Los Pumas asumen los riesgos del desafío, ya camino a Francia 2023

Jorge Búsico
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La última foto de los Pumas está fuera de foco, aunque se alcancen a divisar imágenes emotivas y festivas por el retiro de Juan Leguizamón y el triunfo ante Estados Unidos por un amplio 47-17. Aquella tarde soleada del 9 de octubre del año pasado en Kumagaya selló la rápida partida de la Copa del Mundo de Japón, que en realidad se había concretado unos días antes en Tokio, luego de la derrota contra el imperio inglés. Nadie podía suponer entonces que la espera para volver a jugar un test iba a durar tanto: 402 días; un año, un mes y cinco días. Pandemia mediante, ese es el tiempo que habrá transcurrido cuando pasado mañana el seleccionado salte al césped del Bankwest Stadium de Sydney para enfrentarse con Nueva Zelanda por el Tres Naciones, la versión reducida del Rugby Championship por la renuncia de Sudáfrica. Llegó, al fin, la posibilidad de empezar a recorrer el camino hacia Francia 2023.

El seleccionado argentino debió recurrir a una logística inédita para afrontar estos cuatro partidos, los únicos del 2020. En algunos aspectos, con similitudes a la que se apela para un Mundial. El grueso del plantel dejó la Argentina el 22 de septiembre y regresará el 6 de diciembre, al día siguiente del cierre del torneo, que será también en Sidney pero contra los Wallabies. Serán 75 días que habrán incluido una adaptación en Montevideo, un largo viaje a Australia, dos burbujas sanitarias en ese país, dos amistosos y una preparación física, técnica y mental que requirió de dos etapas en dos grupos, ya que sobre el final se unieron los que llegaron desde Europa.

Si bien todo este panorama puede mostrar un amplio terreno no apto para una competencia en la que estarán enfrente nada menos que All Blacks y Wallabies, y con ambos en plena competencia como si la pandemia para ellos no hubiese existido, hay que mirar el mapa completo. Por un lado, porque los Pumas históricamente responden como pocos ante estas adversidades. Por el otro, porque quizá esta espera y estas condiciones se vuelquen en favor en el objetivo de quitarse la astilla que sigue clavada en la planta del pie desde la eliminación en Japón.

En este último punto hay otro dato: la cantidad de jugadores que llevó Mario Ledesma. Hay 45 en este momento en Australia. Nunca un plantel Puma fue tan populoso para una competencia. Es un grupo variopinto: los que buscan la revancha de Japón, los que pelearán por tener un lugar en el futuro, los que quizá estén viviendo sus últimos años en el seleccionado. Podemos ir desde la enorme posibilidad de la que dispondrá Javier Chocobares hasta la ansiada y merecida vuelta de Juan Imhoff.

Está claro que esta no es para nada la mejor opción que ofrecía el post Japón. Pero dentro de una pandemia que rompió casi todo el proyecto del rugby profesional argentino, al equipo, fundamentalmente a Ledesma, le vino bien que los tiempos se alargaran no sólo para tomar más distancia de aquel traspié, sino también para preparar mejor lo que viene.

Habrá riesgos, por supuesto. Por eso renunció Sudáfrica. La falta de ritmo de juego -individual y colectivo- será lo que más se sentirá, seguramente. Se deberá trabajar la parte mental para dosificar las ansiedades -es una carencia que los Pumas no tengan en el staff a alguien especialista en ese tema- y encontrar el patrón de juego más allá de los resultados. Los ABs y los Wallabies son favoritos, pero vale dejar espacio para una sorpresa argentina.

Como en Japón la última vez, habrá que madrugar para ver a los Pumas. El comprometido director Fernando "Pino" Solanas, que murió el sábado, dijo hace un tiempo en una entrevista con el diario Página/12 algo que puede trasladarse a lo que viene para los Pumas y Ledesma: "El cine es un rectángulo en el que hay que meter todo. Por eso tiene que haber riesgo. Andar para atrás, por ejemplo. El desafío es cómo hacerlo".