Un profesor llamado Miki Roqué

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El 24 de junio de 2012, los medios de comunicación dieron a conocer la noticia sobre el adiós del defensor del Betis, y no fueron pocos los portales que, conmovidos por el desenlace, titularon que Miki Roqué perdió la batalla contra el cáncer. La precisa información, leída con otros ojos o escuchada con otros oídos, transmitía un mensaje ambiguo. ¿Fue realmente así? ¿Perdió? ¿Perder es el verbo correcto en esta narración?

Dicen que las lágrimas son las letras que utiliza el corazón para contar un segundo relato. Y, en esta historia, las lágrimas existieron y existirán, por supuesto. Pero si el juego de la vida se define por fallecimiento, la derrota fue, es y será siempre insalvable. Si el juego, acaso, se define de otro modo, Miki (o Miquel, para su familia) es un campeón del mundo que no necesitó medalla para consagrarse. Aquí es donde aparece la figura de maestro, donde sobresale la sabiduría de ese jugador que, con apenas 23 años, dejó en claro que la muerte, de algún modo, nos iguala a todos, que la diferencia está en cómo se vive. Aquí brilla la estampa del profesor Roqué.

Carles Puyol, amigo del eterno 26 (como lo recuerdan en el Benito Villamarín), lo resumió de forma certera. “La lucha no te permitió la vida, pero ha hecho una gran cosa: nos ha dado más vida a los que te rodeábamos”, afirmó el catalán nacido en La Pobla de Segur, a trece kilómetros de Tremp, el pueblo del central que defendió también la camiseta del Liverpool, debutando en un partido de la Champions League contra el Galatasaray.

Miki Roque Liverpool
Miki Roque Liverpool

¿A qué se refiere el histórico capitán del Barcelona con su sentencia? Miki, desde que comenzó el tratamiento contra el tumor en la pelvis (marzo de 2011) hasta el final del mismo, revolucionó cada suelo que pisó y cada ambiente que respiró. Fueron casi 16 meses en los que, alejado de cualquier tipo de prensa, se dedicó a transmitir infinitos mensajes e infinitas enseñanzas. Desde las más espirituales hasta las más cotidianas. Con el humor más sano o con la reflexión más seria. Con su voz o con su ejemplo. Enseñó cómo divorciar la palabra “miedo” de la palabra “futuro”, cómo cambiar el transcurrir que tenemos por el vivir que deseamos y cómo darse cuenta de que algunas prohibiciones nacen del prohibido. Dio lecciones sobre la intensidad y motivó para creer más seguido que el poder se construye con el intento.

“Lo que yo he aprendido con Miki, no se puede aprender en una carrera. Eso te pasa o no te pasa en la vida. A mí como médico me ha enriquecido mucho, pero más como persona. A mí me gustaría en la vida mantener los valores de Miki”, explicó Ricard Valdés, hermano del exportero Víctor Valdés y anestesista en la Clínica Dexeus donde estuvo ingresado el futbolista bético.

Gabriel Masfurroll, exdirector del mismo hospital, dio otro de los tantos testimonios que resaltaron la energía que transmitía el joven nacido en la provincia de Lleida, quien buscó armonizar cada uno de los días y, en distintas situaciones, hasta logró transformar un dolor extremo en belleza. “Para mí, es incomparable con otros pacientes… Vi pasar todo: niños, ancianos, agradecidos, desagradecidos… Todo. Nunca tuve y nunca volveré a tener una relación como la que tuve con Miki porque fue una relación muy productiva, muy fructífera”, contó el empresario para ayudar a dar una respuesta que está cada vez más clara: Miki ganó y cuánto nos hizo ganar a todos…

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