Peñarol-Nacional, un clásico uruguayo ausente en el baloncesto durante tres décadas

Agencia EFE
·4  min de lectura

Montevideo, 18 mar (EFE).- El baloncesto uruguayo vive este jueves, después de casi 30 años, un duelo Peñarol-Nacional, el eterno clásico del fútbol local, que marca el histórico retorno de los aurinegros a primera división ante los tricolores que, con el español Carlos Cabezas, buscarán arruinar su fiesta de bienvenida.

La larga espera de los fanáticos del Peñarol, que en 1997 vieron como el club de sus amores dejaba de competir en el baloncesto profesional por decisión del entonces presidente José Pedro Damiani, por fin terminó y volverán a sentir la ilusión de ver botar la pelota naranja.

Este histórico equipo de baloncesto, que cuenta con 6 campeonatos locales y un Sudamericano en 1983, volvió a la competencia oficial en 2018 y debió empezar en la Tercera División. Desde allí, hizo un camino expreso hacia la Liga.

Enfrente estará su tradicional rival, con el que se enfrentó por última vez en 1993, un equipo que, si bien en el baloncesto no tiene una historia tan galardonada como en el fútbol, lleva años consolidándose y cuenta con un equipo sumamente competitivo.

Con Carlos Cabezas como su estandarte, pero también con una buena plantilla de estadounidenses y jugadores locales de calidad, es uno de los candidatos al título.

Nacional lleva tres temporadas llegando a las semifinales -en todas ellas cayó ante Aguada, actual bicampeón- y ahora busca dar el paso que falta.

UNA ESPINA PARA UN GLORIOSO ADIÓS

Cabezas, el galardonado baloncestista español, sabe que le queda poca carrera. A sus cuarenta años, el múltiple campeón todavía tiene gasolina para seguir andando en Uruguay, adonde llegó por la nacionalidad de su padre y su abuelo.

Con un título mundial, europeo y varios torneos más, Cabezas sigue motivado y disfrutando el día a día de esta temporada que, sabe, será de las últimas.

"Amo el básquet, cuesta mucho dejarlo. Hablo con jugadores de mi generación y compañeros que se han retirado y lo echan muchísimo de menos y yo tengo la suerte de que he encontrado un país donde me siento bien, donde aparte de mi vida deportiva en mi vida personal también estoy bastante cómodo", subraya a Efe.

Si bien al cierre de la última temporada no pudo jugar en óptimas condiciones las semifinales por lesión, el base sostiene que ya está en perfecto estado.

"La motivación de querer ganar, querer competir, un poco llegando a mi edad es lo que me motiva los retos. Uno de ellos, que nos quedamos en las puertas, era intentar hacer historia con Nacional, haber llegado a una final de la liga uruguaya y eso es el gran objetivo que tengo a corto plazo", resalta.

Sus medallas, sus hitos individuales o colectivos no terminan de llenar a este jugador que, ahora, tiene la espina de querer devolverle la gloria a Nacional, club del que son fanáticos sus familiares uruguayos.

El guía de los tricolores, el entrenador Leonardo Zylbersztein, cuenta a Efe que esta fue una temporada muy larga para todo el plantel pero que, pese al desgaste sufrido, ya tienen las energías recargadas para la nueva liga.

"Es una alegría que Nacional y Peñarol estén jugando la Liga Uruguaya de Basquetbol, creo que en el país no vamos a dudar de la cantidad de hinchas que tienen los dos y no es una presión; lo tomamos por el lado de decir 'es un partido importante'", subraya.

ORGULLO E INCERTIDUMBRE

Edgardo Kogan, entrenador de Peñarol e integrante del cuerpo técnico de la selección uruguaya -que encabeza el histórico seleccionador argentino Rubén Magnano- cuenta a Efe la mezcla de orgullo y ansiedad por devolver al aurinegro a la primera división.

La responsabilidad del debut en un clásico y la necesidad de mitigar el nulo rodaje -ya que solo ha tenido partidos amistosos- hace que el entrenador sepa que tiene un obstáculo muy grande por delante.

"Hay equipos que corren con ventaja porque vienen con una química colectiva y un pasado cercano jugando juntos, pero sabemos que tenemos que tratar de llevarnos el juego", apunta.

Este plantel cuenta con una mezcla de experiencia y juventud, como también con tres extranjeros que prometen calidad. Para Kogan, lo principal es que su equipo logre tener identidad y sea sólido a la hora de jugar.

El más experto de todos es Nicolás Mazzarino, de 45 años, de exitosa carrera en el Viola Reggio Calabria y el Cantu italianos, como también en el Malvín uruguayo, donde ganó tres ligas locales.

Sobre este comienzo, Mazzarino señala a Efe que el equipo, pese a su falta de ritmo, está trabajando y mejorando varios aspectos previos al debut y que siempre "es una motivación" hacerlo en un partido tan trascendental como un clásico.

"Físicamente estoy bien, me siento bien y listo para comenzar la temporada", enfatiza ante las dudas que genera su edad.

Tras décadas de ausencia, este clásico que se traslada del fútbol al baloncesto dará que hablar. Uno busca hacer historia, el otro reescribir la propia pero ambos saben que, en la cancha, deberán dejar en alto su tradicional rivalidad.

(c) Agencia EFE