PETA pide no usar "gallina", "rata" o "cerdo" como insultos y la polémica está servida

Jesús Del Toro
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La organización PETA (People for the Ethical Treatment of Animals o Personas por un Trato Ético de los Animales) es una activa y con frecuencia controversial defensora de los derechos de los animales que realiza una crítica constante en contra del maltrato, la explotación y la denigración que personas, empresas y sociedades hacen en contra de las especies animales del planeta.

Su lema es “Los animales no son nuestros para experimentar en ellos, comerlos, vestirlos, usarlos como entretenimiento o abusar de ellos en cualquier otra forma”, promueve el veganismo y combate el especismo, definido como la discriminación basada en la pertenencia a una especie (o la noción de que una cierta especie es más importante que otras).

Una activista de PETA muestra un cartel en el que rechaza que los humanos sean superiores a los animales. (AP Photo/Wilfredo Lee)
Una activista de PETA muestra un cartel en el que rechaza que los humanos sean superiores a los animales. (AP Photo/Wilfredo Lee)

Para PETA, el devorar, maltratar o explotar a animales se origina en la suposición de que los humanos son superiores y por ello pueden disponer de otras especies a su antojo.

Las campañas y posiciones de PETA en contra del abuso, maltrato y explotación de los animales buscan con frecuencia tener un alto impacto mediático y, en contrapartida, han sido criticadas a veces por su radicalismo y otras por llegar a compromisos con empresas para lograr cambios graduales.

Así, una de las más recientes posiciones de PETA, que ha causado a la par apoyos y críticas, reconocimientos y burlas, es la de dejar de utilizar en el lenguaje el nombre de animales de modo especista, es decir dejar de asociar el nombre de animales a significados despectivos o negativos.

PETA critica, por ejemplo, el uso de la palabra rata como sinónimo de ladrón, de gallina como sinónimo de cobarde o de cerdo como sucio.

Y señala que usar el lenguaje de ese modo especista refuerza la noción de que los animales son inferiores y, por ende, de que los humanos tienen el derecho de explotarlos, incluso de los modos más crueles.

Con todo, es cierto que el lenguaje tiene raíces hondas, que van más allá de las nociones contemporáneas y, en gran medida, se han forjado con la civilización misma, con todas sus virtudes y defectos. Y así como hay palabras, que corresponden a animales, que son usadas con connotaciones negativas las hay con connotaciones positivas. En la coloquialidad, por ejemplo, se oye decir que alguien es un águila para aludir a una persona de gran agudeza y fuerza, o un león para una persona poderosa y valiente.

Incluso, un usuario en redes sociales señaló que asociar características o peculiaridades humanas con animales en realidad colocan a los humanos y los animales en una condición de igualdad.

Y a veces las cosas resultan engañosas: PETA propuso no decir “chicken” y en cambio usar la palabra”coward”, pero se ha replicado que la palabra “coward” (al igual que cobarde) se originó en la palabra francesa couard, que a su vez proviene del francés medieval coart, que se originaría en coue, o cola, proveniente del latín cauda, también cola, y que aludiría a la cola entre las patas de un perro cuando siente miedo. Es decir, PETA misma recomendó usar una palabra que en la superficie parecía inocua pero que tiene, en su misma lógica, una dura raíz especista.

Muchos no llegan a tal profundidad etimológica, pero criticaron con humor la posición de PETA.

En todo caso, PETA busca con frecuencia que sus campañas causen escándalo y revuelo, y esta no ha sido la excepción. Muchos han reaccionado con sorna, responden que leer los reclamos de PETA les hace desear comerse un bistec o critican prácticas anteriores de esa organización (como el muy alto índice de eutanasia de animales que se dio en uno de sus albergues para animales abandonados).

Otros defienden los planteamientos de PETA señalando que se requiere un giro drástico de conciencia, lenguaje no especista y veganismo incluidos, para abatir la explotación y maltrato de los animales e impulsar que se les reconozca su igualdad de todas las especies, que no existe la superioridad de los humanos.

Y hay quienes, quieran o no servirse una chuleta, consideran que discutir sobre el uso de nombres de animales para aludir a cuestiones negativas es una distracción, una suerte de discusión en Bizancio sobre el sexo de los ángeles mientras el enemigo derriba las puertas de la ciudad, que en poco o nada ayuda a la promoción y defensa de los derechos de los animales y a detener las crueldades y atrocidades que, en efecto, los humanos con frecuencia cometen contra otras especies y el medio ambiente.

La polémica está puesta y, en ese sentido, la campaña de PETA logró motivar la discusión, aunque es incierto aún si logrará con ello su objetivo.