Los "Nomadland" del deporte rescatados por las becas universitarias

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Madrid, 21 may (EFE).- El nomadismo contemporáneo que retrata la oscarizada 'Nomadland" marcado por la soledad, el duelo, el desamparo y la búsqueda de propósitos cuando tu mundo se ha hecho añicos por culpa de la crisis económica, también afectó un día a deportistas que son un espejo de la figura de la actriz Frances McDormand.

No son pocas las figuras del deporte que en algún momento tuvieron que malvivir antes de ser conocidas en sus respectivas especialidades. Todas pelearon en otra vida ajena a los focos mediáticos del "circo" que rodea a la NFL, la NBA o los Juegos Olímpicos para, con la ayuda desinteresada de familias, y, en ocasiones, becas universitarias destinadas a deportistas de elite, triunfar y dejar atrás un pasado similar al de algunos de los personajes que aparecen en 'Nomadland'.

Nombres como los gemelos Calvin y Alvin Harrison, Michael Oher, Carmelo Anthony, Jimmy Butler o Kevin Durant son los "Fern" de la elite del deporte. Son los desamparados que un día estaban fuera del circuito habitual que marca la sociedad y que otro entraron en él por la puerta grande. Ellos forman una pequeña parte del sistema estadounidense, capaz de lo mejor y de lo peor, de cerrar puertas y de abrirlas de par en par, porque hasta un millón de niños estadounidense no tienen donde volver a una casa después de la escuela. Las becas deportivas, para muchos, son un flotador.

LOS GEMELOS HARRISON, DE VIVIR EN UN COCHE A GANAR OROS OLÍMPICOS

Los gemelos Calvin y Alvin Harrison son dos claros ejemplos de superación. El primero en pegar un puñetazo encima de la mesa fue Alvin, cuando en 1996 ganó el oro olímpico en Atlanta en el 4x400 metros. Después, en Sydney 2000, repitió medalla junto a su hermano en la misma especialidad de nuevo con el equipo de Estados Unidos. En total, los hermanos Harrison ganaron tres oros olímpicos y una plata. Seguramente nunca imaginaron esas victorias cuando en 1995 vivían en un coche.

Antes de sus éxitos, la historia de ambos estuvo marcada por la tragedia. En su biografía "Go to Your Destiny" ambos narran varias partes de su azarosa vida y, desde su nacimiento, todo comenzó torcido. Fueron prematuros de una madre adolescente. Alvin llegó primero, Calvin dos minutos después. Cuando Calvin llegó al mundo, los médicos habían declarado muerto a su hermano mayor.

Sin embargo, en ese instante, Alvin volvió a respirar de nuevo con un grito que su hermano describió más tarde como "una llamada de Dios". Desde el principio, ambos fueron un ejemplo de tenacidad.

Su abuela fue su mayor soporte en una casa llena de tíos, tías y hermanas con algún padre ocasional. Desde los 12 años, durante una década, vivieron entre Florida y un gueto de Orlando asolado por la delincuencia hasta que consiguieron vivir con su padre en Salinas (California).

Su padre, Albert, un día hizo las maletas y se fue a Florida. Entonces, ya eran unos fenómenos del atletismo en la escuela secundaria a pesar de vivir solos y de buscar un lugar donde dormir la mayor parte de los días. En 1995, mientras vivían en un coche, se presentaron al equipo olímpico de Estados Unidos. Increíblemente, Alvin se clasificó. Calvin no lo haría por poco, pero sí conseguiría participar en los siguientes.

Sus medallas posteriores certificaron el éxito de la tenacidad de ambos por vencer a un sistema que no tuvo piedad con ellos antes de sus triunfos deportivos. Después, volverían a caer en desgracia. Alvin dio positivo en 2004 y no compitió en Atenas. Fue suspendido cuatro años y acabó compitiendo por la República Dominicana.

Su hermano también fue excluido del equipo olímpico de Atenas tras dar otro positivo. Sus carreras no terminaron bien. Pero, por lo menos, durante unos años, consiguieron escapar del olvido y la pobreza del sistema.

