Polo: casi se ahoga con Cambiaso en la ruta y volvió para jugar con su hijo

Alejandro Panfil
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Lorenzo Chavanne, con 13 años, mira a su padre, Santiago, antes de jugar un partido
LA NACION/Mauro Alfieri

Defiende, ataca, ordena y alienta, pero por sobre todo guía a su hijo Lorenzo, de 13 años, en sus primeros grandes pasos en el polo, ni más ni menos que en el césped de la cancha más importante del mundo. Santiago Chavanne, ex 8 de handicap (9 en el exterior) y pasado en la Triple Corona jugando en La Dolfina, El Metejón, Chapa I y Pilará, estuvo alejado de las canchas durante varios años, pero hoy, con 43, está de vuelta, desde otro rol, y con una opinión formada de lo que fue su etapa en la elite.

“Recuerdos tengo muy buenos y obviamente cuando dejé muchos me decían ‘no dejes de jugar, no dejes de jugar’ y tenían razón. Y lo siento desde la realidad de que la vida es corta y los años de carrera son pocos. No digo que me arrepienta, pero la verdad es que cuando las cosas no salen como uno quiere hay que tratar de seguir, siempre y cuando se pueda, porque es muy lindo jugar acá en Palermo”, reflexiona ante LA NACION en el Campo Argentino de Polo. “Si bien nunca jugué una final del Abierto, tuve varias semifinales, que obviamente no es lo mismo, y también tuve la suerte de estar en equipos competitivos y es una sensación impresionante”, valora quien por estos días disputa la Copa Republica Argentina con la formación de Cuatro Vientos.

Santiago Chavanne, pasional, dándole indicaciones a su hijo Lorenzo, de 13 años
LA NACION/Mauro Alfieri


Santiago Chavanne, pasional, dándole indicaciones a su hijo Lorenzo, de 13 años (LA NACION/Mauro Alfieri/)

El 2004 no fue un año más para la carrera de Chavanne, ya que fue convocado por Adolfito Cambiaso para integrar La Dolfina. Una nueva etapa, de transición para el conjunto de Cañuelas, que con su líder, junto con Bartolomé Castagnola y los hermanos Sebastián y Juan Ignacio Merlos, habían compartido cuatro temporadas, con un título (2002) y tres finales perdidas (2000, 2001 y 2003). La nueva experiencia no terminó de la mejor manera, ya que ese año no pudieron ganar ningún título. Incluso, con el paso de las temporadas, sería la formación que tiene otro registro curioso: fue, 2004, la única vez que La Dolfina no accedió a la final del Argentino Abierto entre 2000 y 2020.

Las vidas de Chavanne y Cambiaso tienen en común, además, un hecho que pudo ser trágico. Fue en 1992 y Adolfito, con 17 años, todavía no había debutado en la Triple Corona jugando para Ellerstina. En un viaje por la ruta hacia la localidad bonaerense de Ameghino para jugar un torneo, luego de una noche lluviosa, el auto que manejaba Cambiaso tocó un espejo de agua al sobrepasar un camión, dio un trompo y terminó dentro de una cuneta-laguna dado vuelta. Vivieron minutos de zozobra hasta que pudieron salir del vehículo, en medio del agua, barro y verdín. “Zafamos de verdad. Pudimos habernos ahogado, perfectamente”, dijo aquella vez Chavanne (ver historia aparte).

Adolfo Cambiaso y el día que casi se ahoga con Santiago Chavanne

Diecisiete años después, con mayor experiencia y perspectiva, Chavanne analizó lo sucedido: “Ese equipo, te cuento, creo que era junio y todavía no sabíamos con quién íbamos a jugar. Estábamos Adolfito, Lolo Castagnola y yo. Después terminó viniendo Carlos Gracida (NdR: mexicano, campeón con La Espadaña y Ellerstina, ya fallecido) a último momento y el equipo realmente nunca funcionó”. Hoy, a la distancia, lamenta no haber tenido más tiempo en el equipo para atrapar los éxitos que vendrían para la nueva formación: “En La Dolfina jugué un solo año, fue un año bastante difícil por un montón de cosas, yo era muy chico también… Ellos armaron un nuevo equipo en 2005 y les fue como les fue. Sí, pude haber estado en ese ciclo exitoso, pero no se dio”.

La Dolfina, modelo 2004: Bartolomé Castagnola, Santiago Chavanne, Adolfo Cambiaso y Carlos Gracida
Sergio Llamera


La Dolfina, modelo 2004: Bartolomé Castagnola, Santiago Chavanne, Adolfo Cambiaso y Carlos Gracida (Sergio Llamera/)

El equipo de Cañuelas pasó página rápidamente y al año siguiente, habiendo incorporado a Lucas Monteverde y Mariano Aguerre, volvió a ser un habitué del escalón más alto del podio, privilegio que ostenta hasta estos días. La Dolfina, entre 2005 y 2010, logró cuatro títulos en Palermo. Con Cambiaso se separaron los caminos deportivos, ¿pero cómo quedó la relación fuera de la cancha? “La relación con Adolfito obviamente en ese momento se quebró un poquito, pero hoy no te digo que somos amigos pero tenemos una relación lógica. De hecho él me compra siempre alguna yegua también”.

