Racing - Independiente: de los cambios de Pizzi buscando ganar el partido a la incredulidad de todo el banco por el penal cobrado por Vigliano

Nicolás Zuberman
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Los jugadores de Racing festejaron en el final el triunfo polémico ante Independiente en el Cilindro de Avellaneda
LA NACION/Mauro Alfieri

Todo lo que no pasó en 95 minutos de juego llegó en el instante final. Mauro Vigliano vio una falta inexistente de Barreto contra Iván Maggi y pitó penal cuando el partido llegaba al último minuto con el mismo resultado que se anunciaba desde el arranque: 0 a 0. A Enzo Copetti no le preocupó el error del juez y definió con convicción. En el último minuto, la Academia se llevó el clásico de Avellaneda. El tercero consecutivo, algo que no lograba hace 28 años, desde que encadenó tres éxitos al hilo en 1993.

Racing le ganó a Independiente con un gol de penal que solo vio el árbitro

El gol de Copetti definió el clásico, que hasta ese momento había sido el clásico del temor. Ni Independiente ni Racing se habían animado a ganarlo. Todo parecía lento, acartonado. El error del árbitro cortó con esa sensación. “Vigliano h... de puta”, se escuchó en el Cilindro de Avellaneda. El canto llegaba desde la bandeja superior, donde estaban los dirigentes de Independiente. Al rato llegó la respuesta desde el sector de los locales, que festejaron el triunfo al ritmo de los futbolistas, que disfrutaban la victoria.

La polémica del final

El duelo se había anunciado en la semana como el clásico del Covid, por los contagios masivos que hubo en Independiente y por las bajas que tuvo Racing tras los positivos de Piatti y Cvitanich. Pero al final fue el clásico del temor: ninguno de los dos equipos salió decidido a buscar el partido, como si evitar la derrota alcanzara.

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Ni Racing ni Independiente quisieron llevar el pulso del partido. Hubo indicios de eso en la semana, por las bajas por coronavirus y por las formaciones por las que iban a apostar sus entrenadores. El Rojo jugó con el mismo libreto que mostró a lo largo de este semestre: la línea de cinco defensores, con la esperanza de aprovechar la velocidad de sus wines, Menéndez y Palacios. Lo de Pizzi fue más sorpresivo: apostó por un 4-4-1-1 muy conservador, con Eugenio Mena como mediocampista izquierdo y Orban en el lateral.

Racing vs Independiente
LA NACION/Mauro Alfieri


Racing vs Independiente (LA NACION/Mauro Alfieri/)

A Pizzi le preocupaban las diagonales de Palacios y Menéndez, por eso puso a Orban y a Cáceres a perseguirlos. Y ninguno de los 22 futbolistas se animó a salir del libreto. Lo único que sobresalía del tedio eran los gritos de los arqueros, que resonaban en la soledad del Cilindro.

Por el lado local en la primera mitad hubo apenas algunos centros cruzados que nadie entró a empujar. Chancalay intentó con un tiro libre desde lejos: el derechazo fue a parar a quince metros del arco, casi en el córner. El Rojo tuvo la más clara, en una contra de Menéndez que definió desviado ante la salida de Arias.

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Con el empuje de los cambios de Pizzi

Para el segundo tiempo Racing pareció salir con otra actitud. Un poco más plantado en el campo rival. Lovera y Chancalay tuvieron su revancha con la pelota parada. El ex Colón avisó con un buen tiro libre que Milton Álvarez despejó bien el córner. El enganche generó las más claras del partido con dos tiros de esquina que cayeron en el balcón del área chica.

Cuando el segundo tiempo promediaba, Pizzi dio otro indicio de que el peso del partido empezaba a caer en el local. Sacó a Orban para hacerle lugar al paraguayo Melgarejo y que Mena volviera a su puesto natural de lateral. Tal vez solo en ese empuje se pueda explicar el resultado.

Lo cierto es que ni Pizzi, con los cambios ofensivos, ni ningún integrante del banco de suplente de la Academia entendió lo que había cobrado Vigliano en el final. Cuando el juez sancionó el penal, se miraron incrédulos y se preguntaron: “¿qué cobró?” Hasta que cayeron en la cuenta que lo que había sancionado era la (no) infracción de Barreto a Maggi. Después sí festejaron, con el gol de Copetti y el final del encuentro.

Entre ambos equipos hubo trece protagonistas que no pudieron estar. Por el lado del Rojo, afectado por un brote de contagios en el inicio de la semana, dieron positivos en los testeos el DT Julio Falcioni, el preparador físico Otero y nueve futbolistas, entre ellos tres titulares como el arquero Sosa y los volantes Lucas Romero y Domingo Blanco. En Racing, lo dicho de Piatti y Cvitanich.

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Racing vs Independiente (LA NACION/Mauro Alfieri/)

Aunque fue el primer partido sin público en los 114 años de historia que acumula el clásico de Avellaneda, hubo algunos pequeños condimentos que llegaron desde afuera. En pleno récord de casos de contagio en el país, y tras una semana en la que en los vestuarios de la Primera División los testeos positivos casi llegan a la centena, hubo menos personas en las plateas. Bien temprano en la madrugada del sábado, tres personas fueron detenidas tras realizar algunos grafitis en las afueras del Cilindro. En la seguridad había cierto temor por una interna entre la barrabrava de Racing, por eso desplegaron un operativo de unos 130 policías en Avellaneda.

Parecía que la noche se iba a ir sin problemas. Hasta que llegó el penal que vio solo Vigliano y las repercusiones de los allegados. Sin la efervescencia del público, con una diferencia enorme desde lo que se vio en el campo, el final fue parecido al último clásico: sobre el epílogo se lo llevó la Academia.