El retiro de Maria Sharapova: la rusa y el arte de vivir escalando montañas escarpadas

Sebastián Torok
lanacion.com

Se retiró Maria Sharapova. Y para ella nunca nada fue sencillo. Sus padres, Yelena y Yuri Sharápov, vivían en Gómel, actual territorio de Bielorrusia, cuando en abril de 1986 explotó, a 200 kilómetros, un reactor de la planta nuclear de Chernobyl. Aterrorizados por el desastre, decidieron huir y mudarse a Nyagan, Rusia. Maria nació allí el 19 de abril de 1987, pero pronto la familia se volvió a trasladar, ahora a Sochi, a orillas del Mar Negro. Con apenas cuatro años, Maria empuñó una raqueta por primera vez. "Era tan pequeña que mis piernas colgaban del banco en el que estaba sentada. Era tan pequeña que la raqueta que recogí a mi lado era el doble de grande", narró.

Fue en Moscú, durante una clínic, donde Martina Navratilova quedó impactada al verla jugar cuando tenía seis años. Ella la impulsó a viajar a Florida para sumarse a la academia de IMG en Bradenton, bajo el entrenamiento de Nick Bollettieri. Maria y su padre, con sólo 700 dólares en el bolsillo, volaron a los Estados Unidos (Yelena, por restricciones en el visado, no pudo acompañarlos durante dos años). Yuri llegó a trabajar hasta de lavaplatos para tratar de sostener la carrera de su hija. Así comenzó todo. Así se empezó a escribir una de las historias más ricas del tenis femenino profesional, con éxitos y derrumbes, con lesiones y brillantez, con impactos planos y gritos agudos, con facturación récord y la mancha del doping.

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"¿Cómo dejas atrás la única vida que has conocido? ¿Cómo te alejas de las canchas en las que has entrenado desde que eras una niña, el juego que amas, uno que te trajo lágrimas y alegrías indescriptibles, un deporte donde encontraste una familia, junto con aficionados que se unieron detrás de uno por más de 28 años? Soy nueva en esto, así que por favor perdóname. Tenis: me estoy despidiendo", fueron las primeras palabras que utilizó Sharapova para despedirse. Eligió la versión estadounidense de Vanity Fair y Vogue para anunciar su despedida del tenis, deporte que la encumbró como la número 1 del mundo -en agosto de 2005 por primera vez- y la transformó en una de las atletas más pudientes del mercado.

Tras la suspensión por 15 meses por utilizar una sustancia prohibida en 2016 (meldonium), no fue capaz de recuperar la memoria tenística. Desde hacía dos temporadas, además, lidiaba con un daño insoportable en el hombro derecho. "Las lesiones en el hombro no son nada nuevo para mí, con el tiempo mis tendones se han deshilachado como una cuerda. He tenido múltiples cirugías, una vez en 2008; otro procedimiento el año pasado, y pasé innumerables meses en fisioterapia (.) Comparto esto no para obtener lástima, sino para pintar mi nueva realidad: mi cuerpo se había convertido en una distracción", confesó. Su último partido fue el 20 de enero pasado, en la primera ronda de Australia: perdió 6-3 y 6-4 ante Donna Vekic.

Sharapova encandiló al mundo en 2004, al conquistar Wimbledon con 17 años (venció en la final a la primera favorita, Serena Williams, por 6-1 y 6-4). Aquel fue el primero de los cinco trofeos de Grand Slam que embolsó (US Open 2006, Australia 2008 y Roland Garros 2012 y 2014). Logró 36 títulos individuales (en 59 finales) y tres en dobles. Obtuvo la medalla de plata olímpica en Londres 2012 y la Fed Cup con Rusia en 2008. Además, estuvo en la cima del ranking durante 21 semanas. Si no hubiera sido por la menor de las Williams, que la derrotó en 20 de los 22 enfrentamientos entre ambas, Sharapova hubiera sido todavía más impresionante. "Mi ventaja fue nunca sentirme superior a otros jugadores -relató-. Trataba de sentir que estaba a punto de caerme de un acantilado, por lo que constantemente volvía a la cancha para descubrir cómo seguir escalando".

La rusa de 32 años, cuyo último ranking es 373º de la WTA, se convirtió en una marca registrada fuera de las pistas. Fue la atleta femenina mejor pagada durante once años consecutivos y se retira con 325 millones de dólares en ganancias profesionales, según Forbes. Fue, durante mucho tiempo, la mayor atracción de la WTA y llegó a recibir 500.000 dólares por cada exhibición. Creó su propia compañía de dulces y obtuvo patrocinios de compañías de primer nivel. Claro que varias de esas empresas le soltaron la mano cuando fue suspendida por usar meldonium, un medicamento prohibido y desarrollado para pacientes cardíacos que la rusa dijo estar consumiendo durante años debido a una deficiencia de magnesio y antecedentes de diabetes en la familia. Afirmó desconocer que la sustancia se encontraba entre las prohibidas por la Agencia Mundial Antidopaje y su castigo se redujo de dos años a 15 meses, pero ya nada volvió a ser igual para ella. Halló resistencia en rivales y en algunos directores de torneos que no le ofrecieron invitaciones para jugar. Una emotiva victoria en la 1ª ronda del US Open 2017 ante Simona Halep (por entonces 2ª favorita), los cuartos de final de Roland Garros 2018, y un modesto título en Tianjin (China), en octubre de 2017, fueron los mejores momentos tenísticos de Sharapova tras la sanción. Una infusión con sabor a poco luego de tantos tragos exquisitos.

"Al dar mi vida al tenis, el tenis me dio una vida. Lo extrañaré todos los días. Echaré de menos el entrenamiento y mi rutina diaria: despertarme al amanecer, atar mi zapatilla izquierda antes que la derecha y cerrar la puerta de la cancha antes de golpear mi primera pelota del día. Extrañaré a mi equipo, a mis entrenadores. Echaré de menos los momentos sentados con mi padre en el banco de prácticas. Los apretones de manos, gane o pierda, y los atletas, lo supieran o no, me empujaron a ser el mejor", describió Maria. Es momento de otros desafíos, de otras prioridades. Su familia, su pareja (el empresario británico Alexander Gilkes), otros deportes como el esquí, estudiar, seguir promocionando su marca. Es tiempo de volver al inicio.

"El tenis ha sido mi montaña. Mi camino se ha llenado de valles y desvíos, pero las vistas desde su cima eran increíbles (...) El tenis me mostró el mundo, y me mostró de qué estaba hecho. Y así, en lo que sea que elija para mi próximo capítulo, mi próxima montaña, todavía estaré presionando. Seguiré escalando. Seguiré creciendo".

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