El aplazamiento de las elecciones catalanas lastra el 'efecto Illa'

Asier Martiarena
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Miquel Iceta (izda.) dio un paso al lado para permitir la designación de Salvador Illa (dcha.) como candidato del PSC a las elecciones catalanas de 20201. EFE
Miquel Iceta (izda.) dio un paso al lado para permitir la designación de Salvador Illa (dcha.) como candidato del PSC a las elecciones catalanas de 20201. EFE

Al principio de la pandemia, allá por el mes de marzo, Euskadi y Galicia aplazaron sus elecciones autonómicas previstas para abril. Ambas comunidades presentaban una tasa de incidencia muy similar, e incluso inferior dependiendo de la horquilla de fechas consultada, a la que presenta estos días Cataluña. Allí los partidos catalanes aún tienen 48 horas de margen para decidir si posponen los comicios 14-F, pero ya se empieza a vislumbrar por dónde van los tiros.

Ciudadanos, los Comunes y la CUP ya se han mostrado abiertamente a favor de retrasar la jornada electoral.

ERC y Junts per Catalunya se muestran partidarios a hacerlo, pero aún no han formalizado sus intenciones

Y Vox, PP y PSC, a la hora en la que se escriben estas líneas, defienden el mantenimiento del 14 de febrero como fecha para las elecciones.

Cada uno tiene sus motivos basados en el resultado que arrojan las encuestas. Pero sorprende, sobremanera, la postura de los socialistas.

¿Y qué opina el ministro/candidato? Pues silencio. Illa ha evitado pronunciarse al respecto: "Hay un espacio de decisión entre el Govern y los partidos" y la decisión la deben adoptar entre ellos "por consenso", señaló ayer al ser preguntado al respecto en la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros, recalcando que él no va a "introducir ningún matiz" al debate sobre el eventual aplazamiento.

Illa no quiere posicionarse para no ver comprometida su situación. “Actualmente”, ha asegurado, está "centrado al 101% en la lucha contra el virus", dado que se avecinan "unas semanas que van a ser complicadas y difíciles", y en que la campaña de vacunación "alcance velocidad de crucero y pronto haya más personas vacunadas que contagiadas".

Pero siguiendo el criterio mantenido hasta la fecha, y con los datos en la mano -86 muertes y 7.047 nuevos casos en las últimas 24 horas-, el ministerio debería posicionarse a favor de aplazar los comicios como así lo ha hecho con otros eventos multitudinarios. Como sucedió, por ejemplo, con el reciente concierto de Raphael en Madrid y que tanto “disgustó” a Illa. "Es verdad que cumplía el aforo, pero no son tiempos", señaló Illa tras comprobar que 5.000 personas acudieron al Wizink Center.

Y hay más contradicciones. Porque como denuncia la candidata de Junts per Catalunya a la presidencia de la Generalitat, Laura Borràs, "los portavoces de Illa en Madrid cada día lanzan mensajes apocalípticos. El mismo PSOE aplazó su congreso, pero en cambio el portavoz de Illa en Cataluña tiene un interés muy grande en que se puedan celebrar estas elecciones", añadió.

Illa no es sincero consigo mismo. Porque su silencio acerca del aplazamiento del 14F ya le posiciona. Tras dar un vuelco a todos los pronósticos con su elección como candidato, el PSOE no quiere retrasar ni un minuto los comicios conscientes del ‘efecto Illa’ que está catapultando las posibilidades del todavía ministro de Sanidad para irrumpir en un tablero político dominado desde hace años por las fuerzas soberanistas.

La decisión aún no está tomada, y el PSC aún puede cambiar de opinión. Pero la jugada es arriesgada. Primero porque se prolongará el tiempo en el que Illa simultaneará el cargo de ministro con el de candidato. Y segundo porque la popularidad de Illa puede verse afectada si durante la campaña se evidencia que era mejor haber aplazado los comicios.

Su papel de gran gestor al frente de Sanidad puede dañarse por acusaciones de electoralismo, de ahí que nadie se atreva a pronosticar el color del próximo Govern de Cataluña ni la composición de los futuros pactos de cara a lograr la presidencia de la Generalitat.

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