Perú-Argentina. Una apuesta fuerte en lugar de Di María: por qué a Lionel Scaloni le gusta patear el tablero

Ariel Ruya
·6  min de lectura

Lionel Scaloni seduce a (buena parte) del plantel, tanto como desconcierta el rendimiento del seleccionado que conduce. Es un hombre que a los 42 años se sienta sobre un sillón tan prestigioso como imposible si se revisa su foja de servicios. Tiene un argumento poderoso: no le tiembla el pulso, toma decisiones fuertes. Como mantener en el equipo nacional a Nicolás González, que pasó de ser un auténtico desconocido en nuestro medio a completar una función aprobada en el híbrido 1-1 con Paraguay, en la Bombonera, el jueves pasado y confirmarlo, otra vez, entre los titulares.

Horario, TV y formaciones

Tiene 22 años, juega en Stuttgart, un equipo de mitad de tabla de la Bundesliga; era una promesa de Argentinos Juniors, un número 9 reconvertido en volante, sobre todo, por el sector izquierdo. Fue lateral contra Paraguay y será extremo ante Perú, en el choque de esta noche, desde las 21.30, en el estadio Nacional, de Lima.

"Nico hizo un buen partido, no teníamos dudas de lo que podía dar. Es un chico que está en un buen momento. La anterior convocatoria nos 'tocó' su lesión y logró volver en un buen nivel y buen ritmo. Puede ser un jugador importante, tiene gol, es rápido, es completo y nos aporta bastante en el mediocampo. Creemos en él y por eso apostamos. Después tenemos diferentes opciones, Di María, Correa, Papu Gómez, Ocampos... que nos pueden dar otra cosa si los necesitamos y siempre están listos. Decidimos elegirlo porque está atravesando un buen momento e hizo una buena sociedad con Lo Celso el otro día. Esperemos que se vuelva a repetir", analiza el conductor, que provoca simpatías puertas adentro y dudas existenciales en los especialistas.

Ángel Di María, un crack de 32 años, de fabulosa carrera personal y en deuda histórica en la selección, espera detrás de escena. Todo un síntoma de cómo está curtido el entrenador. "Iba a entrar tras el 2-1 (el gol de Messi desechado correctamente por el VAR) porque estaba convencido de que iba a ser letal con la posibilidad de contragolpear, pero luego nos anularon el gol y Paraguay se mantuvo en su postura. Es un jugador que puede jugar en cualquier parte del ataque. Ahora está jugando de delantero, como un segundo punta. Nosotros estamos convencidos de que arriba puede hacerlo en las tres posiciones. Estamos contentos, vino bien", advierte, en público. No es ni siquiera la segunda opción.

Luis Suárez, afectado por el virus

Evidentemente, a Scaloni no le tiembla el pulso. González, uno de sus protegidos, hizo un cambio brusco de personalidad. Pasó de centro delantero a lateral izquierdo. La selección lo vale: hay intérpretes, sobre todo los menos arropados, que son capaces hasta de ir al arco con tal de defender la guardia alta del equipo de todos.

Nicolás Tagliafico, un imprescindible en los últimos tiempos de selección, se presentó una semana atrás en Ezeiza con diversas molestias físicas derivadas de la aventura de Ajax entre el torneo doméstico y la Champions League y dos horas antes del encuentro contra el conjunto guaraní, quedó al margen. Ahora vuelve, pero el que sale es Lucas Ocampos, un irreverente que contagia tanto como confunde.

González se siente cómodo por el sector izquierdo. En la Bombonera, fue útil en la proyección y saltó más que ningún otro en el final del primer capítulo, para sellar el 1-1, luego de un córner de Lo Celso, que también jugará desde el arranque, apartado Exequiel Palacios de las canchas por un par de meses.

Largos años atrás, cuenta la historia que Fernando Batista, en la Paternal, lo conocía de memoria, pero lo protegía de los excesos: casi no lo ponía. "Él me decía que me estaba cuidando para que yo la rompiera después... Es que hacía un esfuerzo muy grande para ir a entrenar, me tomaba cuatro colectivos de Escobar, como tres horas de viaje. para después no jugar", asumía. Con el tiempo, el entrenador se convirtió en un formador de selección y lo citó para el seleccionado Sub 23. Fue parte, además, de la exitosa aventura en los Juegos Panamericanos de Lima. Lionel Scaloni lo convirtió en el 31° debutante en el equipo nacional. Fue el 69° convocado del ciclo y el 36° citado por primera vez.

Con González, con Leo Messi, con Lautaro Martínez (ellos serán los delanteros, de un elástico 4-3-3), con todos, el equipo nacional chocará contra un débil Perú, que perdió el clásico con Chile por 2 a 0 y extravió el aura de equipo prometedor que Ricardo Gareca supo transmitir en la Copa América del año pasado en Brasil, en donde el gigante se impuso en la final sobre un equipo que no tiene figuras de excelencia.

Sólo superado por Brasil (con 9 puntos, el único equipo con puntaje ideal), la Argentina consigue buenos resultados en el último tiempo, en despareja sintonía con desempeños reducidos, en los que hasta Leo Messi parece un valor de reparto, incómodo hasta para la gambeta.

Un triunfo revitalizante sería una plataforma de confort ideal en proyección hacia 2021: la noche limeña será la última función del seleccionado en el traumático año de la pandemia. El próximo desafío queda tan lejos, que hasta la hipótesis de la vacuna aprobada se encuentra en el paréntesis: la Argentina recibirá a Uruguay el 23 de marzo próximo, por la quinta fecha, rumbo a Qatar 2022, la última estación para Messi de ganar algo verdaderamente grande con la selección.

El fútbol, una vez más, se entromete en un complejo escenario político y social. Perú vive días agitados. Francisco Sagasti fue elegido este lunes por el Congreso como nuevo presidente, el tercero que ocupa el cargo en una semana, con el desafío de recuperar la paz. Su antecesor, Manuel Merino, anunció el domingo su renuncia tras una intensa protesta contra su gobierno que dejó al menos dos muertos, decenas de heridos, que llevaron al país a una nueva crisis política. Merino había asumido la presidencia luego de que el Congreso dominado por la oposición destituyó a Martín Vizcarra por denuncias de corrupción, lo que generó multitudinarias manifestaciones en contra de esa decisión.

Con esa efervescencia dando vueltas, se despide la selección. Y con la ilusión, además, de recuperar una porción de su enorme grandeza.