¿Para cuándo la estatua de Isco en el Bernabéu?

Alfonso Duro
Isco / RMC Sport

Si Cristiano Ronaldo tiene su busto en el aeropuerto de Madeira, el Real Madrid debe plantearse seriamente ponerle una estatua a Isco Alarcón en el Bernabéu.

Isco no es ni de cerca el mejor jugador del Real Madrid en toda su historia. No es el más importante, ni el más determinante, ni quizás sea el más efectivo, pero no deja a nadie indiferente. Isco es magia –así le apodan en el vestuario– y por eso es uno de los pocos jugadores que pueden agarrar el balón en el mediocampo y decir: “Este partido lo gano yo”.

Cuando Florentino Pérez hizo caso al consejo de la dirección técnica en el verano del 2013 y desembolsó los más de 35 millones que costó sacar al de Arroyo de la Miel del Málaga, muchos de sus detractores se mostraron contrariados. Pérez acostumbra a fichar potencia, velocidad y, sobre todo, gol. Los peloteros de verdad –esos que suele buscar el FC Barcelona en el mercado– se pueden contar con los dedos de una mano entre los fichajes de Florentino Pérez en los 15 años que lleva como presidente blanco. De esos pocos, Isco es sin duda el mejor.

A pesar de que Zidane parece no tenerle entre los jugadores que forman su primera unidad (vaya usted a saber por qué), Isco no ceja en su empeño de deleitar cada vez que le permiten vestirse de corto y colgarse el número 22 merengue a la espalda. El malagueño sigue con ganas de mostrar su sonrisa y su fútbol de muchísimos quilates por los campos de Europa.

Si ya demostró en Ipurúa que era capaz de liderar al equipo en los peores momentos, en El Molinón dio un paso más allá: Isco reclamó los focos y los galones y ganó el partido él solito.

Desde el centro del campo, junto a un correctísimo Kovacic y un aletargado –aunque implicado– James Rodríguez, Isco fue el capitán general del Real Madrid en un partido con trampa que el Sporting de Gijón luchó del minuto uno al 90. Sorprendieron los asturianos con dos goles en acciones aisladas, quizás sus únicas dos oportunidades en todo el encuentro, y los blancos llevaron el peso del encuentro pero les costó muchísimo romper las dos líneas de cinco que plantó Rubí en su área.

Ante esta tesitura, Isco entendió que era el momento de brillar. Jugó prácticamente de todo en el mediocampo. Bajaba a recibir de los centrales, oxigenaba el juego por las bandas, recuperaba casi más que el propio Kovacic y además acompañaba la presión de los delanteros blancos para robar en las segundas jugadas. Pero es que además, el malagueño dejó un reguero de controles inverosímiles, de conexiones al primer toque con Asensio y James, de recortes entre dos y hasta de tres jugadores rivales; en fin, una exhibición en toda regla de un jugador tocado por los dioses.

Su primer gol, que empataba el tanto inicial de Duje Cop, estuvo precedido por un regate de espuela para deshacerse de un central en una baldosa y de un quiebro para buscar el hueco apropiado dejando al otro central por los suelos. Luego, por si todo eso fuera poco, su disparo con la izquierda se coló raspando la escuadra derecha de Pichu Cuéllar.

Morata / Associated Press

A Isco, sin embargo, no le van las medias tintas. Su partido ya era espectacular, aderezado con una jugada desde el mediocampo en la cual bajó un balón llovido de tacón y entre sus piernas, para librarse de los dos mediocentros sportinguistas, y que prosiguió con una galopada en la cual dejó atrás a cuantos rivales le salieron al pase y que sólo fue frenada por Amorebieta cuando el malagueño se preparaba ya para engatillar el disparo dentro del área grande, pero hubo más. Con el tiempo cumplido y con el Real Madrid completamente frustrado por la seguridad defensiva del Sporting que abortó todas las opciones de gol de los blancos, Isco recibió de Marcelo en el pico del área, busco el ángulo perfecto para sacar un latigazo con su pierna diestra, y coló el balón como a él más le gusta –perfilando el cuerpo para buscar el segundo palo, pero disparando seco al primero.

El Real Madrid se ha acostumbrado a vivir en el alambre y el partido en El Molinón, a siete días del Derbi, se une ya a los de Deportivo de La Coruña, Barcelona en el Camp Nou, Villarreal o Las Palmas, en los que los blancos sumaron puntos en los últimos minutos, para de esa forma conseguir llegar con un cómodo colchón al partido clave de la temporada.

Isco fue el gran héroe esta vez y aunque quizás fuera exagerado hacerle una estatua en el Bernabéu, el chico se merece, cuando menos, una renovación al nivel de sus prestaciones como el hombre clave del Real Madrid del futuro.

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