Los nuevos permisos de paternidad vienen con ‘trampa’

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El pasado uno de enero entró en vigor la ley que equipara los permisos de padres y madres por nacimiento y cuidado del menor. A partir de ahora, el permiso de paternidad pasará a durar de 12 a 16 semanas. La cuestión es: ¿se utilizará esta nueva regulación de manera igualitaria?

España se ha convertido en el primer país del mundo en el que hombres y mujeres tienen el mismo permiso por nacimiento de hijo: un permiso igual, intransferible y totalmente pagado. Sin duda, un logro histórico. Otros Estados ya tienen permisos que contemplan más tiempo de cuidado, pero no están equiparados entre progenitores o son completamente remunerados. La Seguridad Social espera que cerca de 236.000 progenitores se beneficien en 2021 de estos permisos, para los que se destinarán casi 3.000 millones de euros, una partida un 11,4% superior a la de 2020.

Con la nueva regulación, tanto padres como madres deberán disfrutar las primeras seis semanas de ese permiso juntos, coincidiendo con el primer mes y medio de la vida del bebé (o del inicio de la adopción). Las restantes diez semanas son voluntarias y de debe acordar con la empresa si se usan a tiempo completo o de forma ininterrumpida. Esto supone un gran avance en materia de igualdad y que permite que no se discrimine laboralmente a mujer al ser madre. Hay que tener en cuenta que hasta 2017, hace apenas años, el permiso de paternidad era de tan solo dos semanas.

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La Seguridad Social espera que más de 236.000 progenitores se beneficien de este permiso igual, intransferible y totalmente pagado. Getty Creative.
La Seguridad Social espera que más de 236.000 progenitores se beneficien de este permiso igual, intransferible y totalmente pagado. Getty Creative.

Las ‘pegas’ de la nueva ampliación

Aunque esta nueva regulación favorece la igualdad, obliga a hacer un uso simultáneo las primeras seis semanas justo después del nacimiento o adopción. Este aspecto está en el punto de mira de muchas personas y colectivos, que opinan que no se debe obligar a los dos progenitores a coger ese permiso al mismo tiempo. Lo más lógico sería que este permiso se disfrutase de forma sucesiva, lo que permitiría que el niño estuviera cuidado en casa hasta 30 semanas, sin tener que ir a la guardería tan pronto.

Si los dos progenitores se turnasen, sería una forma de que ambos se implicasen completamente en el cuidado del bebé. Esas seis semanas no deben convertirse en unas vacaciones en las que uno de ellos cuida de su hijo o hija y el otro mira, sino que ambos deben dar el 100%.

La Plataforma por Permisos Iguales e Intransferibles de Nacimiento y Adopción (PPiiNA), que agrupa a más de 150 organizaciones y personas a título individual, sostiene que los permisos deben diseñarse para que padres y madres se queden al cargo de sus bebés en solitario durante el mismo periodo de tiempo. Su propuesta pasa por obligar a la pareja a simultanear solo las dos primeras semanas; después, los dos progenitores deberán turnarse en el cuidado del menor.

Un curioso impacto en la natalidad

Por otra parte, la equiparación de ambos permisos podría tener también efectos inesperados en la economía y la demografía. Las economistas Libertad González y Lídia Farré realizaron en 2018 un estudio que reflejaba que las parejas que sí habían tenido acceso al permiso ampliado tardaron más en tener el segundo hijo o bien no lo tuvieron, en comparación con las parejas que no habían podido cogerlo.

¿A qué se debe esto? Las dos economistas concluyeron que esto podría deberse a dos factores: por una parte, que las primeras semanas con el bebé hubiesen actuado como un “shock” de información, les llevase a percibir el esfuerzo y los costes de un recién nacido y decidir no tener más hijos en el futuro. Por otra, que al pasar más tiempo con su hijo, podría ocurrir que los padres decidieran invertir más recursos en el recién nacido, en lugar de plantearse concebir o adoptar de nuevo.

Sea como sea, está claro que la ampliación del permiso de paternidad supone un gran avance en cuanto a igualdad de género y podría posicionar a España como un referente en Europa. Aun así, no podemos olvidar que todavía quedan algunos aspectos por mejorar en los próximos años para asegurar que ambos progenitores cumplen con su deber. No se trata solo de igualdad, sino también de equidad.

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