MICHAEL OHER, TUMBOS SIN HOGAR HASTA LA NFL

Otro ejemplo de superación es el de Michael Oher, cuya vida inspiró la película "Un sueño posible" con la que Sandra Bullock ganó un Óscar en la categoría de mejor actriz. Poco se sabía de Oher en 2002, cuando tenía 16 años y dormía en las casas de aquellos que le dieran alojamiento por unos días.

En uno de esos domicilios se encontró con Tony Henderson, que pidió insistentemente que fuera aceptado en la Escuela Cristiana Biarcrest. Pensó que "Big Mike", como era apodado, podría ser una buena pieza para el equipo de baloncesto. Alto, grandullón y fuerte, tenía condiciones, pero su cociente intelectual de ochenta y su periplo por hasta once escuelas públicas no predecían un buen futuro académico.

Tampoco ayudó su infancia, marcada por el alcoholismo y la adicción al crack de su madre y por el fallecimiento de su padre biológico en una cárcel. Sin embargo, cuando sus profesores buscaban deshacerse de él para mandarlo a cualquier otra institución, apareció en forma de ángel de la guarda Leigh Anne Tuohy y su marido Sean Tuohy, que acogieron a Oher en su familia.

Poco a poco, el muchacho de 156 kilos y 1,93 metros se fue adaptando a la escuela ayudado por una estabilidad vital que nunca conoció. Del baloncesto pasó al césped del fútbol americano y comenzó a despuntar. Sus bárbaras aptitudes, no pasaron desapercibidas para las grandes universidades, que se pelearon para contar con Oher en sus equipos.

Al final, tras pelear por conseguir el promedio mínimo con el que acceder al universidad, se decidió por Ole Miss para después jugar en los Cuervos de Baltimore de la NFL con un contrato de cinco años y 13'8 millones de dólares. Así le dio la vuelta a su vida Oher. Pasó de no tener un lugar donde dormir a ser una estrella de la NFL. Y una beca universitaria tuvo mucho que ver.

CARMELO ANTHONY O CÓMO SALIR DE LOS BARRIOS DUROS DE BALTIMORE

Con la temprana muerte de su padre por una insuficiencia renal, quedó a cargo de su madre, una aguerrida ama de casa que sacó adelante en Brooklyn a ocho personas que vivían en un apartamento de dos habitaciones. La mudanza de la familia a Baltimore para vivir en un barrio llamado "La Farmacia" por los trapicheos que había en sus calles, dejó tocado a Anthony, que en el documental sobre su vida "Carmelo's Way" llegó a decir que no podría sobrevivir a aquello.

Sin embargo, el bueno de Carmelo lo hizo. En parte, gracias a su madre, que consiguió aislar a sus hijos de un mundo marcado por la presencia de la droga. Pero también gracias a su afición por el baloncesto.

Pulió sus habilidades en la Towson Catholic High School, pero realmente dio el salto de calidad en el verano de 1999, cuando creció hasta sus actuales 2'01 metros y se convirtió en uno de los mejores jugadores de la zona. En la escuela secundaria disfrutó de una exitosa carrera júnior y, como Oher, su desempeño académico no estaba a la altura del deportivo. Anthony, llegó a perder la cabeza y descuidó sus estudios.

De nuevo, su madre, recondujo la carrera de su hijo, que finalmente consiguió entrar en la Universidad de Sicarusa (Nueva York). Otra vez una universidad aparecía para rescatar a una futura estrella. Sin el deporte, la beca habría sido prácticamente imposible. Y, Anthony, no desaprovechó su oportunidad para finalmente alcanzar la NBA en la temporada 2003/04 para jugar en los Denver Nuggets.

Su carrera posterior ya es de sobra conocida. Siete cursos en Denver, tres en los New York Knicks y dos en Oklahoma City y Portland Trail Blazers, donde juega en la actualidad. Cuatro oros olímpicos, diez veces en el All Star y máximo anotador de la NBA en 2013, son sólo algunos de los logros de un chaval que pasó de vivir rodeado de la droga a convertirse en uno de los mejores jugadores del mundo.

