¿Podría un Trump “desequilibrado” ordenar un ataque nuclear o desatar otras hostilidades militares?

Jesús Del Toro
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El presidente de Estados Unidos es el jefe de las fuerzas armadas del país y controla el arsenal nuclear estadounidense. ¿Pero qué pasa si el mandatario ha mostrado una conducta patentemente contraria a la ley y a la democracia e, incluso, ha tenido actitudes que sugieren que se encuentra fuera de sus casillas o quizá incluso afectado mentalmente?

¿Qué pasa si al frente del ejército más poderoso del mundo se encuentra una persona desequilibrada?

Una prueba de un misil Trident II D5 lanzado desde un submarino estadounidense. (Reuters)
Una prueba de un misil Trident II D5 lanzado desde un submarino estadounidense. (Reuters)

Esas interrogantes se han alzado luego de que una turba de seguidores de Trump, azuzados directamente por él y alimentados de sus mentiras sobre un inexistente fraude electoral, asaltó el Capitolio para tratar de impedir que el Congreso certificara la victoria de Joe Biden en las pasadas elecciones presidenciales.

Trump, por añadidura, alabó inicialmente a los agresores –que han sido incluso calificados de terroristas internos y entre los que había supremacistas blancos y neofascistas– y no fue sino hasta que cayó en la cuenta que podría él mismo enfrentar responsabilidades legales que decidió condenar el ataque al Capitolio y reconoció que el 20 de enero se dará el cambio de la administración federal.

La conducta de Trump, patentemente impropia de su investidura y contraria a la institucionalidad democrática del país, es de suyo grave y por ello se ha exigido su renuncia y se ha comenzado en la Cámara de Representantes un posible proceso de destitución.

Pero también se ha mencionado que Trump estaría fuera de sus casillas, incluso desequilibrado, y ello significaría peligros adicionales para el país a causa de las decisiones y omisiones que el aún presidente pudiera tener en los 12 días que le quedan en la presidencia.

¿Cómo reaccionará ante un desastre o una amenaza que se diera durante esos días cuando ha mostrado notoria incompetencia y desdén por la institucionalidad y por el bienestar general? ¿Podría incluso llegar a desatar un ataque nuclear?

Esas interrogantes se han planteado con insistencia recientemente y generado inquietud.

Inclusive, la líder de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, ha declarado tajante que se debe evitar que un Trump descolocado pudiese lanzar un ataque con armas atómicas.

Al respecto, de acuerdo a la televisora CNN, el jefe del Estado Mayor Conjunto de las fuerzas armadas de Estados Unidos, general Mark Milley, le aseguró a Pelosi, en una conversación entre ellos, que existen salvaguardas en caso de que el presidente Trump quisiera lanzar un ataque nuclear u otro tipo de agresión armada.

De allí se desprende la noción de que aunque el presidente en efecto controla el arsenal nuclear atómico y tiene la autoridad y capacidad para lanzar un ataque con esas armas eso no significa que pueda hacerlo simplemente movido por su deseo o en un estado de obnubilación o furia.

De acuerdo a expertos consultados por Politico, la imagen de que el presidente tiene acceso a una suerte de gran botón rojo para lanzar ataques nucleares en el momento que quiera no es real.

Un militar lleva el portafolio nuclear presidencial, conocido como "the football", que contiene los controles y códigos para el uso del arsenal nuclear de Estados Unidos. (AP Photo/Andrew Harnik)
Un militar lleva el portafolio nuclear presidencial, conocido como "the football", que contiene los controles y códigos para el uso del arsenal nuclear de Estados Unidos. (AP Photo/Andrew Harnik)

En efecto, el presidente tiene consigo en todo momento un portafolio especial, portado por un asistente militar, que le permite conectarse desde donde esté con los sistemas de armamento nuclear. Y también posee los códigos para activar y lanzar esos arsenales.

Pero eso no significa que pueda usarlos a capricho, pues habría protocolos y lineamientos al respecto. Y se afirma que todo ataque militar ordenado por el presidente, sea convencional o nuclear, debe ser legal, ético y proporcional para ser acatado por los mandos militares.

Ciertamente existe una filosa controversia sobre la forma en que a lo largo de las pasadas décadas los presidentes estadounidenses han decidido lanzar ataques o emprender guerras (la de Irak, por ejemplo, se justificó en la mentira de que habían en ese país armas de destrucción masiva) pero en todo caso la decisión de usar armas nucleares es singular y ominosa y tiene ingentes implicaciones y consideraciones que no pueden ser dejadas al criterio o el arrebato de un solo individuo.

Ello implica que aunque el presidente es ciertamente el jefe de las fuerzas armadas estadounidenses, los militares estarían obligados a no obedecerlo (y según fuentes citadas por Politico son entrenados para ello en el caso del arsenal nuclear) si él les diera una orden de ataque ilegal. Su lealtad, se afirma, es hacia las instituciones republicanas y la Constitución, no a un individuo en sí.

Se dice, en ese contexto, que el proceso de lanzar un ataque no se da simplemente porque el presidente lo diga. Según Politico, que cita a expertos, esas decisiones se toman con la participación de asesores civiles y militares que consideran los aspectos legales, éticos y otras implicaciones. No bastaría, en esa lógica, que Trump clamara por un ataque para que este fuese lanzado. Máxime si se tratase de las armas nuclears.

Resulta de acuerdo a ello altamente improbable que Trump lance un ataque militar basado en su mero capricho o presa de un desequilibrio, pues los propios protocolos militares al respecto lo frenarían. Pero no deja de resultar inquietante que la persona con autoridad para lanzar un ataque con capacidad de desatar un holocausto nuclear sea el mismo que en aras de su beneficio personal miente y azuza a muchedumbres para que asalten el recinto democrático por excelencia, como es el Capitolio.

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