Una medicación mal pautada le dejó sin piel y obligó a los médicos a coserle los ojos

Un niño extremeño de 11 años se ha convertido en noticia esta semana después de que su caso y el calvario médico al que ha sido sometido saliesen a la luz. Según publica la Cadena Ser, el menor está diagnosticado como epiléptico desde los cuatro años, pero fue en 2018 cuando decidieron añadirle un nuevo medicamento a su tratamiento. Un error en la dosis desencadenó una reacción que lo llevó a un periplo por distintos hospitales y a sufrir a día de hoy secuelas irreversibles.

El niño sufrió llagas en la piel, necrosis y llegó a perder las uñas como consecuencia de un medicamento que le recetaron en una dosis cuatro veces mayor a la recomendada. (Foto: Getty Images)
El niño sufrió llagas en la piel, necrosis y llegó a perder las uñas como consecuencia de un medicamento que le recetaron en una dosis cuatro veces mayor a la recomendada. (Foto: Getty Images)

Los hechos ocurrieron el pasado año, en enero. El niño, epiléptico y con una discapacidad del 48% y déficit cognitivo severo, estaba siendo tratado en el Hospital San Pedro de Alcántara de Cáceres y acudió a una consulta en la que el médico que lo atendió incluyó en su tratamiento un medicamento llamado Lamictal, cuya dosis debía irse aumentando de manera progresiva. El problema lo generó el hecho de que el paciente ya tomaba otro medicamento, Depakine, y al combinarse ambos la dosis del nuevo debería haber sido menor. El resultado fue que se le suministro una cantidad cuatro veces mayor de la recomendada.

Solo unas semanas después de comenzar a tomarlo aparecieron unas llagas en la boca. El pediatra dictaminó que se trataba de un herpes, pero al darse un cuadro de fiebre los padres acudieron al Hospital Virgen del Puerto de Plasencia. Allí lo ingresan y su estado cada vez es más complicado. La llagas se extienden por la piel, sufrió necrosis y perdió las uñas y la piel de algunas zonas del cuerpo como la planta de los pies y la cabeza, según señala la Cadena Ser.

En el Hospital Materno Infantil de Badajoz, donde fue trasladado, le diagnosticaron Síndrome de Stevens-Johnson provocado por la dosis desproporcionada de Lamictal. Su estado crítico, que le provocó problemas más allá de la piel como en los riñones, hizo que el equipo médico que lo atendía decidiese trasladarlo de nuevo. Esta vez su destino fue el Hospital de La Paz, en Madrid.

Fue en el centro hospitalario madrileño en el que quienes le atendieron decidieron coserle los ojos para evitar que estos también se viesen afectados y quedase ciego. Además tuvo que ser sometido a quimioterapia para controlar el brote. A día de hoy, esa dosis cuatro veces mayor de la recomendada en su caso le ha dejado como secuelas manchas cutáneas y problemas de visión, además de todo el daño físico y psicológico sufrido por él y su familia durante todo el proceso.

Eso ha llevado a la familia a reclamar. Piden al Servicio Extremeños de Salud (SES) una indemnización de 300.000 euros y en estos momentos hay un proceso judicial abierto. Además, existe la sospecha de que en realidad el niño nunca ha sufrido de epilepsia y que se trata de un mal diagnóstico ya que una vez en La Paz no se pudo confirmar que la padeciese pese a las pruebas que le realizaron.

El declaraciones a El periódico de Extremadura, Cristina Paredes, la madre del pequeño que en diario local han identificado como Lucas, ha denunciado el trato que recibieron en los tres hospitales de la región en los que fueron atendidos quitándole importancia a lo que le sucedía y no curándole correctamente. “Cuando llegamos a Madrid alucinaron de cómo venía”, ha asegurado.

Más historias que te pueden interesar:



Qué leer a continuación