En su Revolución Senior, Miguel Ángel Russo no tira títulos: los gana

Juan Pablo Varsky
lanacion.com

Miguel Angel Russo no entrega títulos. Se ha convertido en un artista de la gambeta. No las hacía como futbolista, mediocampista central de corte, pase simple y llegada esporádica como aquel gol a Venezuela en las eliminatorias de México 86 o el remate desde afuera del área para el empate histórico de Estudiantes con siete jugadores ante Gremio durante la Libertadores de 1983. Pero cuando los periodistas le apuntan con preguntas filosas, se escapa magistralmente. "Es fútbol", "Son decisiones", "Esto es Boca" o "Esto es la Copa", son algunas de sus obras cumbre con ese tono que lo distingue, un traje a medida para los imitadores. Dirá lo que quiera, cómo quiera y cuando quiera. Nunca lo encontrarán.

Ha superado los 1000 partidos como entrenador. Son 1066, un registro extraordinario. Ha mantenido su vigencia. Desde el video en formato VHS al clip del teléfono celular. Pizarrón y computadora. Charla conceptual y lluvia de estadísticas. Pretemporadas con trotes de 12 kilómetros y trabajos explosivos medidos por chalecos con GPS. Bolsas de arenas y drones. No ha llorado el transcurso del tiempo. Lo ha acompañado sin melancolía. Recuerda su pasado de la mejor manera, con anécdotas que lo convierten siempre en el centro de la mesa. Ha renovado su cuerpo técnico para actualizarse y no perder el toque con el plantel. Hijos y sobrinos lo han ayudado a salvar esa distancia de edad.

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Muy pocos entrenadores manejan el vestuario como él, siempre sensible al factor humano de este deporte. Ni siquiera pudo pararlo un cáncer de próstata con virus intrahospitalario que le provocó una infección urinaria tras la operación de vejiga. Salió con amor, amigos y mucho conocimiento de la enfermedad que le tocó atravesar. Ha dado charlas sobre cómo afrontar esa adversidad. Pero no esperen títulos. Su prudencia en la palabra contrasta con su pasión en la actividad. Hace mucho más de lo que dice. Contracultura en esta era del discurso excesivo. Lejos de ser crítica a los entrenadores que necesitan explicarlo todo, sirve de elogio a un tipo al que le alcanzan dos o tres conceptos para resumir una idea a partir de su simplicidad, su intuición y su experiencia.

Habla mucho del juego que ama. Solamente hace falta preguntarle. Te cuenta todo. Si vas por el lado de la polémica, usará la táctica del torero. Cero títulos. Dirige Primera División hace más de 30 años. Hay que querer mucho al fútbol para seguir ahí en el campo todos los días, volcando su pasión. Podría estar de saco y corbata en un estudio de TV o en su casa jugando con sus nietos. Pero no quiere dejar el buzo del club. Recorre el campo con ese andar tan marca registrada como su modo de declarar. Camina con los brazos bien pegados al cuerpo, casi en "modo rolinga". El viejo apodo de Palomo responde a esa postura corporal.

Es un legítimo producto de la Escuela de Estudiantes. Jugó toda su carrera allí, 440 partidos. Integró un mediocampo inolvidable con Ponce, Trobbiani y "Sir Alex" Sabella. Como DT logró el ascenso a Primera en la temporada 94-95. Influido decisivamente por el Doctor Carlos Bilardo, al final entendió su determinación de dejarlo afuera del plantel para México 86. Rosario Central lo adoptó como familia gracias a su recorrido como entrenador. Cuatro ciclos, gran campaña en 2003, invicto en los clásicos ante Newell's y el ascenso a Primera en 2013 llenan ese álbum. Lanús lo quiere por su enorme contribución con la vuelta a Primera en 1992 cuando comenzaba su carrera de técnico. Vélez lo tiene en el póster por su celebración del Clausura 2005. Llegó a Boca por primera vez en diciembre de 2006. Mauricio Macri lo contrató un día después de la "debacle lavolpista". Richard renunció tras la derrota ante el Estudiantes de Simeone que impidió el primer tricampeonato del club.

El equipo estaba aturdido. Miguelo lo hizo simple. Tocó una tecla clave que conocía muy bien porque había jugado en ese lugar de la cancha: el cinco. Él usaba la 7 por aquella numeración correlativa bien pincha. El 7 era el cinco. Ahí puso a Banega. Riquelme volvió al club e "hizo llover". Y en su primer semestre en el club, Boca ganó la sexta Libertadores con un equipazo que incluyó a Ibarra, Ledesma, Cardozo, Palermo y Palacio entre los titulares. Duró apenas un año. Pedro Pompilio no le renovó el contrato tras la derrota 4-2 ante Milan por el Mundial de Clubes.

Le tocó perder el Apertura 2008 como DT de San Lorenzo contra el Boca de Ameal y Riquelme. El presidente había asumido en lugar del fallecido Pompilio. Antes y después, peregrinó por Los Andes, Colón, Racing, Morelia de México, Salamanca de España, Universidad de Chile y Millonarios, donde ganó el Torneo Finalización y la Superliga en 2017-2018. El club colombiano le dio todavía más: apoyo y contención para curarse del cáncer. Encontró paz y felicidad tras un frustrante paso por Vélez con dificultades para controlar a un plantel desobediente. Su 2019 había sido malo; ciclos cortos y negativos Alianza Lima y Cerro Porteño. Perdió ante River con ambos equipos durante la Copa Libertadores.

A fin de año Román volvió a Boca. Decidió las elecciones, destronó al oficialismo, ungió a Ameal en su segundo mandato y se encargó del fútbol trajeado de vicepresidente segundo. Confió en él. Debía hacerlo simple otra vez en un mini torneo de siete fechas. Sólo el fútbol argentino termina su campeonato en marzo, por culpa de su formato y su cantidad de equipos. Tomó decisiones. Campuzano de cinco, otra vez esa tecla importante. Juego directo y efecto ballesta; punto de partida retrasado para ganar espacios y a correr con Villa. Y Tevez como su Riquelme de 2007. Carlitos había tenido un 2019 en retiro. Demasiado cerca de Angelici y demasiado lejos del área, había perdido la capacidad de disfrute. "Hace dos años que perdió las ganas de jugar a la pelota. Queremos ver si somos capaces de recuperarlo", lo toreó The Best Speaker Ever. Cuando Román se reía dentro de la cancha, algo bueno le pasaba a su equipo. Ahora ocurre cuando toma mate en su palco. Él mismo había atravesado una situación similar, enfrentado con Villarreal post Mundial de Alemania.

Entonces apareció Russo. Miguelo aplicó el mismo patrón para los dos: los hizo sentir importantes, los ubicó en el lugar donde mejor rinden y los rodeó con el personal adecuado para potenciarlos. En modo Libertadores 2003 y Juventus 12-15, Carlitos delantero "hizo llover": seis goles en el sprint final, incluido el decisivo para ganarle la Superliga al River de Gallardo tras cinco eliminaciones. El pueblo xeneize nunca se olvidará de este rescate emotivo. Lo tenía en la historia. Ahora lo tiene en su corazón.

Cumplirá 64 años el 9 de abril. Estará bien lejos de ese Paul McCartney que mendiga "Will you still need me, will you still feed me, when I'm 64" en el himno de The Beatles. Es otro caso exitoso de Revolución Senior, genial concepto del periodista Sebastián Campanario. Dos torneos de Primera, tres ascensos, una Libertadores en Argentina; dos en Colombia. A 28 años del primero, Miguel Ángel Russo sigue entregando títulos.

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