Las razones del mejor momento de Facundo Campazzo en la NBA, en la cancha y fuera de ella

Xavier Prieto Astigarraga
·6  min de lectura
Pequeño entre gigantes: Facundo Campazzo se agranda en la consideración de sus compañeros en Denver Nuggets; crecen su juego, su participación y su popularidad.
BART YOUNG

Será porque es un bajito entre colosos. Será porque es alegre, porque siempre tiene una sonrisa a mano cuando se detiene la pelota. Será porque divierte con lujos y jugadas inesperadas. Será porque es buen compañero. Será porque obedeció las órdenes del entrenador cuando no eran las más cómodas para su juego. Será, quizás, porque corre como un roedor dando todo lo que tiene por la camiseta.

Será todo eso lo que tiene encantados al público, al periodismo, a los otros jugadores y al director técnico de Denver. Facundo Campazzo siempre fue así. Y allí a donde va causa lo mismo: simpatía, entretenimiento, cariño, admiración... y triunfos. Lo hizo en Peñarol, lo hizo en Murcia, lo hizo en Real Madrid y está haciéndolo en su primer año en la NBA, que empezó de una forma y está continuando de otra. En pleno ascenso.

Abril está tomando visos de despegue para el cordobés del metro 78. Lesiones de compañeros le abrieron más grande en el equipo un espacio que ya venía ganándose por méritos, y que este miércoles ya fue propio de una figura de plantel, con una producción de 19 puntos, 10 asistencias, 6 rebotes y 2 robos, aunque 4 pérdidas, en 36 minutos en el sufrido 114-112 de Nuggets sobre New Orleans Pelicans en el Ball Arena. Su primer doble-doble en la NBA, el techo del mundo del básquetbol.

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Y claro: los choques de manos y de cuerpos con sus compañeros; la cuenta de Twitter de la franquicia publicando a borbotones fotos, videos y algún gif de “Facu” (así, mayormente sin el apellido); una entrevista escuchada por todo el público en el estadio luego del partido. Y una ovación. Una aclamación de los que aún quedaban en las tribunas un rato después del apretadísimo triunfo. Habían ido 4000 espectadores; difícil afirmar cuántos quedaban todavía, de pie en las plateas, pero eran poquitos en un enorme escenario que puede albergar 19.099 personas. Y sin embargo, el griterío sonó fuerte cuando con la candidez de un chico el argentino interrogó al periodista, con auriculares puestos: “¿Esto se escucha en todo el estadio?”. Claro que así era, como en el tenis. La pregunta del número 7 fue imperfecta en ese idioma que viene estudiando de manera tan intensiva como su juego. Y entonces, un pedido de disculpas: “Sorry for my English” (“perdón por mi inglés”). La respuesta de la gente puso a prueba los medidores de sonido con una catarata de decibelios en forma de cariño.

Tiene carisma el cordobés, está claro. Pero eso le hace ganar popularidad, no partidos. Para eso posee el talento y el carácter que recibió en los genes y que cultiva con una estricta disciplina desde que decidió ser un profesional al 100%, aconsejado por un icono del rubro, Luis Scola. A los 29 años Campazzo cumplió un anhelo: jugar en la NBA. Cuatro meses más tarde, ya con 30, vive su mejor momento en uno de los mejores equipos de la mejor liga de todas.

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Jamal Murray, una estrella de Nuggets, se lastimó feamente una rodilla (“jugamos por él cada partido y eso nos da energía extra”, dijo en público el argentino) y a pesar de eso Denver está 7-1 desde que no tiene al gran socio del astro Nikola Jokic. La baja del canadiense, más las de Will Barton III y Monte Morris, le hacen lugar a Campazzo, que últimamente viene actuando más de 30 minutos por encuentro.

Y rindiendo, por supuesto: hace pocos días, en el éxito (129-116) contra Houston Rockets, estableció un récord personal de 13 asistencias. Esta vez, frente a New Orleans, dio un salto en otros dos campos estadísticos: los 19 tantos y los 6 rebotes son nuevas plusmarcas en su carrera. Y vaya cuándo les puso la firma.

En el último cuarto de un encuentro que venía holgado y terminó apremiante, el cordobés hizo 15 de esos 19 puntos y tomó 4 de esos 6 recobres. Cuando consiguió un triple de media vuelta sorpresiva, armado tan a las apuradas –y con tanta maestría– como los de Stephen Curry, Denver era un festival: 109-96 a falta de 3m18s. Sonrisa de Facundo, salto y colisión corporal con algún compañero, “dame los cinco” con otros y hasta un masaje de congratulación del ascendente Michael Porter Jr. Todo era felicidad.

Campazzo recibe un masaje congratulatorio de Michael Porter Jr. tras un espectacular triple que puso 13 tantos arriba a Denver contra New Orleans; los dos experimentan gran crecimiento en este tramo de la campaña.
GARRETT ELLWOOD


Campazzo recibe un masaje congratulatorio de Michael Porter Jr. tras un espectacular triple que puso 13 tantos arriba a Denver contra New Orleans; los dos experimentan gran crecimiento en este tramo de la campaña. (GARRETT ELLWOOD/)

Pero esto es deporte, o sea, existen las resurrecciones. Pelicans ensayó una. Se puso 106-110 cuando quedaban 38,7 segundos. Campazzo siguió con el balón las manos: tiros libres, una asistencia... Alguna macana, también. ¡Y un bloqueo! A Brandon Ingram, una de las figuras de New Orleans. También una tapa, pero del titánico Jokic a Zion Williamson –la estrella contraria– a falta de 2,2 segundos, salvó a Nuggets de derivar en un tiempo extra.

Y así el equipo de Colorado sumó su victoria 41 en 62 partidos, y la 15ª en los últimos 18, a pesar de las bajas. “Contagia su energía a todo el equipo en los dos lados de la cancha y logra disimular las ausencias de Murray, Morris y Barton”, escribió sobre el periodista Mike Singer en Denver Post sobre Facundo. El entrenador Mike Malone parece haberle encontrado la vuelta a la situación, con algunas incorporaciones (Aaron Gordon, Shaquille Harrinson) y sobre todo el cambio de función de Campazzo. El número 7 ya desde hace rato no es el escolta forzado que se quedaba pasivo en un costado esperando un pase para lanzar desde lejos; ya es el dueño de pelota, el que distribuye, al menos mientras no esté Murray, cuyo regreso parece bastante lejano. El argentino ha vuelto a ser base y se evidencia un salto de rendimiento.

El dueño de la pelota: Campazzo rinde más jugando como lo que es naturalmente, un base.
David Zalubowski


El dueño de la pelota: Campazzo rinde más jugando como lo que es naturalmente, un base. (David Zalubowski/)

“¡No soy un tirador, seguro!”, dijo sonriente –no desafiante al DT– en esa charla pública sobre el parquet post triunfo del miércoles. Pues sin embargo se viraliza esa muletilla en español del relator televisivo de la campaña de Nuggets, Chris Marlowe, arrobado por el cordobés y a quien hinchas argentinos ya invitan a la distancia a asados: “¡Uno, dos, tres para Facu!”.

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Según parece, esa frase va a seguir sonando en los playoffs.