¿Y ahora? Los objetivos de Sampaoli tras la clasificación a Rusia

El DT pretendió hacer su revolución con la soga al cuello. Ahora, con el pasaje en la mano, tendrá el tiempo que necesita para renovar.

Jorge Sampaoli desembarcó en la Selección argentina en junio, hace tan solo cuatro meses, aunque comenzó a trabajar un poco antes. La AFA decidió desistir de los servicios de Edgardo Bauza, un hombre más vinculado a métodos arcaicos, para darle la bienvenida a la "revolución" de los sistemas, de la tecnología y hasta de los discursos. Un hombre joven, con ideas frescas, experiencia en conjuntos nacionales y con un reciente paso por Europa. Hubo un detalle, eso sí, que no tuvieron en cuenta ni el técnico cuando aceptó, ni los dirigentes cuando ofrecieron: el tiempo.

Ninguna rebelión se consigue de un día para el otro y Sampa quiso correr más rápido de lo que realmente las posibilidades se lo permitían. En los 131 días desde que asumió hasta que definió la clasificación a la Copa del Mundo dirigió seis partidos, es decir, uno cada casi 22 días. Hasta para un técnico de cualquier club sería difícil lograr asentarse en su cargo con tan pocos encuentros, y eso que correría con la ventaja de tener a los jugadores todos los días. Pero él no solo quiso asentarse, sino que además pretendió realizar modificaciones que llevan trabajo en el campo de juego y en la cabeza de un grupo acostumbrado a otras maneras.

La llegada de Sampaoli significó la aparición de nombres nuevos o novedosos para que sean titulares en dos choques decisivos (en total convocó a 43 futbolistas), la línea de tres en el fondo, la presencia de Mauro Icardi y Darío Benedetto en lugar de Gonzalo Higuaín en la delantera, la creación de la sociedad Dybala-Messi, la necesidad de que algunos -por caso, Ángel Di María, Marcos Acuña y Lautaro Acosta- cumplan funciones a las que no están acostumbrados... En todas, el seleccionador fracasó, pero no porque necesariamente hayan sido errores, sino porque la coyuntura de una situación límite no pedía innovaciones, sino certezas. La única que encontró fue la genialidad del mejor del mundo.

Ahora tendrá nueve meses, más del doble de lo que lleva en el banco de suplentes de la Albiceleste, para preparar el equipo para el Mundial. "Seguramente muchas cosas vayan a cambiar en la selección después de esto. Tenemos que pensar en las generaciones que vienen", dijo Javier Mascherano y, así, le abrió la puerta desde adentro a algo que se viene discutiendo desde afuera desde hace rato: la renovación. Una que está en las manos del casildense.