Póquer inigualable: solo Simeone amargó a Mourinho, Guardiola, Klopp y Zidane

Cristian Grosso
lanacion.com

Enmudeció Anfield. Entonces surge la pregunta y parece un arrebato, o una provocación. ¿Diego Simeone es el mejor entrenador argentino de la historia? No se trata de coincidir en un veredicto, sino de estimular el debate. Tal vez convenga reconfigurar el disparador: ¿hubo algún director técnico más trascendente que Simeone en Europa? Acaba de firmar un póquer único, envidiable para cualquiera. Si los entrenadores más prestigiosos y respetados de los últimos años en el Viejo Continente son José Mourinho, Pep Guardiola, Zinedine Zidane y Jürgen Klopp... los ha frustrado a todos. Se las ingenió para, alguna vez, amargar a los Cuatro Fantásticos.

Klopp es la última víctima del insobornablemente optimista Simeone. Acaba de eliminar en su mítico estadio al Liverpool, al campeón de Europa, al mejor equipo del planeta. Al Real Madrid de Mourinho le había arrebatado la Copa del Rey 2013, y en el mismísimo Santiago Bernabéu. Al Bayern Munich de Guardiola lo despidió de la Champions League 2015/16 en las semifinales, para ahogar las ilusiones del catalán en la 'Orejona'. Y también en terreno enemigo, en el Allianz Arena. A Zidane lo atormentó cuando el francés retomó el control de Real Madrid y le ganó la Supercopa europea 2018, en Tallin, Estonia. Nunca contó con el cobijo de la localía para dar el golpe. Y hubo un futbolista fetiche que estuvo en los cuatro impactos: Koke, Koke Resurrección. Casi una alegoría: a Simeone jamás conviene darlo por muerto.

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¿Qué sabemos de Simeone? El futbolista exuberante y prepotente que parecía tallado para las peores batallas. El entrenador exigente que demanda esfuerzo hasta la inmolación. El gerente de recursos que es la envidia de los empresarios y el líder motivacional que imitan los políticos. El fútbol cruza su vida. Por eso no sufrió perderse el viaje de fin de curso con 7° grado porque primero estaban los partidos con las divisiones inferiores de Vélez. Simeone es creyente, tiene un diálogo poco ortodoxo pero muy intenso con Dios. Si lo presionan se endurece. También se enfurece, a veces. Y eso lo vuelve algo caprichoso.

Las situaciones de confrontación le agradan porque si lo critican exige argumentos. Y es capaz de crearle a ese interlocutor una atmósfera aún más incómoda. En definitiva, es vengativo. Le duele mucho la mentira porque sabe que tiene un efecto más profundo que la desmentida. Siente que en las dificultades resuelve mejor. Piensa mejor y es más justo. En las victorias ya sabe que se equivoca porque se precipita y se pone nervioso. Las debilidades lo mantienen alerta. Nació para estos desafíos. Liverpool le proponía un escenario magnífico, con el sufrimiento añadido de ser vapuleado durante muchos, muchos minutos del juego. Intuía que el infierno de Anfield podía parecerse al paraíso.

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