Racing y Boca, una serie entre mecanizaciones, factores psicológicos y un poco de juego

Diego Latorre
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El primer capítulo de la serie entre Racing y Boca en Copa Libertadores reprodujo un escenario que llevo observando cada vez con más frecuencia, no solo en nuestro fútbol, también en el europeo. Se trata de una suerte de mecanización de movimientos que un equipo ejecuta cuando tiene la pelota y que continúa con otra mecanización cuando el rival logra anular la original.

Creo que un equipo debe tener ciertas pautas establecidas; y entiendo que, ante la escasez de jugadores desequilibrantes en el fútbol argentino, los entrenadores busquen alternativas para encontrar soluciones colectivas donde la jerarquía individual no abunda. Pero las repeticiones no me parecen una manera saludable de aprender, y la rigidez de movimientos, además de restarle naturalidad a los jugadores, es rápidamente detectada por el adversario por lo que su eficacia se diluye en cuanto se llega a tres cuartos de cancha.

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El fútbol es percepción e inteligencia, no memoria. Tampoco puede programarse ni manejarse con un joystick, no todo puede estar preestablecido porque lo impide la existencia de un rival. Si un jugador tiene que estar siempre pendiente del movimiento ensayado pierde espontaneidad. Pienso que el futbolista debe ser entrenado para pensar e interpretar cada vez mejor lo que hay que hacer a partir de su capacidad cognitiva para entender el juego, y al mismo tiempo, tiene que poseer una serie de facultades para resolver situaciones que no siempre son las mismas.

A su vez, un equipo debería tener un margen de libertad para organizarse dentro de la cancha según vaya sintiendo el partido. La automatización absoluta atenta contra la improvisación y la creatividad, y es contraproducente para generar sorpresa en las zonas de definición. En resumen, cuando el orden es exagerado, el fútbol se muere.

Estas reflexiones vienen a cuento en función de lo visto el miércoles en el Cilindro. Un equipo -Racing- muy trabajado en las salidas desde atrás y la creación de superioridades numérica en mitad de cancha, pero controlable y previsible, sin originalidad ni ingenio en los metros finales. En tales circunstancias todo depende de que salga esa jugada ensayada en la semana. En este caso salió una vez, "ayudada" por una distracción de Fabra en la marca.

Enfrente Boca, sintiéndose cómodo una vez descubiertos los movimientos del rival y aguardando el momento para poner a correr a Villa o que aparezca la genialidad de Tevez o Cardona, pero también exhibiendo su falta de recursos colectivos cuando quedó abajo en el marcador.

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Racing parece ser un equipo plenamente consciente de que no le sobra ni funcionamiento ni desequilibrio para llegar al gol, y por eso prefiere ir manejando el partido con paciencia de atrás hacia adelante, algo que se supone querrá repetir en la revancha a favor de su ventaja. Lo de Boca es algo más difícil de entender.

Queda clara la intención de Miguel Ángel Russo de juntar a dos jugadores hábiles y talentosos como Tevez y Cardona, pero eso lo lleva a sacrificar a otros cuatro para compensar. Boca juega con dos wines lineales y con obligaciones defensivas,más dos mediocampistas que no elaboran, juegan a la misma altura y tienen poca capacidad de pase y gambeta. La mala construcción en la mitad de la cancha les crea un problema añadido a Tevez y a Cardona -que además se mueve de espaldas al arco y lejos su zona de influencia-: no reciben pases limpios para armar buenos ataques.

La pregunta, pensando en la revancha, es si Boca podrá transformarse en otro equipo de una semana a otra. Quizás juegue Soldano para retrasar a Cardona, prescindiendo de alguno de los punteros; tal vez sume un mediocampista para llegar más arropado adelante, pero es un equipo acostumbrado a la reacción, no al dominio, y me cuesta imaginar un Boca con circulación de pelota que pueda someter futbolísticamente al rival. Desde lo anímico el tema es distinto.

En medio de los partidos se libran un montón de disputas psicológicas, más aún en estos casos. La personalidad y el carácter son elementos complementarios que se despliegan al mismo tiempo que el juego.

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Racing está ante la posibilidad de dar unos de esos saltos cualitativos que quedan en la historia de un club. Aquel triunfo ante Independiente con nueve jugadores, haber eliminado al último campeón de la Libertadores y dejar en el camino a Boca serían tres hitos muy difíciles de repetir y le haría ganar a este plantel un altísimo nivel de respeto. Por su parte, a Beccacece le serviría para reivindicarse y demostrar que es un entrenador idóneo, capaz de superar adversidades y cuestionamientos. ¿Tendrán más peso estas circunstancias que pueden darle un punto más de compromiso y motivación o caerá en la trampa de la mezquindad por defender el 1 a 0?

Boca, se sabe, persigue esta Copa Libertadores como una obsesión, y las obsesiones para nadie son sanas. Lo mejor en estas situaciones es no ser consciente de estar haciendo historia. Hay que dejar que las cosas se vayan dando y no cometer el error de pensar en el final del partido antes de disputarlo, porque el peligro es que ese pensamiento te inhiba y te impida jugar bien. Quien conviva mejor con estas cargas también sumará puntos a favor para inclinar hacia su lado una serie apasionante.