‘Que los resultados demuestren que Adam Rippon es un atleta olímpico’: El alcance del patinador va más allá de la comunidad gay

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Gangneung, Corea del Sur – Una de las bromas más frecuentes de Adam Rippon, que desarma y empodera a la vez, se refiere a que no existen muchas diferencias entre un atleta homosexual y uno heterosexual.

“Hay que trabajar duro, pero generalmente lo haces con unas cejas más bonitas”.

Rippon, quien se desempeñó espectacularmente el lunes para ayudar a Estados Unidos a ganar la medalla de bronce en la competencia de patinaje sobre hielo de equipo, se unió al deportista de esquí acrobático Gus Kenworthy, para convertirse en los primeros estadounidenses que compiten en los Juegos Olímpicos de Invierno siendo homosexuales declarados.

Es un honor que él se toma muy en serio. Habla con extrema franqueza sobre su sexualidad, los desafíos que enfrenta su comunidad y la importancia de ser un modelo para los niños que son como él. Criticó la presencia del vicepresidente Mike Pence y afirmó que no aceptaría una invitación del presidente Donald Trump si organizara una ceremonia para los atletas olímpicos.

“No deseo ir a la Casa Blanca”, afirmó Rippon.

Sin embargo, quizá dejándose llevar por la rapidez con la cual se está moviendo la sociedad en este aspecto, Rippon también lo ha superado, a pesar de que los Juegos solo llevan unos pocos días. Puntualiza con orgullo que es homosexual pero, al igual que cualquier otro ser humano, no se define únicamente por su preferencia sexual.

Quiere ser un modelo a seguir para muchas personas, no quiere que lo marginen.

“Cuando salgo, no digo: ‘oh, yo era un joven gay’”, explicó Rippon. “Creo que todos pueden identificarse con la sensación de ser diferentes o sentir que no son lo suficientemente buenos o que nunca lo lograrán porque provienen de un pueblo pequeño. Yo también tenía esas dudas. Puedo salir y demostrar a los niños pequeños que todo es posible. No importa de dónde eres ni lo que dice la gente sobre ti, puedes dejarlo todo atrás, puedes salir y mostrarle al mundo lo que vales”.

La reacción de Adam Rippon después de su actuación, con la que ayudó a Estados Unidos a ganar el bronce en la competencia de patinaje en equipo. (AP)
La reacción de Adam Rippon después de su actuación, con la que ayudó a Estados Unidos a ganar el bronce en la competencia de patinaje en equipo. (AP)

Es un pionero que intenta abrir varios senderos al mismo tiempo.

Cuenta que es el mayor de seis hermanos y que creció en Scranton, Pensilvania, lejos de los semilleros de patinaje. A sus 28 años, también es el esquiador olímpico estadounidense de más edad desde 1936. Es un fiel testimonio de lo que significa no rendirse nunca a pesar de los reveses: fue suplente en 2010 y no logró entrar en el equipo en 2014. Confiesa que vio esos Juegos Olímpicos mientras comía hamburguesas de In-N-Out.

Este es un deporte para jóvenes prodigios, no para quienes se machacan. Sin embargo, en Scranton apuestan por otra manera de hacer las cosas: se esfuerzan mucho.

Todo forma parte de la historia, de su historia.

“Creo que a veces la gente dice: ‘Ah, soy demasiado viejo. No puedo hacerlo’”, dijo Rippon. “No me importa, quiero demostrarlo. Puedes hacer cualquier cosa”.

Rippon logra conectar con las personas como pocos, tanto en vivo como en la televisión. No es uno de los favoritos para ganar medallas en la competencia individual masculina que comienza el viernes, pero es imposible ignorarlo. Sus patines están llenos de vida, el entretenimiento que ofrece compensa cualquier deficiencia técnica. Nadie se divierte más sobre el hielo.

Dedica mucho tiempo y dinero a sus trajes, de diseño extravagante y a la moda.

“Échale un vistazo a su traje y al mío, el suyo es más elaborado”, comentó la estadounidense Mirai Nagusa con una sonrisa. “El patinaje artístico ha recorrido un largo camino”.

Extiende el cuidado de la apariencia a todos los detalles. Rippon admite que se ha sometido a un blanqueamiento dental para los Juegos.

“Solo quiero que hagan juego con el hielo”, dijo riéndose y burlándose de sí mismo.

El lunes, incluso horas después de su actuación, siguió siendo trending topic número 1 en Twitter, algo notable porque terminó en el cuarto lugar en su competición y el patinaje es un deporte popular en muchos países que no son precisamente famosos por los derechos de los homosexuales.

El temor a las represalias de los jueces mantuvo a los patinadores masculinos dentro del armario durante demasiado tiempo. Johnny Weir se negó a hablar o revelar su tendencia sexual cuando compitió en el año 2010. Estaba en su derecho, pero si tenemos en cuenta su franqueza actual, también fue una pena.

No se trata únicamente de la preferencia sexual. En 2014, el patinador sobre hielo estadounidense en la modalidad de danza Charlie White mantuvo en silencio su relación con su compañero de patinaje Tanith Belbin, porque creía que los jueces querían ver romance con su pareja Meryl Davis.

Así es ese deporte. O al menos lo fue.

Cuanto más habla Rippon, más interpretaciones fascinantes y conmovedoras ofrece, y cuanto más se le aprecia como la persona multifacética que es, más rápido cambia todo.

“Creo que venir a los Juegos Olímpicos ha sido una oportunidad realmente maravillosa para compartir lo que pienso y revelar mis puntos de vista”, explicó Rippon.

“Sin embargo, mi madre siempre me enseñó a defender a las personas que no tienen voz. Todo no gira en torno a ti. Se trata de salir y compartir tu historia. Le he conferido a mi patinaje un propósito mayor”.

Siempre existe una solución para cualquier barrera que detenga a alguien, ya sea el miedo, la edad o la falta de aceptación, confianza u oportunidades.

“Trabaja duro”, aconsejó Rippon. “Ponte metas. He tenido los mejores patines de mi carrera porque he soltado esas dudas. Finalmente he encontrado mi camino y ahora estoy aquí, en los Juegos Olímpicos.

“Soy un atleta olímpico. Ellos acaparan imágenes. Pueden salir adelante. Dejemos que los resultados muestren que Adam Rippon es un atleta olímpico”.

Él ya lo logró, pero también tiene por delante muchas otras cosas que hacer.

Dan Wetzel

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