Al menos paró la sangría: Newell’s empató con Unión en el estreno de Germán Burgos como DT

Pablo Casazza
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Jonathan Cristaldo y Nicolás Peñailillo en el área; Newell's y Unión, parejos en Rosario.
LA NACION/Marcelo Manera

¿Se puede exigirle a Germán Burgos un cambio en el equipo de Newell’s? Probablemente sí. Cada cambio trae aparejado nuevos impulsos, renovadas energías. Pero ningún análisis puede ser hecho sin conocer a fondo la herencia. Frank Kudelka transformó un plantel aceptable en un conjunto inerte. La preparación física parece la de un equipo amateur; la confianza es inexistente; la explosión para jugar en el alto rendimiento, una quimera. Eso recibió el nuevo entrenador, que tuvo se estreno absoluto como DT principal y por lo menos cortó una miniserie de derrotas (dos) y rescató un 0-0 –aburrido, malo, eso sí– en el propio Parque Independencia contra Unión, por la sexta jornada de la Copa de la Liga Profesional. No consiguió, en cambio, poner fin a la seguidilla de partidos sin victorias rojinegras, que ya tiene ocho capítulos.

Por eso Burgos tiene una montaña de trabajo por delante. Primero, para sacar los escombros, y luego, para darle identidad a su Newell’s. Cuenta con varias ventajas: sabe, posee fuerte personalidad, hay un plantel que puede mejorar, y hay tiempo. De hecho, aun detrás de la neblina paró un equipo que vislumbra que el debutante director técnico entiende el momento.

Germán Burgos dirigió por primera vez como entrenador principal de un equipo; esta vez no se cumplió aquello de "técnico que debuta, gana".
LA NACION/Marcelo Manera


Germán Burgos dirigió por primera vez como entrenador principal de un equipo; esta vez no se cumplió aquello de "técnico que debuta, gana". (LA NACION/Marcelo Manera/)

La formación inicial elegida por Mono Burgos fue una declaración de principios: presumía el intento de protagonismo y de control del juego. Arriesgada movida.

Los cambios fueron visibles en lo táctico, con un 4-1-4-1 que procuró achicar espacios. “Me encontré con un equipo ancho y largo”, anticipó. Dispuso una línea de cuatro defensores con tres habituales centrales (en ese sector sufre bajas por lesiones). En el medio apostó por la juventud antes que la experiencia: adentro Juan Sforza (19 años), afuera Julián Fernández (25). Y luego, otra línea de cuatro, con Ignacio Scocco de punta.

Maxi Rodríguez, el líder, jugó desde el inicio partiendo del centro de la cancha para tener una mejor mirada, a diferencia de lo que sucedía bajo el mando Kudelka, que lo ponía como delantero y La Fiera casi no intervenía. Arriba hay dos jugadores que tienen responsabilidad defensiva, Jonatan Cristaldo y Juan Giani. Una propuesta audaz para medir el pulso de su equipo.

Dos ideas importantes había dejado Burgos en la conferencia de prensa previa: cada partido es una final, y no puede ser que sea un entrenamiento con camiseta. Los primeros 45 minutos frente a Unión no dieron señales de esos mandatos. Y a decir verdad, el segundo tiempo, mas allá de alguna mejoría, tampoco.

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Lo que sí resultó un cambio radical fue la salida del fondo con envíos largos; en el proceso anterior era casi una religión empezar con pases por abajo, algo que dio más complicaciones que aciertos. Seguramente la conformación de la defensa tuvo incidencia, con jugadores de pocas condiciones técnicas. De hecho, no fueron pocos los despejes fuertes. Se puede decir que Burgos acertó en esa elección.

El empate sin goles puede dejarlo conforme. Newell’s casi no se vio desbordado y achicó líneas; el arquero Alan Aguerre pasó una noche tranquila, aunque se puede contar con los dedos de una mano las acciones ofensivas que llevaron algún peligro a la valla de Sebastián de Moyano, es ciertos que todas fueron construidas con juego combinado.

El rendimiento del local fue de menor a mayor; con el correr de los minutos el equipo leproso fue perdiendo el estado de zozobra que mostró al inicio. Los tándems armados en el primer tiempo por los costados no le dieron resultados. Por la izquierda se mostraron muy nerviosos Giani y Franco Negri y por derecha lo hicieron Manuel Capasso y Churry Cristaldo, no habituado a la tarea. Cuando Unión se lo propuso, inquietó por ambos corredores. No extrañaron entonces la salida de Giani y el ingreso de Manuel Llano, por lo cual pasó Cristaldo a la otra punta. Allí no tuvo inconvenientes con el chileno Nicolás Peñailillo, defensor izquierdo tatengue.

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Los otros cambios se propusieron renovar el aire. Burgos sacó a los máximos referentes, Scocco y Maxi Rodríguez, que no pasaron de la medianía en sus producciones pero que son los únicos jugadores del plantel que con su técnica individual pueden resolver situaciones que modifiquen un desarrollo. Si no hubo alguna razón física, las salidas de ambos ídolos son un asterisco por considerar.

Con los ingresos de Julián Fernández y Jerónimo Cacciabue mejoró el medio porque tuvo más quite, y Pablo Pérez, de aceptable rendimiento, aun siempre al borde de la expulsión por su ADN de irresponsabilidad, le dio control y descanso a Newell’s.

Burgos relató el partido desde el borde del campo, ordenando y marcando las jugadas. Sacó un aprobado en su debut: mostró ideas por desarrollar y en cada indicación mostró un conocimiento, pese a haber dirigido apenas cuatro prácticas, de las condiciones de cada jugador. Si alguna esperanza tiene el equipo rojinegro de revertir este oscuro presente, está en las manos de Burgos. Un bielsista empedernido. Algo que es considerado toda una virtud en Newell’s Old Boys.