JIMMY BUTLER, DE LA CALLE A LA ELITE

La historia de Jimmy Butler, jugador de Miami Heat de la NBA, guarda bastantes similitudes con las anteriores con una dura infancia, en Houston, marcada por el abandono de su padre, que dejó tirada a toda su familia. Después, con 13 años, su madre le echó de casa y durante unas semanas vivió en los domicilios de varios amigos. Su salvación llegó cuando conoció a Jordan Leslie durante un concurso de triples. Su madre, acogió a Butler pese a tener otros seis hijos y con algo más de estabilidad consiguió centrarse en el baloncesto.

Como le ocurrió a Oher, de nuevo, la solidaridad de una familia fue fundamental para el desarrollo deportivo de un chaval que destacó sobre la cancha en la Tomball High School. Firmar entre treinta y cuarenta puntos por partido era algo habitual para Butler, que finalmente aceptó una beca deportiva de Marquette, una universidad católica ubicada en Milwaukee.

Como Carmelo Anthony o Michael Oher, las becas universitarias para deportistas excepcionales rescataron a chavales que tuvieron muchos problemas en su infancia y que, ante la ausencia de la ayuda estatal, fueron varias las familias las que dieron estabilidad a todos para poder desarrollar sus capacidades en el instituto.

Luego, las universidades hicieron el resto. En el caso de Butler, jugó en Golden Eagles, dejó muy buenos resultados y fue elegido en la trigésima posición del Draft de la NBA de 2011 para jugar en Chicago Bulls.

Butler no defraudó y acumula seis temporadas en los Bulls, una y media en Minnseota Timberwolves, otra media en Philadelphia 76ers y dos en Miami Heat. Hasta en tres ocasiones alcanzó las semifinales de Conferencia, mientras que la temporada pasada peleó por el anillo y perdió en la final con Los Ángeles Lakers. Una medalla de oro en Río de Janeiro completan un currículum espectacular de un jugador que pasó de la calle a la elite.

LA DURA INFANCIA DE KEVIN DURANT Y SU RECOMPENSA

Otra estrella de la NBA, Kevin Durant, también vivió una infancia marcada por las ausencias. Se crio sin su padre, que abandonó a su familia antes de que cumpliera un año. Al abrigo de su madre y de su abuela, se abrió camino en un barrio conflictivo a las afueras de Wahington DC. En Seat Pleasant, la probabilidad de ser víctima de un delito con violencia, que incluyen asalto, violación robo o asesinato es de 1 entre 115.

Durant siempre fue el niño más alto de su clase y era objeto de burla por parte de sus compañeros. Llegó a sufrir "bullyng" y, pese a todo, peleó por convertirse en un jugador de la NBA. A partir de los once años, inició en serio su aventura, siempre ayudado por su madre, que se encargó de cumplir todos sus sueños mientras trabajaba en una oficina de correos cargando bolsas de treinta kilos en camiones.

En el instituto, jugó para el Montrose Chiristain en Rockville, Maryland y el Washington Post llegó a nombrarle mejor jugador del año de la zona. Después se fue a la fábrica de baloncesto Oak Hill Academy, luego a la Academia Nacional Montrose Christian y gracias a unos números impresionantes, llegaron las ofertas de varias universidades.

Durant se decantó por Texas. Otra beca sirvió para dar visibilidad a un futuro deportista de elite. Su promedio, 25'8 puntos y 11'1 rebotes por partido le abrieron las puertas de la NBA y entró en el segundo puesto del Draft de 2007 para firmar con los Seattle SuperSonics. Tras una temporada, pasó ocho en Oklahoma City Thunder tres en Golden State Warriors y actualmente juega para los Brooklyn Nets.

Un par de medallas de oro en los Juegos de Londres 2012 y Río 2016 y dos veces campeón de la NBA (2017 y 2018), entre otros muchos logros, adornan una carrera impresionante para un deportista que, como muchos otros, un día fue uno de esos muchos niños estadounidenses con problemas que pasaron de vivir vidas como la de los Frances McDormand en Nomadland a ser estrellas del deporte gracias a las becas universitarias de un sistema tal vez errático.

Juan José Lahuerta

(c) Agencia EFE

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