En el nombre del padre, del hijo, del nieto y del abuelo: se fue Maradona, el más grande de todos los tiempos

Franco Formoso
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Es difícil decir qué significó Diego Maradona para el fútbol mundial. Sin embargo, es fácil darse cuenta, y no con palabras, cuán importante ha sido para las vidas de los argentinos y amantes de este deporte a nivel mundial. En las caras, los gestos, los llantos y las sonrisas se puede dilucidar lo que fue el Diez en nuestras vidas.

Eran las 13:15 de la tarde, aproximadamente. La vida quiso que el panel eléctrico de mi edificio se incendie y salga evacuado con Jessi (mi novia) y mi perrita Patita. Despavoridos, traumados por esa experiencia. El destino quiso que regrese de Ramos Mejía a Merlo, donde viven mi vieja y mi abuelo, ahí donde nací y donde siempre voy a tener donde refugiarme. El caso es que nadie esperaba, ni ellos ni yo, que todos nos refugiaríamos entre nosotros ante semejante noticia.

Llegué pasado el mediodía, después de una madrugada y mañana caótica. Se alegraron, me alegré de verlos. Pese a que el contexto no era el ideal, nos volvíamos a juntar. Me había salvado, mi familia se había salvado. Estábamos todos bien. Y de golpe llegó esto. Un mazazo. Murio Diego. No lo podíamos creer. Ni ellos, ni yo, ni mi prima Claudia (sí, Claudia) que también forma parte de nuestro día a día.

El llanto colapsó esa cocina-comedor. El plato de fideos con pollo del abuelo se enfrió. El mío también. No lo podíamos creer. Él lloraba, mi vieja desconsolada. Una tía la llamó para contarle de la muerte de Diego. ¿Por qué cuento todo esto? Para explicar de la mejor manera posible, o al menos de la forma que más correcta encuentro, qué significó Diego Maradona en la vida de todos nosotros.

En el nombre del padre, del hijo, del nieto y del abuelo. Todos, absolutamente todos lloramos a ese jugador que supo llevarnos a la gloria eterna con la camiseta argentina y que hemos transformado (incorrectamente) en una divinidad. Él fue más humano que muchos, se equivocó quizá más que nadie. Pero era nuestro, lo queríamos como a un familiar. Y esa cocina fue desazón pura, fue nostalgia, tristeza e irrumpió un dolor que no se pudo explicar con palabras.

Diego Maradona ha sido lo más grande que dio este suelo para el fútbol argentino, para el deporte mundial y para la clase más humilde. Por eso mi abuelo lo lloró, por eso mi vieja también lo lamentó. Mi prima obviamente se consternó. Diego nos llegó a todos. Como jugador, como DT, como líder, como una persona humilde que nunca se olvidó de sus raíces. Y nosotros no nos olvidamos de él.

Fue un día realmente difícil, nadie esperaba esto. Ni el más pesimista. Diego se fue en silencio, después de ganar otra dura batalla. Lo operaron de la cabeza y resistió. El corazón no dio para más. El nuestro se llenó de lágrimas. Quedará por siempre su legado y la tristeza de saber que nunca lo volveremos a escuchar. Nunca lo volveremos a ver. Al menos, en vida. Su recuerdo es imborrable. Su historia está tatuada en nosotros. Y nosotros lo mantendremos vivo durante toda la eternidad.