París y La Haya frente a Ankara: caricaturas, islam y libertad de expresión

Agencia EFE
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La Haya, 29 oct (EFE).- Los rifirrafes de Países Bajos y Francia con Turquía vuelven a poner de relieve la brecha que siempre ha existido entre Ankara y la Unión Europea, con el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, presentándose ahora como el defensor del islam, frente a París y La Haya que se alzan como portavoces de la libertad de expresión.

La guerra diplomática llegó a los tribunales, con Erdogan denunciando al ultraderechista neerlandés Geert Wilders por compartir una caricatura del líder turco con una bomba con mecha encendida en la cabeza, inspirada en una de las conocidas viñetas danesas de Mahoma.

Además, la Fiscalía turca ha abierto una investigación penal contra la revista satírica Charlie Hebdo por publicar este miércoles una caricatura de Erdogan en camisa y calzoncillos, mientras exclama "¡Guau! ¡El Profeta!" y levanta el chador (un atuendo islamista) a una mujer sin ropa interior.

El primer ministro neerlandés, Mark Rutte, advirtió al dirigente turco de que se había "pasado de la raya" con su denuncia a Wilders y sus ataques al presidente francés, Emmanuel Macron: "Tengo un mensaje muy simple para Erdogan: la libertad de expresión es nuestro bien más preciado y eso incluye caricaturizar políticos", dijo el liberal.

Una denuncia así difícilmente podría prosperar en Países Bajos, que abolió en enero una ley que permitía castigar "insultos al jefe de un Estado extranjero amigo", utilizada aún el año pasado contra un hombre acusado de enviar correos con insultos contra Erdogan a la embajada turca en La Haya, pero absuelto al no demostrarse su autoría.

ORGANIZACIONES ISLAMISTAS

Tras la decapitación del profesor francés Samuel Paty a manos de un radical islamista, que atacó al maestro por utilizar caricaturas de Mahoma en clase, Macron anunció medidas contra personas y organizaciones que hubiesen justificado públicamente el ataque.

El socialdemócrata neerlandés Ahmed Marcouch, alcalde de la ciudad de Arnhem, está de acuerdo en que la ideología salafista, corriente ultraconservadora del islam, es "una trampa y un peligro para los jóvenes en Europa".

"Les llena la mente de fantasías y basura ideológica, aprovechando que aún están tratando de saber más sobre la religión", lo que desemboca en "asesinatos horribles" como la decapitación de Paty, explica Marcouch a Efe.

Años antes de que lo propusiera Macron, Marcouch ya abrió como diputado en el Parlamento neerlandés el melón de la ilegalización de organizaciones salafistas que promueven el fanatismo en escuelas coránicas y mezquitas financiadas por terceros países.

Cree que países como Turquía están "lejos de la libertad de expresión y la democracia, tienen las cárceles llenas de activistas y son los primeros que humillan la dignidad del profeta, no a través de caricaturas, sino financiando organizaciones islamistas y políticas contrarias al respeto" a los demás.

"Wilders y Erdogan practican una política populista a costa de la sociedad, incluida la musulmana, que tiene un miedo justificado a que el radicalismo aparezca en sus barrios. Ambos encienden la mecha de la polarización, y ninguno ayuda a abrir un debate constructivo", lamenta Marcouch.

TODOS GANAN ALGO

Joost Lagendijk, experto holandés en política turca, cree que todos "están jugando al mismo juego": Erdogan envía un mensaje a los europeos musulmanes de que es el líder de los suníes"; Wilders se presenta como "un defensor de la libertad de expresión atacado por todos" y Macron le hace ver a sus votantes que él "es el protector del laicismo y los verdaderos valores republicanos, un impopular entre los enemigos" de Francia.

"Todos esperan ganar algo. Por supuesto que hay racismo contra los musulmanes en Europa, como dicen los turcos. Ahí están Wilders y Marine Le Pen. Y Macron tiene razón en combatir la financiación extranjera y educar a los imanes dentro de Francia. Pero esa no es la razón de ser de esta situación. Erdogan y Macron tienen problemas internos y están contentos de tener un enemigo del que ocuparse públicamente", explica a Efe Lagendijk.

"Además de verse realmente a sí mismo como líder de los musulmanes, es también un clásico de Erdogan buscar problemas con otro país cuando las cosas van mal en casa", agrega.

Erdogan se sitúa en las encuestas por detrás de Ekrem Imamoglu, alcalde de Estambul y posible rival en las elecciones presidenciales de 2023. Y a Macron, la polémica le permite ocupar los titulares de los medios franceses con un tema alejado de la gestión de la pandemia, resume.

Pero Marcouch cree que hay que poner fin a la pelea. "A Erdogan solo le puedo decir una cosa: la primera obligación de un musulmán es respetar la vida. Es alarmante estar hablando de caricaturas, por encima de la vida de una persona que fue decapitada. Si lo que quieres es defender la dignidad del profeta, defiende sus mandamientos: el respeto a la vida y a los demás", concluye.

Imane Rachidi

(c) Agencia EFE