El público de Talleres no entendió nada

Era, lamentablemente, una oportunidad de oro para empezar a curar un fútbol -y una sociedad- enfermo. Los silbidos son un paso atrás.

Por supuesto que estúpidos hay en todas los estadios de fútbol. Esos estúpidos se pueden manifestar de diferentes formas. Puede ser pegándole a Emanuel Balbo ante la acusación de ser hincha de otro club -o arrojándolo al vacío-, puede ser dando la orden de que le vayan a pegar, puede ser también escupiendo o insultando desde la tribuna.

Hoy, en un lindo gesto y una posibilidad de oro de hacer conciencia y empezar a sanar un fútbol completamente enfermo, parte del público de Talleres arruinó todo.

El plantel de Belgrano ingresó junto con la T e Independiente. Allí, donde el pasado sábado mataron a un hincha, silbaron a los jugadores del Pirata y llovieron inslutos. El minuto de silencio se respetó a medias, pero no había ninguna necesidad de silbar a los rivales. No hoy. 

Cuando el público se masifica, cuando las miles de personas se convierten en una masa sin pensamiento individual, suceden estas cosas, fiel reflejo de una sociedad enferma que está cada vez más lejos de curarse. 

Justicia por Emanuel.