No, México no es perfecto, pero tampoco es lo peor del mundo en la pandemia (así nos ven)

Redacción Noticias
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CIUDAD DE MÉXICO, 20DICIEMBRE2020.- Cientos de capitalinos acudieron a realizar las últimas compras para las fechas decembrinas a pesar de que la capital se encuentra en Semáforo Rojo por el alto número de contagios de covid-19 y hospitalizaciones. FOTO: GRACIELA LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM
CIUDAD DE MÉXICO, 20DICIEMBRE2020.- Cientos de capitalinos acudieron a realizar las últimas compras para las fechas decembrinas a pesar de que la capital se encuentra en Semáforo Rojo por el alto número de contagios de covid-19 y hospitalizaciones. FOTO: GRACIELA LÓPEZ /CUARTOSCURO.COM

Por Yetlaneci Alcaraz

Berlín.- Justo en la víspera de la Navidad, cuando creíamos que tras un abrumador año de pandemia podríamos tener una tregua y relajarnos un poco para disfrutar las fiestas decembrinas, resulta que nos encontramos en el peor momento de la epidemia, al menos aquí en Europa.

A veces es hasta cómico cuando preocupada llamo a mi casa en México para preguntar cómo están y pedir que se cuiden porque las noticias que cada día recibo de allá son desoladoras y al mismo tiempo mi familia, igual de preocupada, me pide exactamente lo mismo pues la segunda ola de contagios en Alemania ha pegado con una fuerza que nadie esperaba y allá también reciben desde acá noticias terribles.

Y así es. Aquí, allá y en todo el mundo -ni la Antártica se salva- la situación es extremadamente delicada.

Desde hace justo una semana -el 16 de diciembre- Alemania inició un confinamiento severo: escuelas, jardines de niños, toda la gastronomía, hotelería y entidades culturales y de entretenimiento así como tiendas de productos no esenciales cerraron.

La idea era o es bajar los altísimos niveles de contagios de esta segunda ola que el confinamiento parcial de seis semanas previas (del 2 de noviembre al 15 de diciembre) no logró.

Pero los resultados, al menos hasta este momento, no son muy alentadores. Este 23 de diciembre se rompió otro récord con 962 muertes en sólo 24 horas. Además la incidencia de contagio por cada 100,000 habitantes durante siete días se mantiene por arriba de los 190; en el estado de Sajonia incluso no baja de los 400. Este nivel de incidencia es uno de los indicadores fundamentales del gobierno alemán para relajar medidas y tan sólo por lo que los números indican todo parece que pasarán varias semanas hasta que se logre alcanzar la meta de una incidencia menor a 50, que es el parámetro con el que se considera que los servicios de salud pueden atender a la población sin sobrecargarse.

Los alemanes tardaron casi dos meses en reaccionar desde el comienzo de la segunda ola, a finales de septiembre. Y lo hicieron muy tarde. Los constantes llamados de la canciller Angela Merkel a tomar medidas drásticas que frenaran el creciente contagio chocaba con la reticencia de los ministros presidentes de los estados federados que se resistían a asumir medidas poco populares entre la población. Pero no les quedó otra. Tras un confinamiento parcial de seis semanas que no fue suficiente decidieron endurecerlo y aquí estamos, en plena Navidad obligados a pasar estos días encerrados en casa como nunca nadie hubiera podido imaginarlo con picos de muerte y contagio que no ceden.

Customers enter and leave the KaDeWe department store a day before new restrictions begin in Berlin, Germany, Tuesday, Dec. 15, 2020. Chancellor Angela Merkel and the governors of Germany's 16 states agreed Sunday to step up the country's lockdown measures beginning Wednesday and running to Jan. 10 to stop the exponential rise of COVID-19 cases. (AP Photo/Markus Schreiber)
Clientes entran y salen de la tienda departamental KaDeWe un día antes de que entraran en vigor un nuevo y estricto confinamiento en Berlín, Alemania. (AP Photo/Markus Schreiber)

Quienes vivimos fuera de nuestros países de origen, padecemos un estrés doble con respecto a estos temas. Porque además de seguir día a día el curso del virus en donde residimos no podemos evitar seguir a la distancia lo que sucede allá, en nuestras casas, donde vive gran parte de nuestra familia.

En mi circulo de amistades y conocidos mexicanos acá en Alemania los temas de conversación terminan inevitablemente en México y la situación que se vive allá. Los debates acalorados reflejo de la polarización política que vive el país -y que por supuesto acá, del otro lado del mundo, también se refleja- también lo son en torno a la pandemia.

Más allá de las diferencias políticas irreconciliables entre quienes apoyan el manejo de la emergencia del gobierno de Andrés Manuel López Obrador y quienes no (que dentro de mi grupo de conocidos hay tanto de unos como de otros) a casi todos nos cuesta trabajo entender - a la distancia- a un gobierno que pese las elevadísimas cifras de infectados, muertos y de saturación hospitalaria le cuesta tanto trabajo decretar un semáforo en rojo. Y más aún, a un mandatorio que en cada acto público insiste en no usar cubrebocas. Sabemos todos que la forma es fondo y que un personaje con tanto jale como el del presidente mexicano tendría, cuando menos, que poner el ejemplo de responsabilidad cívica usando crubrebocas: me cuido y los cuido.

No menos importante es la actitud de la gente. Nunca me generó tanta impotencia el “relajamiento” por no escribirlo con otra palabrota de los ciudadanos. Y aquí tengo que aclarar que no me refiero a los mexicanos, sino al a gente en general. En México y Alemania. Porque si en mi país de acogida el confinamiento parcial no funcionó, fue en parte porque la gente no aceptó reducir sus contactos. Y las escenas de compras multitudinarias en las calles del centro histórico de la Ciudad de México se reprodujeron acá, en la misma intensidad, en los centros comerciales y calles comerciales de un sinnúmero de ciudades alemanas.

Lo que quiero decir es que la necedad, ignorancia y arrogancia del ser humano está presente en todas partes y sí, desde mi punto de vista, es lo que nos tiene en parte con el agua hasta el cuello por estos días. Más allá de las decisiones políticas que tomen los gobiernos en la lucha contra esta pandemia habría que razonar que una parte fundamental de ésta se encuentra en manos de la gente, de todos nosotros.

Ojalá estos días de encierro obligado los aprovechemos para pensar en torno a ello porque nada es más falso que creer que con el año viejo la pandemia desaparecerá. No. Seguirá aquí y, si los científicos no se equivocan, lo hará por años.

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