PSG-Bayern Munich: Neymar jugó un partidazo, al que sólo le faltó el gol, y celebró con un insulto argentino

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El defensor austríaco del Bayern de Múnich David Alaba (L) lucha por el balón con el delantero brasileño del Paris Saint-Germain Neymar durante los cuartos de final de la Liga de Campeones de la UEFA segundo partido de fútbol entre el Paris Saint-Germain (PSG) y el FC Bayern de Múnich en el Parc des Princes estadio de París, el 13 de abril de 2021.
FRANCK FIFE

“¡P... madre!”. El grito de Neymar resonó en el desierto Parque de los Príncipes parisino. La mole de cemento fue testigo mudo del abrazo del astro brasileño con el argentino Leandro Paredes, segundos después de que el árbitro italiano Daniele Orsato decretara el final del partido. Los parisinos perdieron este martes por 1-0, pero ganaron en el global. Ahora, con el tridente de ataque conformado por el exBarcelona, el argentino Ángel Di María y el francés supersónico Kylian Mbappé, esperan al ganador de la serie entre Manchester City y Borussia Dortmund.

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El mejor Neymar es el que gesticula, el que habla con sus compañeros, el que los arenga, el que les pide la pelota todo el tiempo. Ese Neymar, encarador empedernido, futbolista de playa, se dio una vuelta por París y fue decisivo para que el equipo dirigido por Mauricio Pochettino se clasificara a las semifinales de la Champions League.

Es cierto, le faltó el gol. Pero no gritó porque el travesaño, primero, y el palo, después, le ahogaron el festejo. También es cierto: perdió varias pelotas a merced de la presión alta de los germanos, esforzados en recuperar en campo de los franceses para atacar sin miramientos el arco defendido por Keylor Navas, de una temporada extraordinaria. Pero nadie podrá negar que el Neymar del desquite fue similar al de 2015. Esa versión eléctrica, contagiosa, vertiginosa, que brilló al lado de Lionel Messi y que encandiló a media Europa. Los petrodólares qataríes pagaron su cláusula y ahí está él, brillando con luz propia con la camiseta de PSG, aunque sin renovar aún su contrato.

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Después del abrazo con Paredes, Neymar consoló a David Alaba, el estandarte de la defensa de Bayern. El austríaco disputó su última serie de Champions con los bávaros y su futuro parece estar en La Liga con Real Madrid. Le siguió el pechazo con Paredes, su compinche del mediocampo. “Aquí está París”, escribió más tarde en Instagram. La sonrisa del brasileño siguió ahí, indeleble. Y recordó a sus comienzos en Santos, cuando él solo llevó al equipo a lo más alto del continente. Todavía era Neymar Junior. Ya es Neymar.

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Tan fundamental es que Mauricio Pochettino, su entrenador, le dedicó el abrazo más largo y especial post partido. El brasileño escondía su trofeo al mejor futbolista del encuentro cuando se fundió en ese salido con su DT, que parece haberle encontrado el lugar en el campo recostado sobre la banda izquierda, pero sin ser un wing o un extremo puro. Neymar hace de todo, como cuando apareció como centrodelantero tras una apilada de Di María. Atinó a decirle que esperaba el pase un par de pasos más atrás, en el corazón del área y no pegado a la línea de sentencia. El ex Rosario Central se lamentó. Neymar, también. El gol hubiera sido el corolario ideal para un partido casi perfecto.