Ramón Ramírez, el zurdo de oro mexicano

Existen momentos trascendentales en la vida del hombre, pero solo uno nos permite la inmortalidad: la elección de un equipo. El mío llegó rebasados los ocho.

Debo confesarlo, años atrás, preso de la inocencia y torpeza propia de cuando apenas se comienza a hablar, mi primer equipo fue “los Pumas”. Hay una grabación de aquel suceso; el mini-casete andará por algún recoveco de esta casa. Después, recompuse el rumbo, evidentemente; sin embargo, mi predilección por la eterna camiseta de la Franja estuvo cerca de perderse por culpa de un personaje en particular.

Ramon Ramirez Mexico

Fue uno de los grandes ‘experimentos’ que César Luis Menotti realizó durante su corto y exquisito idilio con la Selección mexicana. Lo apodaba, dicen, el Maradona mexicano. Vaya manera de joderle la existencia a un futbolista con las comparaciones, siempre lo digo; pero si lo decía el Flaco, el mismo que tuvo los tremendísimos de dejar fuera al Diego de aquella justa del 78’, alguna razón habría.

En aquel entonces, cargaba con el 18 tricolor en la espalda. En un duelo eliminatorio disputado en el Azteca, y después de sacudirse la marca de un güerito canadiense con brutal facilidad, mandó la pelota al fondo. Doblete. Con los brazos completamente abiertos celebraba y, a la vez, invitaba a cobijarme en su regazo. Mi primera Copa del Mundo, mi primera conscientemente, iba de su mano.

Volvió a maravillarme meses después. No me había equivocado. Aquella picadita sobre Jacinto Espinoza en la semifinal de la Copa América del '93 fue la última prueba que necesitaba. Después se encargó de dominar cualquier campo que pisó, tanto en México como en otros lares. 

Ramon Ramirez Mexico Copa America 93

Cada fin de semana, como relojito, junto a mi padre (chiva hasta la médula), disfruté cada uno de sus grandísimas exhibiciones. Ahora repartía los dulces con el ‘7’. Fueron años de disfrutarlo. Nunca pude cambiarme de bando, ni lo intenté siquiera, pero este tipo me puso a prueba. 

De vez en cuando, tal vez por negarme a las canas que ya me brotan con facilidad, o por el mero gusto, busco algunos videos suyos en la computadora y recuerdo con gusto aquella zurdita de oro. 

Ramón Ramírez será reconocido, y con sobradísima razón, con el Salón de la Fama. No le hace falta, por supuesto; pero toca celebrar –y mucho- cuando el futbol se digna a hacer justicia.