Pulga Rodríguez, ese humilde tucumano a quien el tiempo le dio la revancha y se metió en la historia dorada de Colón

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Colón de Santa Fe, campeón de la Copa de la Liga: Pulga Rodríguez levanta el trofeo.
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SANTA FE.- Desde el viernes a la noche, por esas cosas que solo el hincha de Colón sabe por qué, el “Pulga” Rodríguez se metió en la historia dorada del sabalero. Entró en ese mundo mágico que Colón tiene reservado para algunos pocos. Como el Gato Andrada, como la Chiva Di Meola, como Cococho Álvarez, como Bichi Fuertes... El “Pulga” sí que hizo historia. Con sus goles, con sus asistencias, con esa bonhomía que le hizo generar muchos amigos, algo que no es fácil para quien no es de este suelo pero que, mucho más, no se gana el corazón rojinegro sin convirtiéndose en ídolo.

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De probarse en el Inter y el Real Madrid a trabajar de albañil. Así fue su vida. Pero a los 36 años, nacido el 1° de enero de 1985 en Simoca, Tucumán, Luis Miguel “Pulga” Rodríguez se dio el gusto. Es campeón del fútbol argentino. Añoraba serlo. Y lo dicen sus amigos, aquellos tucumanos y estos que en esta capital coinciden en que se “sacó la espina” que le dejó la final perdida en 2019, aquella lluviosa tarde en “La olla” de Asunción del Paraguay, cuando ese equipo que dirigía Pablo Lavallén no pudo conquistar la Copa Sudamericana, ante Independiente del Valle, que lo derrotó por 3-1. Esa tarde el Pulga erró un penal. En su intimidad, sabía que algún día iba a devolverle a los hinchas sabaleros esa alegría que aquella vez no pudo ser.

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Ese muchachito que para subsistir debió trabajar de albañil, pintor y otros trabajos, para ayudar a la familia numerosa de 9 hermanos, hoy no olvida aquellas limitaciones económicas. Sigue agradecido del gesto de Pocholo, su papá, que a pesar de sus limitaciones económicas pudo regalarle un par de botines para que no siguiera jugando descalzo. El Pulga sabe valorarlo: “Cuando se sufre en la infancia, lo que se logra después se valora y se cuida el doble. Uno no se olvida de aquello”, dijo alguna vez.

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Tan lejano parecen aquellos hechos que fueron marcando su vida. A los 13 años se fue a Italia a jugar en el Arezzo, de la segunda división del Calcio italiano. Estuvo en las divisiones inferiores del club y llegó a jugar el Mundialito de fútbol base que se jugó en la isla Gran Canaria, en 2003. Luego de no quedar en el equipo español, y de haberse roto el acuerdo con el Inter, de Milan, apareció un agente que le prometió hacerlo fichar por el Craiova rumano a cambio de 500 dólares mensuales, pero no sólo desapareció sino que el “Pulga” se vio tirado en una estación de trenes sin dinero, vivienda ni club, ni siquiera conocía el idioma.

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Luego de un larguísimo viaje lleno de escalas, consiguió volver a su casa y le dijo a su madre, Betty, que había decidido no jugar más. “Pero mis padres no querían que trabajara y me desgastara porque tenía que seguir jugando”, declaró a su regreso. No olvida donde jugó antes de obtener este especial campeonato. Estuvo en Racing de Córdoba, en Newell’s Old Boys de Rosario, pero pasó sus grandes años de futbolista en Atlético Tucumán. Allí fue campeón del Torneo Argentino A en 2008 y del Nacional B en 2009, campeón del Nacional B en 2015 y finalista de la Copa Argentina en 2017 más la disputa por Copa Libertadores en 2018, hasta que en 2018 llegó una oferta de José Vignatti para incorporarse a Colón.

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Seguramente, Colón fue marcándolo. Fue con la camiseta rojinegra donde volvió a tener actuaciones destacadas, tanto en la Superliga como en aquella Copa Sudamericana. La crítica lo mostró como un futbolista destacado; sus goles sorprendieron a todos porque reflejaban su gran talento y capacidad técnica. Así fue escribiendo una página dorada de su historia.

Se escribieron muchas líneas sobre su juego, pero entre tanto brillo –muchas veces ficticio, con figuras que no lo son- él reluce precisamente por su humildad. Es, como muchas veces se dijo, la estrella más terrenal del fútbol nacional. Algunos insisten que Luis Miguel Rodríguez es desprejuiciado, con una gambeta única y con la marca registrada de que todos tus tantos son golazos, que despiertan admiración. De hecho, varias fue considerado figura de la fecha. Pero habrá que coincidir que en la cancha el Pulga se divierte y contagia. Desde sus caños a los árbitros luego del sorteo inicial, hasta sus jugadas magistrales que muchas veces abren un partido chato o suele definirlos.

Es ese compañero ideal en el “fulbito con amigos”, pero con la responsabilidad de un jugador profesional. A ese humilde tucumano, el tiempo les dio la revancha. Tuvo la gran chance y la aprovechó. Como todo Colón. La página de esta historia ya está escrita.

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La clase del Pulga Rodríguez, ante la marca de Piatti. (Pool Argra /)

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