Lo que esconde la entrevista para prestigiar a Juan Carlos I

Asier Martiarena
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El rey Juan Carlos en uno de sus mensajes más famosos, el de la noche del 23 de febrero de 1981. EFE
El rey Juan Carlos en uno de sus mensajes más famosos, el de la noche del 23 de febrero de 1981, ante el golpe de Estado en el Congreso de los Diputados en Madrid. Para muchos, aquella noche Juan Carlos I se ganó su legitimidad como monarca. EFE

Han sido años, casi una década si retrocedemos hasta el incidente durante la escapada para cazar elefantes en Botsuana, el tiempo en el que casi todas las noticias o informaciones relativas al rey emérito suponía un descrédito más para Juan Carlos I y un lastre extra para el desprestigio de la Casa Real española.

Regalos millonarios a su amiga entrañable Corinna, el patrimonio personal oculto en el extranjero, sus amistades con ilustres como Mario Conde o Javier de la Rosa que acabaron encarcelados, su relación extramatrimonial con Marta Gayá, el dinero en paraísos fiscales, la fundación en Panamá con el rey Felipe VI como beneficiario... Una lista de conductas reprochables, moral y/o judicialmente, que han deteriorado severamente la imagen del "hombre del milagro de la Transición" a la democracia, o el del piloto de la "modernización de España” como durante años se le ha definido.

El daño es irreversible. O está a punto de serlo, de ahí que el inminente 40 aniversario del 23-F sea la última bala de don Juan Carlos para tratar de recuperar parte del prestigio que tuvo justo cuando arrecian los rumores del empeoramiento de su estado de salud hasta el punto de poder precipitar su vuelta a España. 

Como señala en su último libro el periodista José Antonio Zarzalejos, una de las personas que mejor conoce lo que se mueve y se ha movido en la Casa Real en las últimas décadas, el rey emérito es "un personaje bifronte: admirable en algunos aspectos y extremadamente vulgar en otros hasta el punto de perder la más alta consideración y reputación de la sociedad".

Este es el contexto en el que hay que analizar la entrevista que el monarca ha concedido al diario El Mundo y en donde relata en primera persona sus recuerdos de aquel histórico día de febrero de 1981. Memorias en las que desvela el papel jugado por el general José Juste para que no prosperara el golpe de Estado fallido del 23F. 

El rey emérito no ahorra en detalles y remarca que el entonces jefe de la División Acorazada Brunete fue el "héroe callado". Quien "realmente hizo que (Alfonso) Armada no entrara a Zarzuela e hiciese creer al resto de los implicados que yo estaba en el golpe". 

Un reconocimiento de méritos, el de Juste, al que nadie le pone un 'pero'. Pero que se usa hábilmente como excusa para recordar que, en el fondo, fue el Rey Juan Carlos quien paró el golpe convirtiéndose en salvador y garante de la democracia". Una restitución de la honra del emérito que llega justo en su momento más débil, cuando más se tambalea su imagen y cuando menos margen tiene para restaurarla por sí solo ya que desde que decidió instalarse en Abu Dabi su papel es nulo.

Sin embargo, la jugada no ha salido perfecta. Porque el Rey se ha limitado a hablar, a través de Juste, de su papel en el 23F. Pero ¿Qué hay de la España de 2021? ¿Y de sus cuentas pendientes con la Justicia? ¿No era el momento de hacer alguna referencia a la situación actual del país con la que está cayendo con la pandemia? Demasiadas preguntas que han quedado sin respuesta para una persona que apenas concede entrevistas y a quien apenas le quedan oportunidades para prestigiarse ante la sociedad.

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