control total de la pelota, el territorio y los tiempos del partido. Buscó hasta el final el triunfo con destellos de lo mejor de su repertorio: conexiones rápidas, triangulaciones, explosión con los laterales y los extremos, paredes, gambetas, desbordes y ataques de afuera hacia adentro.

Pero la contracara está en el fondo. Boca expuso una marcada falencia a la hora de retroceder y lo lastimó con los contragolpes. Y no solo eso: nuevamente la dupla central tuvo dos errores que costaron muy caro, una situación repetida. Según los datos de Opta, River tuvo el 71,2% de la posesión, contó con 543 pases (82,4% efectivos) contra 221 (59,7%), remató 12 (cinco a puerta) contra 10 (cinco a puerta) y envió 12 centros al área contra cinco. Pero en el aspecto defensivo no se impuso: el Xeneize ganó 73 duelos y perdió 58. Dos diferencias muy marcadas. El equipo de Gallardo necesita ajustar piezas.

Ganadores y perdedores

Gonzalo Montiel, Jorge Carrascal, Ignacio Fernández, Federico Girotti y Rafael Borré fueron los grandes ganadores. Montiel fue una de las figuras con sapiencia y claridad para jugar un partido caliente. Carrascal se lució con sus gambetas y se consolida como una carta fundamental de desequilibrio. Nacho Fernández ingresó a jugar los segundos 45 minutos y fue un bastión necesario para torcer el rumbo del partido con su visión de juego. Y los dos delanteros aportaron los goles: Girotti aprovechó al máximo su chance y marcó su segundo gol en primera en ocho partidos, mientras que Borré sigue afianzándose.

Robert Rojas, Paulo Díaz, Enzo Pérez y Bruno Zuculini fueron los perdedores. Ninguno tuvo un partido para olvidar, pero los detalles son vitales en las instancias decisivas. Díaz se durmió en el 1-0 de Ramón Ábila; mientras que Rojas salió lejos y tarde a presionar a Carlos Tevez en el 2-2 y le dejó el camino libre a Sebastián Villa. En tanto, Pérez se llevó una doble amonestación a falta de 10 minutos difícil de entender por la jerarquía de su figura y Zuculini fue reemplazado tras una primera mitad en la que nunca hizo pie.

Espiando la final

Si ambos logran superar las semifinales de la Copa Libertadores, el 30 de enero se jugará una nueva final superclásica en el Maracaná. Y la prueba de anoche fue la primera desde el inicio del ciclo Russo en Boca. Por eso, terminó siendo un partido de ensayo para medir fuerzas. Dentro de ese contexto, River entendió que tiene una gran ventaja: el tiempo de trabajo.

Los seis años y medio de Gallardo como DT le dan un plus fundamental. Hay una mecánica de juego, una idea consolidada y sostenida en el tiempo y una mentalidad competitiva que se evidenció en la Bombonera. Esa diferencia radical es el punto de enfoque de River. Ahora enfocará sus cañones en Palmeiras, el gran objetivo. Y luego sabrá si puede permitirse seguir soñando.