El niño prodigio que logró que los españoles se interesaran por el ajedrez durante los años de la dictadura franquista

Alfred López
·7  min de lectura

La emisión de la serie ‘Gambito de dama’ a través de la plataforma de streaming Netflix, ha conseguido que miles de personas se hayan interesado en los últimos meses por el ajedrez de una manera inusitada, siendo multitudinarias las búsquedas que se realizan por internet de tutoriales, libros y manuales para aprender a jugar, además de incrementar enormemente las ventas de tableros y piezas.

Arturo Pomar (llamado familiarmente 'Arturito') fue un niño prodigio que logró que los españoles se interesaran por el ajedrez durante los años de la dictadura franquista. En la foto cuando contaba con 15 años de edad (imagen vía Wikimedia commons)
Arturo Pomar (llamado familiarmente 'Arturito') fue un niño prodigio que logró que los españoles se interesaran por el ajedrez durante los años de la dictadura franquista. En la foto cuando contaba con 15 años de edad (imagen vía Wikimedia commons)

En España ocurrió un caso muy similar con un inesperado y enorme interés hacia el ajedrez a partir de mediados de 1940, cuando un niño de apenas 12 años empezó a aparecer en la primera página de los periódicos de la época y en el noticiero documental (el NO-DO) que se emitía en todos los cines del país antes de la proyección de la película.

Su nombre era Arturo Pomar (aunque durante un tiempo y debido a su edad se le estuvo llamando con el diminutivo ‘Arturito’) y se convirtió, de la noche a la mañana, en todo un prodigio del ajedrez.

En la España de la posguerra y los años más duros de la dictadura franquista, el régimen vio en el pequeño Arturito Pomar al tan ansiado héroe que todas las naciones precisan para tener a la ciudadanía entretenida con asuntos mundanos y poco trascendentales que nada tenían que ver con la política o las precarias necesidades de los españoles.

Arturo Pomar nació en Palma de Mallorca en 1931 y desde corta demostró ser un superdotado con el ajedrez. Sus progenitores lo empezaron a llevar a exhibiciones ajedrecistas, donde el pequeño jugaba partidas con el talento y precisión de un adulto.

A los 13 años de edad, se marchó a vivir junto a sus padres a Madrid, donde tendría más oportunidades de triunfar y jugar contra los más grandes. Fue por aquella época cuando conoció al Campeón del Mundo de ajedrez, el ruso Alexander Alekhine, quien desde hacía unos años había huido de la Unión Soviética hacia Francia (donde se nacionalizó) y tras la invasión nazi de este país había decidido trasladarse a vivir, en 1943, a la neutral España.

Los problemas de salud de Alexander Alekhine (debido a su alcoholismo) también le obligaban a vivir en un lugar donde pudiese tener una atención médica constante y España la tenía.

Pomar y Alekhine entablaron una estrecha amistad, a pesar de la diferencia de edad (13 y 52 años respectivamente), dándole múltiples consejos el campeón mundial al joven aspirante.

El 16 de julio de 1944, la casualidad hizo que ambos se enfrentaran en un trofeo internacional de ajedrez disputado en Gijón y cuya partida acabaría en tablas. El hecho de que un muchacho de tan solo 12 años, prácticamente desconocido para el gran público, lograra empatar una partida con el Campeón del Mundo (vigente desde hacía varios años), en un torneo en el que Alekhine acabó ganándolo y Pomar quedando en quinta posición de la clasificación general. Esto hizo que empezara a sonar su nombre en todas las emisoras de radio (todavía no existía la televisión en España), los periódicos lo sacaran en artículos destacados e incluso el NO-DO hiciera reportajes sobre él durante un largo tiempo.

Los siguientes dos años fueron esenciales en la carrera ajedrecista de Pomar. Numerosas participaciones en torneos de exhibición y la eclosión internacional llegó tras un viaje a Londres, en 1946, donde dejaría boquiabiertos a todos los presentes. Ese mismo año lograría ganar su primer título de Campeón Nacional de Ajedrez de España, de los siete que consiguió, no consecutivamente, a lo largo de las dos siguientes décadas de carrera (el séptimo lo obtuvo en 1966).

Tanto la prensa como el propio régimen convirtieron a Arturito Pomar en un nuevo ‘héroe nacional’. El ‘niño prodigio’ que todo el mundo quería conocer y al que pedían autógrafos cuando paseaba por la calle. Incluso, desde el gobierno se preparó todo para que fuese recibido por el mismísimo Jefe de Estado en una recepción en la que el dictador Franco posó orgulloso ante la prensa junto al nuevo símbolo de la nación.

