Ricardo Gareca: la situación del DT de Perú, después de la derrota y un mal arranque en las eliminatorias

LA NACION
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Cuatro partidos, un punto. Perú comparte, con Bolivia, el último puesto de la tabla de posiciones de las eliminatorias sudamericanas para el Mundial de Qatar 2022. Un comienzo desalentador, alejado de todas las proyecciones que realizó el cuerpo técnico que lidera Ricardo Gareca y de las expectativas en el público, después del subcampeonato en la Copa América 2019. Pero el Tigre sabe de sinsabores, de inicios a los tumbos y de las miradas de reojo y las críticas. No está en su manual de estilo derrumbarse, porque el sacrificio y las convicciones alimentaron la ilusión de la selección para ganar el repechaje frente a Nueva Zelanda, para la Copa del Mundo de Rusia 2018, y devolver a Perú a una Copa del Mundo, después de 36 años.

En media hora de partido, Perú quedó desarticulada con los goles de Nicolás González y Lautaro Martínez. Para remontar la desventaja había tiempo, lo que no se observaba era una reacción anímica y futbolística para equiparar las fuerzas. Y aunque tuvo oportunidades para descontar, siempre quedó la sensación de que la Argentina estuvo más cerca de aumentar las cifras y liquidar el juego. Cuatro modificaciones ensayó Gareca respecto al encuentro que perdió con Chile, donde los peruanos dejaron una imagen frágil: Aldo Corzo, Anderson Santamaría, Giancluca Lapadula y Christian Cueva tomaron las plazas de Luis Advíncula, Miguel Araujo, Raúl Ruidíaz y Renato Tapia.

"Hemos retrocedido respecto a lo que nosotros podemos dar. Esto es una realidad, soy el máximo responsable de la selección, llevamos seis años al frente y estar en esta situación no es algo que uno tiene planificado. Es motivo de analizar todo", relató Gareca en la conferencia de prensa. "Perú no hizo un mal primer tiempo, los jugadores dieron todo. Para que Perú tenga un solo punto en las eliminatorias, teniendo desde mi punto de vista un equipo altamente competitivo, me hace sentir el responsable mayor. Tenemos todas las posibilidades de revertir, creo que tenemos todos los argumentos para revertir esta historia", el mensaje esperanzador que envió el seleccionador, que no desvía el tema y asume culpas, como la cantidad de goles recibidos: "Es preocupante, realmente es una situación que preocupa. No es posible mejorar si recibimos tanta cantidad de goles", se lamentó; Perú acumula 10 goles en contra en cuatro partidos.

La ausencia de resultados de la selección también se refleja en los clubes que participan en los torneos que organiza la Conmebol. Perú no clasificó equipos a los octavos de final de la Copa Libertadores y apenas Sport Huancayo se sostiene en pie la Copa Sudamericana. Y Gareca no dispuso de dos piezas de jerarquía para la reciente ventana de las eliminatorias: Paolo Guerrero, que se recupera de una operación de reconstrucción del ligamento cruzado de la rodilla derecha. El goleador recién podría reaparecer en la próxima doble fecha, entre el 25 y 30 de marzo de 2021, cuando Perú visite a Bolivia y luego reciba a Venezuela. Una ventana para ensayar el despegue.

Tampoco contó con Carlos Zambrano, el líder de la defensa, que cumple con tres partidos de suspensión, luego de la tarjeta roja que recibió ante Brasil, por una agresión a Richarlison, y recién estará en condiciones de reaparecer frente a Venezuela. Y después de la caída con Chile, el viernes pasado, en Santiago, el seleccionador vio diezmado el grupo con las amonestaciones de los volantes Tapia y Christofer Gonzales.

"Nos ha costado bastante, sufrimos en el comienzo y se vio en el resultado. Individualmente tenemos que hacer más, también en colectivo: en ofensiva y en ataque. Debemos corregir errores, no hay que esconderse en el mal momento y somos los responsables de la situación. Ahora queda sumar y prepararnos bien en nuestros clubes, porque con lo que hemos hecho no alcanza", comentó André Carrillo.

El sistema defensivo de Perú fue muy vulnerable, con una fórmula de zagueros centrales -Santamaría y Luis Abram- que se estrenó frente a una selección con delanteros de jerarquía. El segundo gol de la Argentina enseñó esa endeblez, con un pase de Leandro Paredes que definió con clase Lautaro Martínez; el goleador dibujó una gambeta para desairar al arquero Pedro Gallese y anotar con el arco vacío.

En ofensiva, Gareca recurrió a Lapadula, el delantero que nació en Italia -en Turín- y no pisó Lima en 30 años. La falta de puntería de Ruidíaz, que acumula 18 partido sin convertir, le abrió la puerta al delantero de Benevento y que fue nacionalizado -su mamá Blanca es peruana- en un trámite exprés. El Tigre reflejó cómo debe encastrar las piezas y por qué Lapadula no fue titular con Chile: "No conoce a nadie acá. Creemos que era importante darle un poco de tiempo de adaptación".

"Nos ha costado muchísimo acomodarnos a todo lo que pasó en el año, esperemos acomodarnos el año que viene. Las eliminatorias son difíciles, complicadas. Siempre hemos sido una selección que cree y en estos sistemas de dos partidos por fecha tiene mucho que ver la parte psicológica, donde uno tiene que estar muy fuerte. Porque hay fechas en que sumas uno y otras sin puntos. Y fechas con los seis. En esos momentos uno empieza a verse de diferente manera, en todos los aspectos. En caso de seis puntos decís 'no estoy tan lejos'. El objetivo de Perú no es alcanzar la punta, ni el segundo o tercer puesto, sino ver las chances del cuarto, el sueño de volver a estar en un Mundial", analizó Gareca.

Tampoco el comienzo del ciclo que terminó en el último mundial resultó fácil: si ahora apenas cosechó una unidad, producto del empate con Paraguay en el estreno, cinco años atrás ocupaba el noveno puesto, con tres puntos, tras superar en Lima a los guaraníes. La sequía alcanzó seis juegos, aunque en la cancha fueron siete, ya que un fallo del TAS le dio por ganado (3-0) el cotejo que perdió 2-0 con Bolivia, en La Paz. Esos puntos y la diferencia de gol fueron determinantes para apoderarse del quinto lugar y eliminar a Chile. Perú construyó un sprint final de alto vuelo, con 21 puntos de 33. Otra vez Gareca deberá reanimar a un plantel para escribir, como en 2017, otro capítulo épico de la historia del fútbol peruano.