Los Pumas: punto por punto, cómo llegan al debut del Tri-Nations en Australia

Alejo Miranda
·5  min de lectura

Cuando empezó la pretemporada en agosto último, con el solo hecho de participar ya se podían dar por satisfechos. La preparación, minada de contratiempos, alcanzó su punto más saliente con el amistoso del sábado. Allí quedó la sensación de que, además, los Pumas llegan al debut con los All Blacks en condiciones de ser competitivos, cuanto menos. El presente de neozelandeses y australianos, además, de acuerdo con lo que mostraron en sus cuatro enfrentamientos previos, deja un pequeño resquicio para ilusionarse con que cuando el Personal Tri-Nations llegue a su fin el 5 de diciembre, se suban al avión con alguna victoria en el equipaje. Para eso todavía falta muchísimo.

No hay que perder de foco que los Pumas llegan con una enorme desventaja respecto de sus rivales. Cuando los jugadores recién pudieron comenzar a hacer algún esbozo de entrenamiento colectivo (sin contacto, sin pelota) después de cinco meses de aislamiento, sus rivales estaban en las últimas instancias de los hipercompetitivos Super Rugby locales.

Los mejores argentinos, los que actúan en Europa, sí tuvieron competencia, pero recién pudieron integrarse al resto del plantel apenas diez días antes del debut. Y sólo tuvieron un amistoso en conjunto. Por esas mismas razones Sudáfrica, el campeón defensor del Rugby Championship y el campeón del mundo, desistió de participar en la competencia.

Entre las adversidades que atravesaron los Pumas se pueden contar una ola de contagios de coronavirus que casi puso todo en jaque, un exilio a Montevideo y una partida prematura rumbo a Australia, ambos con cuarentena incluida, y la mencionada integración tardía con los jugadores que actúan en Europa.

El clima interno

Además, los Pumas acarrean sus propios dilemas internos. Luego de la decepcionante performance en el Mundial de Japón quedó en evidencia que la relación jugadores-entrenador estaba resentida y el propio Mario Ledesma reconoció en una entrevista con ESPN que en este lapso estuvo poniendo énfasis en la faz psicológica. Ledesma encaró una transformación que tiene el Mundial de Francia 2023 como fin último, y para ello apostó por un buen número de jugadores jóvenes sin experiencia internacional, algunos incluso con nulo o mínimo recorrido en Jaguares.

Es el comienzo, también, del regreso a la vieja normalidad de los Pumas, con sus figuras desperdigadas por el mundo, exacerbado esta vez por el aislamiento al que se sometieron los "europeos". Finalmente, cabe consignar las bajas, algunas de peso como las de Tomás Lavanini, Matías Moroni, Joaquín Díaza Bonilla y Agustín Creevy, otras menos relevantes pero igualmente costosas como Joel Sclavi, Enrique Pieretto y Lucas Bur.

En Sydney, la delegación argentina cuenta con 45 jugadores. No todos verán acción en el Personal Tri-Nations. Mantener la motivación y la cohesión grupal, después de cuatro meses de convivencia, no deja de ser un desafío más para todo el grupo.

El escollo más grande que deberá sortear el seleccionado, en definitiva, no deja de ser el poderío de los rivales con los que se encontrará. Nueva Zelanda es la máxima potencia a nivel mundial. Indiscutible al margen de la coyuntura. Lo plasmaron en la apertura del certamen en Sydney. Cuando juegan así, son invencibles. Y Australia, con la gran ventaja de la condición de local, demostró sus credenciales ganando el sábado en Brisbane; en los cuatro partidos de la Bledisloe terminó con el auspicios balance de un triunfo, un empate y dos derrotas.

No obstante, los dos llegan con condicionantes que hacen que no sea tan oscuro el panorama para los Pumas. Nueva Zelanda está en los albores de un nuevo ciclo. La renovación en el plantel no es tan profunda y el nuevo entrenador, Ian Foster, representa una continuidad al proceso de Steve Hansen. Así y todo, hay muchos jugadores nuevos y con poca experiencia y es de esperar que el recambio que empezó este fin de semana continúe en los dos encuentros ante los Pumas. Más allá de la impactante performance en el primer partido del Personal Tri-Nations (el tercero de la Bledisloe Cup), en los otros tres cruces con los australianos lucieron como un equipo muy terrenal.

La metamorfosis australiana

Australia, en cambio, sí inició una transformación profunda. Después de seis años no está más Michael Cheika, reemplazado por un neocelandés clásico como Dave Rennie. El ex bicampeón del Super Rugby con Chiefs impuso una impronta basada en la defensa y en la batalla física que le dio réditos. Los Pumas se sienten cómodos en ese terreno. Incorporó gran cantidad de jugadores jóvenes que los argentinos conocen del Super Rugby, e incluso vencieron reiteradamente. En los dos auspiciosos amistosos con Australia XV ya se enfrentaron a varios de ellos, y bien se podrían volver a ver las caras.

En esos dos partidos, los argentinos evidenciaron que pueden "rivalizar físicamente" (Ledesma dixit) al nivel que exige esta prueba. Jugar con los All Blacks (el primer rival, el sábado a las 3.10 hora argentina en el Bankwest Stadium de Sydney) es una historia completamente distinta. Mantener la intensidad durante los 80 minutos es otro desafío cuya respuesta no se conocerá hasta que se vivencie en la cancha.

Por lógica, los Pumas aspiran a ir de menor a mayor. A medida que pasen los partidos, con la ayuda del dios de las lesiones mediante, se irán sintiendo más cómodos como equipo y más a tono con una intensidad de juego a la que se desacostumbraron. Y no deja de ser una incógnita el desgaste que acumulan los rivales, que están en el final de una temporada completa.

Soñaban con participar. Se pusieron en condiciones de competir. Ganar todavía está en el fondo de la lista de objetivos de los Pumas. Todavía.