"Mi perro negro": fútbol y depresión

Ezequiel Fernández Moores
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"El Negrito está siempre pronto". Así, me cuenta Alejandro Balbi, vicepresidente primero de Nacional, le respondió Santiago García a Gerardo Pelusso cuando el DT le preguntó en 2008 si estaba listo para debutar en Primera. "El Morro", nieto del "Morrongo", el abuelo que había sido cocinero en la concentración de Los Céspedes, tenía sólo 17 años. Era la final de Liguilla contra Defensor por un lugar a la Libertadores. Pelusso cuenta que un día antes "pinchó" al "Morro" diciéndole en broma que avisara si estaba asustado porque así tenía tiempo de poner a otro. "¿Sabés el miedo que me tienen estos de Defensor? Desde la séptima que me ven a mí y tiemblan. Poneme un ratito y ya verás qué hago". Hizo el gol del 1-0. Lindo gol. Los goles del "Morro" siempre fueron lindos. Definió con calidad, igual que en el 1-1 para Nacional contra Palmeiras que dio luego el boleto a semifinales contra el Estudiantes de Alejandro Sabella, que terminó siendo el campeón de la Copa 2009.

Balbi me recordó esa anécdota del debut cuando le pregunté si acaso el Morro había manifestado de pibe algún miedo ante la presión del alto rendimiento deportivo. Allí están las encuestas sobre miedos, angustias y ansiedades que sufren deportistas obligados a no temerle a nada y que fueron difundidas en estos días de dolor por el suicidio del "Morro". "Miedo escénico él jamás lo tuvo", me dice Balbi. Lo pregunté porque, si bien cada persona es un mundo y por eso ningún caso es igual a otro, releí en estas horas "Una vida demasiado corta", el libro desgarrador de Ronald Reng sobre el suicidio en 2009 de Robert Enke, que murió arrollado por un tren cuando era padre flamante por la adopción de Leila y estaba en plena campaña para ser el arquero de la selección alemana en el Mundial de Sudáfrica. "¿Para qué necesitás ir al psicólogo si tenés todo?", diría alguien por TV. Enke tenía además psicólogo y psiquiatra. Padre psicoterapeuta. Esposa que lo amaba. Hasta vecinos solidarios. Como si estuviera atajando, ocultó muy bien su dolor en las horas finales. Confiados, dejaron que se fuera solo a un entrenamiento. No volvió más.

Robert Enke, fallecido arquero de la selección alemana
Fuente: Archivo

A diferencia del "Morro", que hacía goles, Enke, que debía evitarlos, sí desnudó sus miedos de pibe. Pidió volver a su categoría Sub 16 cuando lo habían subido a la Sub 18. Con 21 años frustró sobre la hora su presentación en Benfica. Faltó a entrenamientos porque no podía salir de la cama. Demoró pretemporadas. Pidió salir en un entretiempo. Huyó de Turquía tras un pobre debut en Fenerbahce. Y alegó lesiones en partidos claves que lo hubieran afirmado como arquero del Mundial 2010. El psiquiatra Valentin Markser le insistía que debía aprender a aceptar el error. Que un solo error no decidía un partido. Que un partido no decidía una temporada. Que una temporada no decidía una carrera. Y que una carrera no representaba una vida. Fue inútil. Apenas horas antes de matarse, Enke había rechazado el último consejo de Markser. "¡Soy el arquero de la selección alemana!", gritó. "¡No puedo ir a una clínica!".

"Una vida demasiado corta", que accede con enorme delicadeza al diario íntimo de Enke, registra la bondad humana. De familiares y también del compañero que compraba un libro para entender la depresión de su amigo ("Mi perro negro", el niño que dejaba de ser feliz cada vez que aparecía el perro y que, avergonzado, no le contaba su miedo a nadie y así empeoraba todo). Pero el libro de Reng describe también el mundo muchas veces impiadoso de la alta competencia. El compañero traidor y el DT distante (Frank de Boer y Louis Van Gaal en Barcelona). El defensor que fue a menos en Tenerife. Titulares basura del diario Bild. Hinchas que le cantaban que era "un cerdo de la Stasi". Fuerte ante la muerte de la primera hija Lara, sensible y generoso hasta con el arquero que le quitaba el puesto y a quien él le regalaba guantes, Enke no era justamente Tarzán en medio de esa jungla. Algunos citan aquí problemas económicos para justificar que apenas 6 de nuestros 26 clubes de Primera cuenten con apoyo psicológico para su plantel superior. No hay mayor industria en el deporte que la NFL, la liga del fútbol americano que animó el último domingo su fiesta del Super Bowl. Es la liga con mayor cantidad de suicidios.

Balbi me confirma que el "Morro" le había contado que pensaba solucionar todo en Mendoza y viajar en pocos días a Montevideo para jugar otra vez en Nacional, pero que desconfiaba de José Mansur, presidente de Godoy Cruz ("este señor", dijo Claudia Correa, madre del "Morro", que "despreció, manoseó y humilló" a su hijo y que le dijo que "lo iba a hacer correr por el pasto durante seis meses", hasta que en junio terminara el contrato). Correa apuntó también contra el ex jugador y actual representante Daniel Fonseca, supuestamente dueño del 50 por ciento del pase del "Morro" bajo la fachada de Atenas de San Carlos, club de Segunda de Uruguay que ahora es parte del Grupo mexicano Pachuca, el mismo de Talleres de Córdoba. Enke tenía dos sueños para 2010: ir al Mundial y hablar públicamente de su enfermedad. Entendió que eran incompatibles. "El Morro" fue enterrado ayer en Montevideo. El viernes comienza el campeonato.