Problemas para Boca: un plantel caro y numeroso, y poca competencia por delante

Franco Tossi
lanacion.com

Eduardo Salvio, uno de los onerosos refuerzos de un Boca ahora restringido en desafíos

Las caras que se retiraron tan apagadas del estadio Ciudad de La Plata lo decían todo. Boca, más allá del papelón ante Almagro por la Copa Argentina, se metió en un problema del cual ya no tiene salida en lo que resta del año. Para esta temporada, como en las anteriores, hubo una billetera que no dejó de gastar para contar con jugadores llenos de jerarquía y cotizados muy por encima de los que pertenecen a otros clubes. Así y todo, por estas horas hay un plantel desconcertado con la derrota y una administración de recursos que está por verse en el futuro próximo.

La múltiple competencia era una situación óptima para Gustavo Alfaro, a quien no le gusta que le sobre material, con el fin de darles oportunidades parejas a sus dirigidos. Pero ahora quedan por delante apenas dos competencias, que no se interponen demasiado: la recién iniciada Superliga y la Copa Libertadores, en sus últimas tres etapas. Está claro que la segunda es la obsesión y la máxima obligación, pero se trata de una competición a suerte y verdad: los mano a mano continentales son complicados y, muchas veces, traicioneros. Y el torneo sudamericano ya no contiene aquel formato apretado: al ser anual, hay un lapso considerable entre instancias, lo que hace que el descanso no sea tan vital, aunque es siempre utilizado con lógica.

El miércoles próximo, el conjunto xeneize encarará el partido de ida de los cuartos de final en un contexto siempre difícil. los 2850 metros de altura de Quito, frente a Liga Deportiva Universitaria. Y nada le asegura a Boca que superará esa barrera. Al conjunto dirigido por Alfaro le quedan a lo sumo cinco encuentros en el certamen, hasta fin de noviembre. En caso de que no llegue a la final, y sobre todo si no alcanza una semifinal, el recambio será menos necesario, habrá jugadores que aparecerán en menos ocasiones y otros, directamente, no tendrán posibilidades. Muchos de ellos requirieron inversiones nada pequeñas para sus incorporaciones.

Situación que para este director técnico es un poco incómoda. La prueba es algo usual en Boca desde enero: los jugadores rotan constantemente, sin que exista una formación inicial fija. "Para mí no hay titulares ni suplentes", dijo el entrenador hace unos días. Pero el embudo de competencias en el que se metió el equipo quizás lo induzca a lo contrario: discernir cuál es el mejor equipo, para asentarlo, para que los elegidos se sientan seguros.

Uno ejemplo es Marcos Díaz. Con el exarquero de Huracán muy superado por Esteban Andrada en la carrera por la titularidad, la decisión era que defendiera los tres palos en la disputa de la Copa Argentina, como lo hizo contra Estudiantes, de Río Cuarto, y Almagro. Consumada la eliminación, será difícil que el santafesino vuelva a atajar en este semestre.

Para colmo, si llegara a quedar la Superliga como único compromiso en la temporada, ya no habría títulos de campeón para Boca en este año (el torneo finalizará en marzo). Y eso implicaría un golpe duro para el oficialismo con miras a la elección de diciembre.

Aparecen los interrogantes

Por otro lado, el equipo se cargó de dudas en el momento más inoportuno. Alfaro lo negó ante la prensa, pero quedó la impresión de que la alinación que se enfrentó con el conjunto tricolor en La Plata tuvo al menos siete u ocho futbolistas que se proyectaban titulares en Ecuador para el próximo miércoles. El primer tiempo brindó una imagen de esas que agradan e ilusionan más allá de la calidad del rival, pero en el complemento Boca fue superado y terminó pálido. Entonces, los interrogantes empezaron a aparecer en la mente del director técnico: sus hombres desaprovecharon la chance de convencerlo, de ratificar la idea y de viajar a Quito con confianza. El mediocampo fue lo más parejo y parece salir de memoria, con un asterisco en cuanto a Daniele De Rossi, que no tendría muchas chances de actuar en Quito, por su falta de costumbre a la altura. El resto genera incertidumbre.

"Siempre que venimos bien recibimos un golpe", analizó el DT tras la derrota por penales. Y ahí radica otra de las dudas: la frase muestra a un Alfaro algo debilitado. Cuando asumió, luego del derrumbe anímico que sufrió Boca en Madrid contra River, él estaba convencido de que su ciclo debía comenzar con la recuperación de la mentalidad ganadora. Y pareció conseguirlo con una etapa de grandes números, hasta que Tigre le ganó la final por la Copa de la Superliga. El plantel tuvo con qué recuperarse: unas vacaciones inmediatas como para dejar atrás el paso en falso, comenzar la temporada con una sonrisa y superar contundentemente a Paranaense por la Libertadores. Hoy el panorama es diferente: casi sin respiro, Boca tiene la próxima semana un cruce a todo o nada.

La cara del presidente, Daniel Angelici, al irse del estadio evidenció fastidio y agotamiento por un fracaso futbolístico más de su mandato. El de Alfaro empieza a ser un ciclo más parejo entre lo bueno y lo malo: de los grandes números oficiales (18 victorias y 3 derrotas en 32 encuentros), la obtención de la Supercopa Argentina y el buen rendimiento copero sudamericano, pasó a contar aquella derrota a manos de Tigre, una acumulación de partidos en que el conjunto es superado en el juego y la histórica caída ante Almagro (la más ominosa por la Copa Argentina, dada la categoría del adversario, que integra la primera Nacional).

Boca va en busca de un futuro exitoso, pero se mueve entre dudas y un embudo de competencias.

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