Oscar de la Hoya regresa al boxeo a los 48 años y se enfrenta al riesgo de empeñar su máximo tesoro

Osvaldo Principi
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LAS VEGAS, NEVADA - 26 DE MARZO: Oscar De La Hoya y el rapero Snoop Dogg hablan en el escenario durante una conferencia de prensa para el evento de boxeo inaugural de Triller Fight Club en 2021 en The Venetian Las Vegas en marzo 26, 2021 en Las Vegas, Nevada. El evento tendrá lugar el 17 de abril de 2021 en el Mercedes-Benz Stadium de Atlanta. De La Hoya anunció que regresará al boxeo el 3 de julio de 2021. Ethan Miller / Getty Images / AFP
Ethan Miller

A los 48 años y ante el paulatino declive de su organización: “Golden Boy Promotions”, el estadounidense Oscar de la Hoya afirmó que volverá a subirse al ring con los guantes puestos para boxear el 3 de julio próximo. La noticia tuvo una permanencia breve en los primeros planos pero el personaje en cuestión (De la Hoya), amerita su análisis y desarrollo. Ni él mismo sabe qué podría ocurrir en este tipo de montajes y en un deporte que ya no tiene reglas válidas, donde además la chatura dirigencial se hinca en modo servil ante el negocio y el dinero.

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¿Realizaría una exhibición o pretenderá que algún estado americano le renueve la licencia de púgil profesional?, ¿Dirimirá contra un boxeador o un luchador de UFC?, ¿Se enfrentaría a un atleta profesional o amateur? ¿Lo hará o desistirá? Todo este tipo de acertijos tiene un cupo, casi creíble, en la actualidad. Y toma vuelo, después de la pobre demostración académica que realizaron Mike Tyson (con 54 años) y Roy Jones (de 51), el 28 de noviembre último, en una circunstancia semejante a esta.

Oscar De La Hoya con Manny Pacquiao; fue en 2008, el último combate del mexicano-estadounidense
STEVE MARCUS


Oscar De La Hoya con Manny Pacquiao; fue en 2008, el último combate del mexicano-estadounidense (STEVE MARCUS/)

Triller, una plataforma digital encargada de organizar y difundir grandes espectáculos populares y culturales por redes sociales, asegura haber contratado a De la Hoya. Maneja un dinero incomprensible en el pago de bolas de boxeo. Extremadamente llamativo por lo opulento y excesivo. Transmitió la exhibición: “Tyson vs. Jones” y coordinará este tipo de veladas. Se habla del estadio abierto de Dallas, de público en las tribunas y hasta el irlandés Conor McGregor, el luchador de MMA que hizo sombra con Floyd Mayweather en 2017, como uno de los tantos oponentes. Ante todo esto entra en escena una observación clave y fundamental: la salud y el deterioro físico de Oscar de la Hoya.

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Desde 2012 en adelante, Oscar sufrió varias internaciones. Algunas transitorias y otras extensas y difíciles. Donde su dependencia al alcohol –principalmente- y algunas drogas duras fueron minando su cuerpo. Luchó mucho pero pocas veces pudo salir airoso de los períodos de abstinencia. Sus ausencias preocuparon en el ámbito pugilístico que idolatra su trayectoria. ¿En qué condición física está para sostener cierta coordinación de reflejos y resistencia en este oficio? ¿Alguien se lo replanteó?

Todo este proceso comenzó hace tiempo y fue determinante en la decisión del abogado suizo Richard Schaefer, organizador y cerebro de Golden Boy Promotions, de abandonar la empresa en 2014 interrumpiendo los contratos de campeones muy importantes con dicha promotora. La mayoría fue “reclutada” por Al Haymon, principal accionista del pugilismo de estos días. Se habló por entonces de traiciones y distracciones extrañas entre todos. Y culminó en lo peor. Hasta el mexicano Saúl “Canelo” Alvarez se alejó de su dirección en modo conflictivo el año último.

Canelo Álvarez y Daniel Jacobs durante el pesaje del viernes. En el medio, Oscar de la Hoya, el promotor.
Canelo Álvarez y Daniel Jacobs durante el pesaje del viernes. En el medio, Oscar de la Hoya, el promotor.


Canelo Álvarez y Daniel Jacobs durante el pesaje. En el medio, Oscar de la Hoya, el promotor de la pelea en mayo de 2019

Ahora Oscar, ganador de seis títulos mundiales en pesos diferentes entre los 58.900 y 72.500 kg., intentará seducir a las masas con aquella estampa veloz sobre el cuadrilátero, creativa, capaz de lanzar una decena de golpes como un rayo en sólo un instante para ser vivado por toda California. Aquel muchachito que quiso ser junto a Jennifer López y Ricky Martin, la gran “propaganda latina” ante el mundo se esfumó en el planeta de los famosos.

Su carisma y su figura siguen siendo impecables. Trató de sostenerlos sin dar lástima hasta en su última pelea, pese a ser vapuleado por Manny Pacquiao y quedarse sentado en su banquito ante el campanazo del noveno round en 2008. Sin embargo, esa imagen limpia y angelada no cotiza en la bolsa de valores materiales. Y, a esta altura del Siglo XXI, parece tener un precio de venta atractivo para un mercado chatarrero que ofrece cualquier cosa.