Elecciones 10N | El PSOE aguanta, pero España se erosiona

El líder del PSOE, Pedro Sánchez, celebra la victoria a las puertas de la sede de Ferraz. (AP Photo/Bernat Armangue)
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, celebra la victoria a las puertas de la sede de Ferraz. (AP Photo/Bernat Armangue)

Cuatro elecciones generales en cuatro años, dos en seis meses, pasan factura. Y salvo Vox, nadie puede sacar pecho. Ni siquiera en el bloque ganador dado que el centroizquierda sigue sumando más escaños que el centroderecha con Vox. No es habitual que una victoria deje a los ganadores con tal mal sabor de boca. El PSOE lo intentará exhibiendo una victoria electoral sin paliativos sumando 120 escaños, 32 más que el PP, su inmediato perseguidor. Y Unidos Podemos hará lo propio jactándose de haber salvado otro ‘match ball’ y fijando un suelo electoral de 35 diputados que para sí quisiera Ciudadanos. Pero la irresponsabilidad de ambos por bloquear la formación de un Gobierno de izquierdas, o incluso la de Ciudadanos y PP por vetar una investidura en segunda ronda, les perseguirá.

Primero porque la repetición electoral orquestada para desbloquear el país ha fracasado puesto la gobernabilidad es todavía más complicada que en abril. De hecho, en la ecuación de Sánchez hace falta que los partidos independentistas al menos se abstengan para formar Gobierno.

Segundo por haber servido de catalizador de un país más roto que nunca en virtud de la atomización electoral y el extremismo radical de Vox, que se erige en tercera fuerza parlamentaria. Hace solo un año, España era el único gran país de Europa sin un partido xenófobo en el Congreso. Hace seis meses perdió esa condición, pero lo mantuvo a raya con apenas 24 escaños. Pero hoy la ultraderecha tiene 52. Casi nada.

Y tercero porque esa polarización ha dejado casi desierto el espacio del centro. Y con él se alejan, a priori, las posibilidades de entendimiento y negociación, claves que se le presuponen a la política.

No hay programas, hay banderas. No hay negociaciones, hay soflamas. No hay autocrítica, hay ‘y tú más’. La sentencia por el juicio del ‘procés’ y las barricadas en Vía Laietana ha polarizado las nuevas tendencias.

Cuando Sánchez se acomode mañana en su despacho y descuelgue el teléfono se encontrará con una agenda más corta que en abril. Ciudadanos ya no es clave para desbloquear la situación, Unidos Podemos no le permite dormir tranquilo, el PP ya le ha dicho que no le va a contestar a la llamada y a la cola se agolpan una decena de partidos regionalistas, nacionalistas e independentistas. Los catalanes, además, dispuestos a hacer pasar por caja a quienes, en su opinión, prendieron la mecha en las calles tras el juicio del ‘procés’.

El tablero es tan endiablado a causa de los vetos personales que los dos escenarios más probables parecen imposibles. O que el/la presidente/a del Gobierno sea una persona de consenso e independiente. O que antes de verano haya unas terceras elecciones. Suena de locos, pero nadie vaticinaba estas segundas tras la jornada del 28 de abril.

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