Arturo Pomar siguió participando en numerosos torneos y haciéndose un nombre en el extranjero que cada vez sonaba más en todos los circuitos ajedrecistas de cualquier rincón del planeta. Pero mientras que su fama se hacía cada vez más internacional, en España empezaba a diluirse aquella estela. Iba creciendo y cumpliendo años, por lo que ya no era un niño prodigio sino un profesional, en mejor en lo suyo pero adulto, por lo que a pesar de haber seguido ganando títulos y partidas memorables, su nombre aparecía cada vez menos en la prensa.

Como otros tanto niños prodigios (de cualquier otra disciplina) Pomar acabó convirtiéndose en uno más de los llamados ‘juguetes rotos’ del régimen franquista, tan dado a engrandecer y explotar a pequeños talentosos y hacerlos desaparecer del primer plano mediático en cuanto crecían.

Por aquella época, Arturo Pomar empezó a desarrollar algunos problemas de conducta y rebeldía. Los expertos apuntan que se trataba de crisis nerviosas muy comunes en otros muchos individuos que se habían convertido en alguien importante durante la niñez y al crecer dejaban de recibir los mimos y atención, por lo cual padecían de ciertos trastornos mentales que, en algunos casos llegaron a ser hasta de locura (evidentemente, no fue lo que le sucedió a Pomar).

Al mismo tiempo que iba disputando sus torneos ajedrecistas, Arturo Pomar sacó una plaza de cartero como funcionario del Estado. Durante largo tiempo se ha sostenido la hipótesis que fue una plaza regalada por el propio régimen y no ganada por una oposición, debido a que son muchos los casos conocidos de otros personajes importantes de mediados del siglo XX a quienes se les gratificó sus servicios a la patria con una plaza de funcionario en algún ministerio (Correos fue uno de los que más recibió).

Pero uno de los mayores problemas que se encontró Arturo Pomar, al tener que compaginar la vida laboral como cartero y su dedicación al ajedrez, llegó en el momento en el que tenía que pedir días de fiesta no retribuidos para poder asistir a los torneos. Ya no era uno de los niños mimados de la dictadura franquista, teniéndose que costear de su bolsillo los pasajes y hospedaje. No podía perder el trabajo, ya que era su sustento, pero tampoco quería abandonar la práctica ajedrecista. Seguía ganando torneos y coronándose como Campeón Nacional, pero el régimen le había dado la espalda desde hacía tiempo.

Cuando, en apariencia, su carrera estaba comenzando el descenso hacia el ocaso (evidentemente en el plano mediático), en 1962 le llegó dos de los momentos cumbres como ajedrecista: obtener el título de Gran Maestro y enfrentarse al entonces campeón mundial, el estadounidense Bobby Fischer.

Fue el 10 de febrero de 1962, en el trofeo internacional de ajedrez disputado en Estocolmo. Allí, Arturo Pomar (que ya contaba con 31 años de edad) se enfrentó en una partida que pasó a la historia del ajedrez, con el campeón mundial (de 19 años) donde, tras 77 movimientos y cerca de nueve horas, acabaron en tablas.

El campeón estadounidense en aquellos momentos era considerado el ‘niño mimado’ de su país, (sobre todo por sus enfrentamientos y triunfos frente a jugadores soviéticos, en plena Guerra Fría) pero años después también sufrió el rechazo de sus propios conciudadanos, padeciendo una grave enfermedad mental que lo llevó a borde de la locura.

Según consta en las crónicas, Bobby Fischer, tras su partida con Arturo Pomar, reconoció el talento del campeón español pero se apenó por como lo estaban tratando en España, comentando: […] Pobre cartero español. Con lo bien que juegas, tendrás que volver a poner sellos cuando termine el torneo […]

Pomar siguió disputando torneos profesionalmente un par de décadas más y a partir de 1980 se dedicó a las exhibiciones, aparte de compaginarlo con su trabajo como cartero en Barcelona donde pidió el traslado. Se jubiló en la década de 1990 y falleció en 2016, tras padecer una larga enfermedad (a los 84 años de edad) prácticamente en el olvido del mundo ajedrecista.

Fuente de la imagen: Wikimedia commons

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