Tras la desintegración de Pilará en 2010, Chavanne tomó la decisión de no jugar más en la Argentina debido a que no habían aparecido opciones de proyectos competitivos para seguir, pero nunca se alejó del todo del polo, su gran pasión. Pasó el tiempo, comenzó a jugar en el exterior con la patrona Nicky Sen y recuperó las ganas de volver jugar en el país viendo que sus hijos ya estaban más grandes y que habían heredado su misma afición por el polo. Jugando con Lorenzo además es papá de Pedro (11) y Alexia (6) siente tanto o más entusiasmo que en aquellos años en la elite.

Durante los partidos, su hijo mayor, que juega de 1, es el destinatario de un 75 por ciento de las indicaciones que da su padre, que juega de back. Suelen ser enérgicas, pero al terminar los partidos el padre envuelve en un abrazo y felicita a su hijo. “Yo le hablo todo el tiempo, él está acostumbrado a que le hable, por ahí no de la mejor manera, pero la verdad que se la banca bien. Es un código de polo y es lo que le va a pasar cuando empiece a jugar un poco más en serio”, explica Chavanne, y agrega que el polo es un tema recurrente en la familia: “Nosotros vivimos en el campo, en un club de polo, y la verdad que el polo es básicamente todo. Ellos son muy fanáticos de esto, yo también y la verdad que nos divierte y estamos muy motivados”.

El equipo de Cuatro Vientos, donde Chavanne y su hijo juegan la Copa República Argentina
LA NACION/Mauro Alfieri


El equipo de Cuatro Vientos, donde Chavanne y su hijo juegan la Copa República Argentina (LA NACION/Mauro Alfieri/)

–¿Ya decidió Lorenzo que va a ser polista profesional?

Yo creo que no decidió aun si esto va a ser su carrera porque tiene 13 años, es muy chico todavía y yo calculo que falta para eso, pero está perfilado para jugar. La verdad que es un nivel bastante alto para él la Copa República Argentina. Es un torneo de 0 a 40 goles con equipos de todo el país, pero la verdad que se la banca bien, lo veo bien, lo veo sólido.

–¿Y a vos te costó recuperar el ritmo?

Cuesta mucho. Arranqué a jugar un poquito más en serio el año pasado en Francia, en Chantilly, que es un polo un poquito más alto. Cuesta mucho recuperar el nivel. Una vez que dejás de jugar perdés confianza, velocidad. Perdés todo, es la realidad.

“Estoy metiéndole bastante al polo porque me tengo que ir para afuera en mayo y para mi jugar este tipo de torneos me da tranquilidad para poder jugar allá”, se entusiasma el ex número 2, que lógicamente sigue atento a todo lo que sucede en la Triple Corona y es por ello que puede analizar los últimos años: “El Abierto venía siendo, por así decirte, un poco aburrido porque obviamente había dos equipos muy dominantes. Con el desarme de La Dolfina creo que ahora se va a poner un poquito mejor”.

Santiago Chavanne en acción en la cancha 1 de Palermo
LA NACION/Mauro Alfieri


Santiago Chavanne en acción en la cancha 1 de Palermo (LA NACION/Mauro Alfieri/)

Dice que no le sorprendió en lo absoluto que Juanma Nero y Pablo Mac Donough hayan decidido cambiar de aire luego de tantos éxitos con La Dolfina y cree que las chances de ganar el Abierto estarán más repartidas: “Yo creo que Ellerstina es un serio candidato a ganar, pero también tenés a Murus Sanctus que es un gran equipo. Y a La Dolfina nadie lo tiene en cuenta porque es un equipo que se desarmó el 50 %, pero la realidad es que Adolfito sigue ganando, sigue goleando. Es impresionante el tipo, y no sabés qué puede pasar. Es un tremendo equipo también, con Fran Elizalde, que es un jugador distinto, determinante, y Diego Cavanagh, que también viene demostrando que es un tremendo jugador”.

–¿No te tienta un nuevo intento en la Triple Corona?

No, yo ya estoy. Estoy bien abocado a los chicos. Estoy feliz así. Es otro momento y el mío en el polo de alto handicap ya pasó. Soy feliz jugando con los chicos y estoy para eso, para tratar de que la cría mejore y que ellos tengan caballos mejores. Eso es lo mío hoy por hoy.