Pulga Rodríguez: PR7, la dedicatoria a pedido y la venganza de los pobres

Juan Manuel Trenado
·3  min de lectura
El festejo del gol del Pulga Rodríguez a pedido de una simpatizante de Colón
El festejo del gol del Pulga Rodríguez a pedido de una simpatizante de Colón

Después que digan lo que quieran. Pero ahora es tiempo de disfrutar a Pulga Rodríguez. El hombre cruzó los límites que separan lo correcto y lo incorrecto. Está más allá. Su presencia en una cancha justifica la subsistencia de un fútbol argentino en crisis, cada vez menos atractivo y más neurótico.

Pulga parece haber alcanzado el estado yogui. El contexto no lo altera. Es lo contrario. Su sola presencia domina a los que lo rodean. Los que en la palabra sabiduría sólo aceptan el valor intelectual tal vez no lo entiendan. Pulga es un sabio en aspectos más vinculados con lo cotidiano, con lo barrial.

Hasta los de Estudiantes lo aplauden de pie: otras dos joyas de Pulga Rodríguez, para el triunfo del imparable Colón

Tiene 36 años y el estado atlético nunca fue una virtud. Al contrario. Se mueve bastante despacio por el terreno. Como si estuviera cansado o le faltara entrenamiento. Y mientras la mayoría corre, él camina. Espera una oportunidad entre tanto revuelo. Y cuando actúa, especialmente en las dos últimas temporadas, casi todo lo que hace tiene distinción de sobresaliente. Hizo goles admirables, aplaudidos hasta por sus adversarios. Porque Pulga, en el fondo, es igual a todos, más allá de la camiseta. Difícil será encontrar a alguien que no quiera que le vaya bien.

Nunca estuvo cerca en un equipo grande. Si existe un Dios, sabrá por qué. Tal vez por lo que dicen de su irregularidad. Su falta de consantacia, su insuficiente 1,65m. Esos mismos detalles físicos por los que los cultores del juego moderno desprecian a los que no logran ponerse detrás de la línea de la pelota a la hora de defender.

Tampoco se trata de exagerar y lanzar comparaciones impropias, o ponerlo a la altura de los europeos. El apodo PR7, en referencia a Cristiano Ronaldo es parte de la cultura Pulga. Es una burla a la supuesta perfección del primer mundo y una búsqueda de alegría entre las injusticias del tercero.

Intentó jugar en Europa. Tenía 14 años. Llegó empujado por falas promesas de uno de los muchos representantes inescrupulosos. Soñaba con Real Madrid, con Inter. Pero lo abandonaron. Durmió en la calle antes de poder volver al país para trabajar de albañil.

Mucho cuidado. Elogiar el potrero de Pulga no es destacar el entorno de adversidad en el que se formó. Ni exaltación del mal gusto. Para nada. Es la demostración de que también puede haber brillantez en el fútbol de tierra y zapatillas. Y felicidad. Pulga siempre sonríe.

En las últimas horas se viralizó un intercambio de mensajes que tuvo con una simpatizante de Colón, que le escribió para pedirle algo muy especial. Una dedicatoria para su abuelo fallecido. El atacante le contestó: “Lo siento mucho. Dios quiera señalo al cielo si hago un gol”. Después que digan lo que quieran, si la sintaxis no es perfecta. El mensaje lo es. El saludo, después de su gol, lo fue, también. Línea directa con el pueblo.

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La emotiva historia Camila Bertotti y su abuelo, Omar Meynet, fue relatada por el portal Santa Fe 24. Meynet, de 82 años, falleció este sábado y había sido el fundador del CODE, el observatorio astronómico de la provincia.

Que Colón sea líder en su zona, con puntaje perfecto y él goleador del torneo en cinco fechas, tiene componentes de literatura fantástica. El final perfecto sería con la vuelta olímpica, una celebración ideal para concretar la venganza de los pobres. Una revancha que seguramente es más buscada por sus seguidores. Porque esa es otra parte buena de la cultura Pulga. Aunque la locura del triunfo es una seducción irresistible -para algunos una obsesión-, los que poco tienen saben que el éxito nada tiene que ver con ser feliz. Y llenan vacíos con los pequeños regalos del antihéroe.