Racing-Independiente: un clásico sin grises, con héroes y entregados

Claudio Mauri
lanacion.com

Cerca de llegar a los 200 clásicos, el de Avellaneda tuvo anoche uno que perdurará en la memoria por mucho tiempo y será recreado periódicamente. Uno que sin definir un campeonato ni valer un título, tuvo los condimentos que lo hacen inolvidable. Casi 100 minutos para que Racing se invistiera de héroe e Independiente pasara de frío a entregado, pecados que lo llevaron a una derrota de las que cuesta mucho redimirse.

La de Racing fue la victoria de los valientes, en más de un sentido. Porque fue atrevido y ambicioso cuando el partido iba por los carriles normales, los futbolísticos. Y también mostró arrojo y coraje cuando disputó casi todo el segundo tiempo con dos menos por las expulsiones de Arias y Sigali.

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Racing hacía todo, lo bueno, entendiendo por esto su superioridad futbolística y dominio del juego, y también lo malo, rubro en el que hay que incluir las tarjetas rojas por la salida precipitada de Arias y el codazo de Sigali. Independiente siempre fue un espectador inerme, impávido, como si nunca se enterara de nada. Once contra once, esperaba sin proponer mu-cho. Once contra nueve, no supo asumir la responsabilidad de ir a buscar el triunfo, como si se viera ante una obligación para la que no estaba preparado. Esa dejadez la pagó con una derrota durísima, que lo deja sentado en el banquillo de los acusados para el juicio sumario que le harán sus hinchas. Los reproches y los pase de factura estarán a la orden del día. El paragüas protector que representaba la llegada de Pusineri quedó dado vuelta por una derrota que cayó como una granizada.

El ciclo de Beccacece en Racing había empezado con una imagen futbolística anodina, confusa. Difícilmente el técnico haya imaginado semejante reivindicación. Llegaba a este clásico en una situación infrecuente, incómoda. Con el desprecio fresco de Independiente, club que lo despidió hace apenas tres meses, y con la desconfianza y la mirada de reojo de una buena porción de los hinchas de Racing, que en los dos encuentros anteriores no habían entendido los cambios de nombres ni los posicionales. Un reacomodamiento que a muchos les suscitó una pronta nostalgia por Coudet.

Sin embargo, Beccacece sale del clásico como un acertado estratego, porque Racing fue más con la pelota y en la ocupación de los espacios. Y también como el transmisor de un mensaje motivacional que llegó al corazón de sus jugadores para asimilar la adversidad. Con dos menos, con el arquero suplente Javier García convertido en figura, con jugadores con cortes en la cara, la cabeza, golpes en los hombros. Racing ganó más que un clásico, salió victorioso de una guerra.

Racing festejó al final como si se tratara de la conquista de un título

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