'Positivismo corporal', así moldean los valores de los niños más pequeños

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Los libros para niños son fundamentales para el desarrollo de sus valores.
Los libros para niños son fundamentales para el desarrollo de sus valores.

La importancia de los libros para niños es desconocida hasta que se abren y se empiezan a pasar sus páginas. Es entonces cuando los recién llegados a eso de contar historias antes de dormir se dan cuenta de la influencia que esos dibujos y rimas tienen en los más pequeños, tanto que es uno de los primeros elementos que dan forma a su personalidad, que moldean su carácter y dan relieve a su aprendizaje. Su contenido no sólo tiene que ver con enseñarles a reconocer los colores, los números o los animales, también salen a relucir temas como los sentimientos, la inclusión o, más recientemente la aceptación y el respeto. Muchos de los valores que queremos para nuestros hijos residen en libros como el que han escrito dos blogueras de Atlanta, Ady Meschke y Katie Crenshaw, quienes identificaron una laguna que han llenado con éxito: el culto a los cuerpos perfectamente imperfectos. 

Ambas escritoras se dedican a publicar contenido positivo en sus blogs, los cuales tiene que ver con la aceptación y el respeto a aquellas personas que portan tallas grandes. También son madres y la combinación de su sabiduría sobre las redes sociales y la necesidad de educar a los más pequeños sobre este tema tan sensible que suele convertirse en una de las razones para hacer bullying, hicieron que ‘Su cuerpo puede’ (‘Her Body Can’ en inglés), haya visto la luz. 

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Los expertos afirman que la mayoría de los aspectos de la personalidad de los más pequeños se moldea hasta los cuatro años de edad. Ya de adolescentes, la belleza se convierte es uno de los asuntos que más afectan, tanto es así, que hay estudios que concluyen que un 53 por ciento de las niñas estadounidenses de 13 años de edad expresa insatisfacción con su cuerpo. Otro dato demoledor es que el 50% de las niñas de este rango de edad e incluso menores están preocupadas por su peso. Atajar con el problema es para Meschke y Crenshaw una cuestión de tiempos, cuánto antes se les enseñe que todos los cuerpos son bonitos, antes se sentirán bien consigo mismas, consigo mismos y con más normalidad tratarán a los que tengan mayor envergadura. 

Portada del libro que pretende mostrar a los niños el respeto por diferentes cuerpos.
Portada del libro que pretende mostrar a los niños el respeto por diferentes cuerpos.

“Hay libros que enseñan a los niños a superar el acoso escolar u otras adversidades, pero pensamos que por qué tenemos que mostrar estos abusos para enseñar a los niños a ser amables”, afirmó Meschle a la revista Glamour. “Queríamos retratar a una niña de talla grande mientras vive su vida de la mejor manera y sin tener que sentirse culpable”, argumentó Crenshaw. 

Su pretensión con este libro es la de cambiar ese tópico que dice que en los cuentos de niños hay más monstruos que personas con sobrepeso o cualquier otra condición física. Y lo hacen desde el conocimiento de causa. Ambas escritoras usan tallas grandes y la hija de Crenshaw tiene una marca de nacimiento en la cara. 

“El positivismo corporal es un movimiento ahora mismo en nuestro espacio como adultos, y me encanta, pero necesita ser enseñada a una edad temprana, y ese es nuestro objetivo”, señaló Meschle. “Ayer mismo me llamaron gorda en las redes sociales, y eso no va a impedir que sea yo misma, pero esa confianza en mí es muy muy nueva. El proceso de escribir este libro me ha ayudado a dejar de lado muchos de mis pensamientos negativos de una vez por todas. Realmente creo que si hubiera tenido un libro de niña que promulgara este tipo de mensajes, tal vez no me hubiera llevado 34 años llegar a tener esa confianza. El libro es definitivamente acerca de enseñar a los niños no sólo a aceptarse y amarse a sí mismos, sino también a aceptar y amar a los demás por sus diferencias”, sostuvo la autora.

Lo que las dos escritoras pretenden con este libro, que también tendrá un personaje masculino, es que haya niños que se sientan identificados con los caracteres que aparecen en las historias. 

“Queremos que los niños puedan mirar la portada de un libro y decir: “¡Es alguien como yo!” y seguir reforzando el mensaje de que todos somos iguales”, sentenció Meschke.

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